domingo, 30 de septiembre de 2007

On in off

Acabo de cumplir un mes en las colas del INEM (SOC en Cataluña), y todavía estoy muy lejos de sentirme un ser inútil e indeseable por no estar bajo el yugo del sistema, aunque sólo sea temporalmente. Nótese que el verbo trabajar proviene del étimo latino tripalium, artilugio que en su día era una especie de instrumento de tortura. Así pues, y desde tiempos inmemoriales, trabajar es sinónimo de tortura y todos somos víctimas de un extraño castigo al que dedicamos no pocas horas del día. No es que me haya propuesto herir la sensibilidad de todos los trabajadores activos, pero todo esto no me lo invento yo, lo dice nuestro amigo Corominas en mi Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Y digo yo que algo de razón tiene que llevar este señor, dedicado toda su vida a atesorar todas las palabras que le salían al paso. A tener en cuenta: para los que esto último les haya podido provocar aflicción, desde aquí os digo que el trabajo ennoblece y nos hace menos ociosos.
Pero, volviendo a la raíz del tema, si de algo sirve estar en paro es que puedes dedicarte al placer por el placer sin mayor remordimiento porque estás sin trabajo y, aunque a ojos de los demás sólo eres un pobre infeliz que no sabes en qué emplear tu tiempo, mi satisfacción engorda cuando me digo que sólo tengo las obligaciones que yo mismo quiera ponerme. Así que, muy liberado y sonriente, me convenzo de que cada nuevo día es un nuevo día, diferente al anterior (voz en off: claro que, bien pensado, para el resto tb es así...). Esto..., un día por el que campar sin orden ni concierto y atendiendo a las necesidades que a uno le vayan surgiendo al paso sin vacilar mientras miras el reloj y con el tiempo pegado al culo.
Así que entre tanto sacrificio (¿qué he hecho yo para merecer esto?), me pregunto cada día al despertar (no digo la hora por respeto a los que madrugan): chico, ¿qué te apetece hacer hoy? Si es que el tedio es muy jodido, te mete en cada dilema... Y yo, que soy preso de mi poca originalidad, ahí que me paso el día devorando los libros que tenía atrasados como si intuyera que una atroz catástrofe natural pudiera acabar con todos los libros del planeta.
Así que, a pasos agigantados, leo a Pombo con toda la genialidad de su prosa en Contra natura (muy recomendable) y, como que además ya me queda poco, ya estoy pensando en Chateaubriand o en en el Ulises de Joyce, que todavía no sé... Si alguien me puede aconsejar... Con Joyce lo intenté sin éxito hace un par de años. Ahora, más cultivado, a lo mejor puedo pasar de las tres páginas entendiendo el texto en un 30% . De mi lista mental que lleva por título "lecturas pendientes", me inclino por unas cuantas, aunque me gustaría que entre todos me la alteraseis para alargarla aún más y así aumentar la mala conciencia por lo poco que he leído y lo mucho que me queda por hacer.
A partir de mañana, aparte de cultivar la mente, empezaré a esculpirme seriamente el cuerpo a base de tripalium en el gimnasio por aquello de mens sana in corpore sano.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Reflexiones cinéfilas

Acabo de llegar a casa después de salir de una película de esas que no pueden no dejarte indiferente. Sí, vengo del cine, y a juzgar por mi estado de embriaguez reflexiva, el pago en taquilla de los 5 euros y pico ha resultado ser una inversión inteligente. Toda una hazaña, teniendo en cuenta la habitual cartelera de Blanes... Al salir de la sala he empezado a lidiar entre dos mundos que a menudo se superponen, el de la realidad y el de la ficción. Ya bajando las escaleras exteriores y de camino al coche, una ocurrente hiper actividad cerebral se ha empezado a apoderar de mí. Imágenes, secuencias reales y ficticias, situaciones varias aparentemente inconexas entre sí, desajustes, latigazos de memoria, reajuste de creencias y valores..., toda una conjunción de diversos elementos que no han venido a visitarme por casualidad. Y es que en algunas ocasiones, el resultado se convierte en una sacudida de conciencia grata, casi una guía rumbo al descubrimiento de cosas que te pertenecen como parte de tu identidad y como individuo dentro de una colectividad mayor (¡cómo me está cundiendo la película!). Cosas a las que habías prestado atención sin demasiada pasión, pero que, sin embargo, forman parte de nuestro día a día y nos afectan a todos (fijaos bien en lo que os digo: a todos).
La culpa de todo esto la tienen Icíar Bollaín y el largometraje en cuestión, Mataharis (por cierto, supongo que ya lo intuíais, pero por si las moscas, lo recomiendo encarecidamente).
No os voy a desvelar el argumento porque no sería ético por mi parte. Únicamente os digo que la película reflexiona entorno al abismo comunicativo que a menudo se abre entre las personas con las que en principio más nos "relacionamos", de lo poco que nos han enseñado a comunicarnos a pesar de tener todos los elementos necesarios a nuestro alcance, de lo poco que nos esforzamos en aprender a hacerlo por nuestra cuenta, de la honestidad, de lo impasibles que se tornan algunas relaciones sentimentales, de la deslealtad y de lo aislados que podemos estar en un mundo cada vez más desecho y congelado. Y todo ello con el legendario tema del amor rondando cada una de las escenas. Con sus mases y sus menoses el amor..., dueño y señor de sí mismo que consigue construir castillos que a veces son de hierro, a veces de cartón y otras muchas veces de naipes (¡qué caprichoso es!). Y yo me pregunto: ¿es que hay algo que no se mueva por amor? Seguramente más cosas de las que me imagino, aunque me cueste aceptarlo. Como la película, que me cuesta aceptarla pero que está ahí, en una ficción no tan ficticia que sirve como tarjeta de embarque hacia el dentro de nuestras conciencias. Especie de lanzadera para que le demos vueltas al coco y disfrutemos un poco de ello, aunque a veces duela.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Esta boca es mía

"Pallá que voy" con todo lo bueno y lo malo que tiene todo esto. Hoy he decidido entrar en la bloggoesfera (¿se escribe así?), con más miedo que vergüenza. Sobre todo, disculpad la sobriedad del espacio y, por favor, no tenedmelo en cuenta... A saber: esto es un inicio que, como todo buen inicio, requiere su tempo, su aprendizaje y elaboración y no tengo ni idea de cómo se maneja todo esto, así que tened paciencia que, como dice una buena amiga mía (desde aquí un besazo enorme), todo se andará :P. Pues eso...
"Todo al borde de la nada" nace como un pretexto o una necesidad (que no sé), de volcar aquí cosas varias (véase presentación). Una ventana abierta a un millón de posibilidades que nos ofrece este segundo Nuevo Mundo colonizado por la raza humana, caracterizada por su obstinación en querer gobernarlo todo y construir de la nada un imperio. Pues ahí va el mío y no precisamente con menos gracia que cualquiera. Así que permaneced atentos a todo este tinglado que nace y empieza su andadura desde este instante.
De instantes precisamente va a ir la cosa, de los instantes que se tejen en los pequeños universos de cada uno mientras pasa eso a lo que llamamos vivir y que, por las razones que sean, a veces nos olvidamos de llevar a la práctica. No avanzo ni prometo nada porque ni yo sé hacia qué oscuro lugar puede conducir todo esto. Lo iremos viendo en las próximas semanas. De momento, hagan apuestas que, ¿quién sabe?, si acertáis, a lo mejor toca premio y todo...
He titulado este primer post con un epígrafe no muy original, porque se trata del título de una canción del maestro Joaquín Sabina que tanto nos deleita con sus letras (¡gracias por darles vida!). "Esta boca es mía", así que por ésta (mi boca) y, a través de mi puño y letra, voy a decir lo que me venga en gana. Y es que tengo una extraña necesidad de descongelarme y no tanto de aburriros, aunque, por supuesto, si os aburre, vosotros me lo hacéis saber directa o indirectamente (dependiendo del grado de descaro que gastéis) y yo, sin llenarme de ira, me esforzaré en remendarme.
Con esto me despido fino un altra volta.