Esta tarde Pepe Corredor-Matheos nos ha abierto a Ball de Lletres más que su casa. Nos ha llevado hasta su apacible y tranquilo estudio para compartir buenos momentos con nosotros, y ese guiño ha resultado ser un gesto de emocionante generosidad.
Pasada la vida y sin conocerle, presientes que se remueve como un niño nuevo escalando en lo que nace en su interior. Se nota en su palabra y su espíritu que tiene todavía mucho que decir (al) (con) el mundo y el saber que abre caminos que antes no existían hace que le tenga un enormísimo respeto.
Me hubiera pasado horas escuchándole con el cuerpo entero porque es un gran ejemplo del que ha residido largo tiempo en el terreno de lo humano para trasladar todo eso a este otro plano en el que nadie sabe muy bien hacia qué moverse.
La prueba de ello es que se ha sentado en muchas ocasiones a escribirlo y gracias a ello muchos somos los que podemos disfrutar de esa lucha exquisita con la que apresa el todo y la nada al mismo tiempo en sus palabras.
Cuando uno se acerca a su universo, de repente se da cuenta de lo mucho que en él se crece y se es sencillamente feliz.
En un momento de la conversación en el que un reclamo telefónico le ha hecho suspender nuestro coloquio y abrir una conversación paralela, me he deslizado con la mirada por su biblioteca. Mientras leía algunos títulos, pensaba en su palabra poética, en lo que tiene de revelación, de misticismo, de absoluta. Dos palabras se me han cruzado en la mente: la cábala. Segundos más tarde me he topado con dos lomos de Juan Eduardo Cirlot y casi me asusto. Demasiada coincidencia...
De vuelta a nuestra conversación me he repuesto del vértigo y hemos continuado paseando por temas y anécdotas de todo tipo. Hacia el final nos ha regalado un pequeño cuaderno, una breve antología de poemas. No me he podido resistir y la he leído de un golpe nada más llegar a casa. Suspendido en el aire de mi habitación he hecho un balance, un repaso del tiempo que hemos vivido en su estudio.
Ahora siento que me encantaría robarles a esas paredes todo lo que saben de los estados poéticos de Pepe (cómo él los llama), de sus momentos de creación, y me encantaría saber qué ocurre y cómo llegan hasta la memoria de sus manos, qué acontece en ese tránsito que precede a la transformación de la experiencia en la materia poética.
Sigo ensimismado en este reciente recuerdo pero antes de cerrar el post traigo hasta aquí una de sus piezas que pueden hacernos vivir muy adentro. Resume muy bien la esencia de su poesía.
Un delirio...
NADA DE LO QUE HAS SIDO...
...estando ya mi casa sosegada.
San Juan de la Cruz
NADA de lo que has sido
permanece.
No tienes ni pasado
ni futuro,
y hasta el mismo morir
no es muy seguro.
Nada ni nadie a ti
te pertenece.
Pero respira el campo
si anochece.
Vuelve a ser todo transparente
y puro.
Avanzas confiado
hacia lo oscuro.
El mundo nace en tu interior
y crece.
Qué sencillo morir.
Y qué sencillo
poder vivir al fin
como si todo
fuera un ir devanándose
el ovillo,
y nunca hubiera sido
de otro modo.
Todo vuelve a ser tuyo,
siendo nada,
estando ya la noche
iluminada.

