No he de preguntarme
nada más,
sino unirme ya al viento
y a la paloma,
al aire de su vuelo
Corredor Matheos
Transformarnos en flujo de la espiral de la vida; ensalzarnos e instalarnos en nuestra propia fuerza de gravedad son hitos harto difícles de conseguir, pero uno, que lo tiene presente segundo a segundo, lo lleva a la práctica siempre que puede. Cuando nos encontramos en apuros, se trata casi como de un reflejo emocional, un automatismo de receta con éxito seguro al que te agarras como a un clavo ardiendo, pero llevado a la práctica, no es fácil.
Ayer mi amiga Carmen me hablaba de la felicidad, sentimiento y concepto escurridizo donde los haya. Estuvimos hablando de ello como con paso inseguro, como quien pisa a ciegas un suelo desconocido, pero que en su avanzar, puede comprenderse en todo su pálpito a la que le prestas un mínimo de atención, no sólo inteligente, sino humana.
Rápidamente me di cuenta de que podemos intuir cosas de ella (la felicidad) y como que su morada no se encuentra en los espacios físicos que ocupan las cosas, sino en el alma que en ellas reside, llegué a la conclusión de que la felicidad como sentimiento o estado no es apartadiza, sino que los que nos apartamos de ella somos nosotros mismos, que fijamos la atención en los aspectos más accesorios de la existencia. Ella sigue estando ahí (en todo), desde los tiempos inmemoriales en que todo estaba por hacerse aún (mundo y hombre).
Todo epacio, todo símbolo, todo ser o todo encuentro cuenta con su alma si ecuchamos su risueña vibración desde el corazón. Puede parecer una tontería, pero el concepto romántico de entrar en comunión con el ANIMA MUNDI, que algunos creeréis superadísimo ya, y en el que el alma de todas las cosas se confude en un sólo pálpito, tiene su razón de ser: quizás sea verdad que un corazón es lo que mueve el mundo...
La experiencia de lectura Un pez que va por el jardín, de José Corredor Matheos y que mi profesora de literatura, Lola Josa, a la que le profeso un profundo respeto y admiración, me ha llevado a sacarle el polvo a estas ideas y alimentarlas con cosas nuevas. En apenas unos cuantos renglones versificados la propia letra me embarca y transporta a todos estos aspectos vívidos de la existencia en los que tanto nos perdemos cuando queremos ponerle el verbo.
Corredor Matheos recoge, sin pretenderlo, la fuerza del universo con todo el tino que le da la perspectiva de tener a sus espaldas una carrera de poeta en las letras y en la vida.
La palabra nos trae una vivencia metafísica de la mano de una voz tan clarividente como arrolladora en su vuelo. Otra absurda recomendación para vosotros, los que podéis sentir ese palpitar en el que bailamos abordándonos, matándonos, devolviéndonos, transformándonos, mordiéndonos y militándonos.
nada más,
sino unirme ya al viento
y a la paloma,
al aire de su vuelo
Corredor Matheos
Transformarnos en flujo de la espiral de la vida; ensalzarnos e instalarnos en nuestra propia fuerza de gravedad son hitos harto difícles de conseguir, pero uno, que lo tiene presente segundo a segundo, lo lleva a la práctica siempre que puede. Cuando nos encontramos en apuros, se trata casi como de un reflejo emocional, un automatismo de receta con éxito seguro al que te agarras como a un clavo ardiendo, pero llevado a la práctica, no es fácil.
Ayer mi amiga Carmen me hablaba de la felicidad, sentimiento y concepto escurridizo donde los haya. Estuvimos hablando de ello como con paso inseguro, como quien pisa a ciegas un suelo desconocido, pero que en su avanzar, puede comprenderse en todo su pálpito a la que le prestas un mínimo de atención, no sólo inteligente, sino humana.
Rápidamente me di cuenta de que podemos intuir cosas de ella (la felicidad) y como que su morada no se encuentra en los espacios físicos que ocupan las cosas, sino en el alma que en ellas reside, llegué a la conclusión de que la felicidad como sentimiento o estado no es apartadiza, sino que los que nos apartamos de ella somos nosotros mismos, que fijamos la atención en los aspectos más accesorios de la existencia. Ella sigue estando ahí (en todo), desde los tiempos inmemoriales en que todo estaba por hacerse aún (mundo y hombre).
Todo epacio, todo símbolo, todo ser o todo encuentro cuenta con su alma si ecuchamos su risueña vibración desde el corazón. Puede parecer una tontería, pero el concepto romántico de entrar en comunión con el ANIMA MUNDI, que algunos creeréis superadísimo ya, y en el que el alma de todas las cosas se confude en un sólo pálpito, tiene su razón de ser: quizás sea verdad que un corazón es lo que mueve el mundo...
La experiencia de lectura Un pez que va por el jardín, de José Corredor Matheos y que mi profesora de literatura, Lola Josa, a la que le profeso un profundo respeto y admiración, me ha llevado a sacarle el polvo a estas ideas y alimentarlas con cosas nuevas. En apenas unos cuantos renglones versificados la propia letra me embarca y transporta a todos estos aspectos vívidos de la existencia en los que tanto nos perdemos cuando queremos ponerle el verbo.
Corredor Matheos recoge, sin pretenderlo, la fuerza del universo con todo el tino que le da la perspectiva de tener a sus espaldas una carrera de poeta en las letras y en la vida.
La palabra nos trae una vivencia metafísica de la mano de una voz tan clarividente como arrolladora en su vuelo. Otra absurda recomendación para vosotros, los que podéis sentir ese palpitar en el que bailamos abordándonos, matándonos, devolviéndonos, transformándonos, mordiéndonos y militándonos.
Felicidad, ¡ojalá la mordáis todos!




