viernes, 28 de diciembre de 2007

Show must go on

Llega el fin de año zumbándonos los oídos y suenan nuestras cabezas como latas vacías (campanas, que dirían algunos). La vecina del quinto sube las escaleras relatando por la subida abusiva de los precios, por lo mucho que llenaba el cesto de la compra antes de la llegada del euro y por lo desolada que la trae años más tarde. Un brío de esperanza alberga en el fondo de sus ojos al asegurar que este año ha conseguido reunir a toda su familia, y eso le tranquiliza. Su hijo, volcado de lleno en la adolescencia, habla compulsivamente por el móvil desde el ventanuco que da al patio interior en busca de un rincón más privado. Llamada tras llamada parece urdir un plan de fuego para quemar por todo lo alto la última (o primera) noche del año. Entre insultos y griteríos como forma habitual de tratamiento de cortesía para con sus homólogos parece que su plan convence.
Suena el teléfono. Al otro lado de la nada irrumpe la voz de mi amigo César como por arte de magia. Se acaba de iluminar. Su casera se marcha a la otra punta del mundo para despedirse del año y en su apartamento tiene que acontecer de todo para que no se diga que no hemos acabado el 2007 como reza el rictus de una fecha tan ansiosamente esperada como irracional . Me sonrío al comprobar cómo se va creciendo disparatadamente mientras imagina múltiples soluciones. Me divierte verle tan entregado a idearlo todo, pues digamos que el viento no ha soplado a su favor en estos últimos meses. Me resuelvo en prometerle que voy ayudarle en los preparativos, no sin arrepentirme inmediatamente al acabar de pronunciar mi promesa.


Parece como si todo este zumbido tuviera los efectos de una onda expansiva apabullante. Me veo a mí y al resto de la humanidad reuniendo fuerzas en lo que más se parece a una carrera febril hacia no se sabe dónde. Los fines de año parecen ser el triunfo de la vida sobre la muerte. Los abordamos en un intento enloquecido de que la melodía no deje de sonar. Nos da una cierta sensación de alivio pensar que en esos momentos se halla la felicidad y cada cual inventa la forma de llegar a ella del modo más especial posible. Creemos que existen las inflexiones a escala mundial en el calendario y ponemos la fe en este tipo de giros temporales colectivos en el que un año se convierte en viejo y otro viene a la vida cargado de esperanzas y buenas nuevas. Pero lo cierto es que todos sabemos que no pasa nada, que no existe tal cambio, que el tiempo no se transforma en algo más de lo que es y lo que ha sido. Es decir, en nada. Y entonces viene cuando mi nota mental sufre un grave atropello y abandona su discurso huérfana de entendimiento. Ahora me doy cuenta de que quizás el sentido de todo esto no trascienda más allá de la pura ociosidad. Somos seres ociosos por naturaleza y me uno al carro de los eclipsados por el jolgorio. Celebraremos el fin de año con más o menos pasión, pero a lo que sí me niego es a despedir el 2007, un año difícil donde los haya, pero lleno de grandes cambios y experiencias que me han traído hasta sus confines absolutamente renovado y feliz. Viajarán para siempre conmigo esas cuatro cifras con todo lo que han significado y todo lo que son. Por eso, a las doce menos un minuto del día 31, con las uvas con las que me atragantaré en una mano y con copa de cava en la otra, le daré la bienvenida a la historia de mi vida a la combinación de esas cuatro cifras y cuando el sonido de las campanadas se ahogue en la lejanía, rezaré para mis adentros: ¡Feliz 2007!


lunes, 24 de diciembre de 2007

Cuento de Navidad

El metro está atestado de viajeros. Podría esperarme al próximo, pero el tiempo viaja veloz y llego tarde al trabajo. Desde el andén descubro mi reflejo traslúcido en el cristal de las puertas que ahora se abren y me horrorizo ante mi aspecto decrépito. Me asusta verme así, pero después de una noche de huída de todo, este es el peaje que me toca pagar. Y para más inri, ahora sufro de una alitosis imposible sufragada por las cantidades indigestas de alcohol que ayer me subministré desde que el hastío a la salida del trabajo me llevara a bajar al centro a la caza de deshinibiciones. Me pregunto de qué estaré huyendo.
Dios mío, ¡estoy hecha un harapo! Parece que las miradas inquisidoras me buscan en medio de un gesto de desaprobación. En todo esto me observo con torpe disimulo y doy gracias a mis ropas que me ayudan a recuperar la memoria repleta de lagunas impertinentes. Me doy cuenta de que anoche frecuenté las barras de muchos antros hasta caer de bruces al suelo en el último de ellos. De repente me vi en aquel suelo pringoso y lleno de colillas que sin duda dejó su imprenta en mis tejanos, ¡qué vergüenza!
- ¿Estás bien?-. Un antebrazo desnudo entró dentro de mi campo visual mientras intentaba recomponer los últimos segundos antes de la bochornosa caída. -Te has mareado-, sentí que me decía aquella voz que me retrotraía a mi espiral de distorsión. Al instante y de un tirón aquel brazo me puso derecha. -Llevo media noche observándote. Reías, refunfuñabas, escupías no sé cuántas maldiciones a regañadientes y has acabado entre sollozos antes de pegarte una hostia sideral contra el suelo. Algo va mal, ¿verdad?-. Quise contestar a la interrogativa pero mi interlocutor dio un viraje súbito hacia otros derroteros paralizando mi respuesta y sellándome los labios para el resto de la noche. Lo cierto es que aquel treintañero robusto de rasgos graves y marcados hizo alarde de su torrencial capacidad oratoria, que me dejó embelesada y que acabó por anestesiarme del todo. Recuerdo que su perspicaz verborrea trepaba de un tema a otro sin piedad hasta que finalmente aquellos labios me sonrieron mientras me sugerían acompañar a su dueño hasta un apartamento de la zona en el que éste vivía de forma provisional con la excusa de enseñarme no sé qué.
Cierto fue que nuestro lugar de destino estaba próximo, a escasos metros del bar que cerramos él y yo más otros tres cuerpos trasnochados y derrotados también por la inmundicia del alcohol. Cruzamos rápidamente el vestíbulo del inmueble. El ascensor abierto parecía habernos estado esperando. Ya en aquel punto de la noche yo ya hacía un buen rato que estaba húmeda pensando en toda aquella armadura muscular a la que seguía atónita.
Su piel estaba bañada de un moreno cobrizo de espanto que acentuaba aún más mis deseos libidinosos. Inmediatamente, tras cerrarse las puertas y sin casi tiempo a asimilar lo que estaba claro que iba a pasar, tenía ante mí a un fiero depredador sexual cuyo paquete palpitaba estrepitosamente y amenazaba con explotar allí mismo. Se abalanzó sobre mí sin más preámbulos y toda la fuerza de su verborrea se transformó en un ataque de lujuria desmesurada que a mí me facilitaba mucho las cosas, pues acabé por desatar mis embravecidos deseos y el alcohol, aunque mal consejero, al final me ayudó en algo. Como poco me permitió interpretar con facilidad toda la pulsión y el ardor de mi sexo.




Allí mismo follamos la primera vez sin esperar a entrar en el apartamento. Allí mismo le arranqué la camisa haciendo saltar los botones mientras nos metíamos la lengua hasta el esófago. Él, más cauto, pero sin menos descaro, me desembuchó de la camisa para hundir su cabeza en mi escote. Además de dotes comunicativas, aquel desconocido resultó tener un aunténtico dominio en la estimulación de las mamas, pues hizo rodar su lengua por mis tetas pasando sobre mis pezones en el momento exacto para que yo gimiera, sumisa y embriagada de placer, mientras el ascensor subía y bajaba por aquel hueco en el que minutos antes transitaba con hastío.
Recuerdo que di la bendición a todos los huecos que se topaban con mi vida. Los instantes más interesantes suelen tener lugar en los huecos. En los huecos haces un descanso y puedes mirar el mundo con denuedo, en los huecos puedes pensarte y acercarte a tus misterios, en los huecos te escapas al mundo, te escondes, te regaliman fructíferos los pensamientos y, en los huecos, también te puedes encontrar con un compañero de viaje, muy dado como tú a pasárselo bien mientras se porta muy mal.
Al mismo tiempo en que pensaba entodo esto me fui perdiendo por aquellos abdominales magistralmente trabajados y ahora envueltos en sudor. Me deslicé por aquel sendero ayudándome con mi lengua que a su paso hacía erizar los pelos, mientras yo me acercaba sigilosamente al bulto. Le desabroché el cinturón con los dientes mientras palpaba con mi mano derecha el volumen de aquel misterio. En cuestión de segundos me encontré con un descomunal miembro al que no tardé en complacer con mi boca. Lamía aquella polla como si se me fuera la vida en ello. Luego, y a horcajadas, aquella masa de músculos me sentó sobre sus ingles y cuando me quise dar cuenta mi sexo ya estaba succionando con fuerza aquel miembro descarrilado. No recuerdo el número de veces que lo hicimos. Cabalgamos largo tendido en aquel cubículo de escasos metros. Nos empotrábamos en las paredes mientras nuestras carnes rompían desorbitadas de placer a la par que el ascensor se esforzaba por entrar en mimetismo con nosotros, pues subía y bajaba hábilmente sin cesar por su recorrido habitual.
Una vez agotada la escena del ascensor, pasamos a estancias más privadas en el apartamento de aquel chico. Lo hicimos por todas partes hasta caer rendidos en el destartalado sofá-cama. No recuerdo cómo ni cuándo nos quedamos dormidos, pero esta mañana cuando me he levantado azotada por el dolor de cabeza y la ofensiva mezcla de olor a alcohol, sudor y tabaco mi cabeza retumbaba dificultando que pudiera recordar algo de la noche anterior. De buena gana me hubiera dado una ducha, pero no quería despertar al que al fin y al cabo había sido un desconocido para mí. Con desdén he recogido mis cosas, me he vestido apresuradamente y maldiciéndome me he arrojado a la calle con la hora pisándome los talones.







Mientras he tomado un atajo por las laberínticas calles del centro se me ha ocurrido que mi vida es un continuo atropello muy similar al tortuoso trazado urbanístico que intentaba atravesar. Calles estrechas donde apenas llega la luz del día se retorcían entre encrucijadas burlándose de mi torpe orientación. Eran las 13:30, sufría una jaqueca desproporcionada y me estaban persiguiendo los flashes insistentes de las imágenes de anoche. Al llegar a la avenida de los grandes bulevares los escapartes relampageaban hipnotizando a los transeúntes. Cómplices del misterio, muchos eran los abducidos hacia sus interiores y la calle era un desfile de bolsas estampadas con los logos más podridos de globalización. Teniendo en cuenta mis fachas, era obvio que hubiera sentido tristeza por mi aspecto en medio de aquel espectáculo sonoro. Ahora, en pleno trayecto hacia mi parada, me doy cuenta de que los fantasmas vuelven a visitarme deportándome a la desidia. La peor imagen del día sin duda ha sido la de mi reflejo en el cristal. Me he visto al desnudo entre destellos que recogían una exhaustiva radiografía de mi geografía exterior e interior. De los resultados obtenidos, mejor ni hablemos y como todavía quedan varias paradas, me decido a iniciar mi habitual juego de inventar vidas ajenas. Observo a los ocupantes de mi vagón con detenimiento, intentando escudriñar datos biográficos que viven sólo en mi imaginación. Puede parecer un juego absurdo, pero la cuestión es que me divierte. Al mismo tiempo que juego, les voy preguntando contínuamente a sus ojos si se han salvado, si a ellos también les cuesta tanto encontrar un lugar en el mundo, si lo darían todo porque tuviéramos un mundo mejor o si, por el contrario, podrían abandonarse haciendo que fuera aún peor.

Más tarde juego a representarme mentalmente el recorte de la morfología perfecta de todos esos corazones que albergan sus pechos y sonrío al pensar que éstos podrían estar moviéndose pen un mismo latido. Quiero pensar que así es, que todos viajan al unísono y trazando una misma carrera humana. Quiero pensarlo. Quiero sentirlo en el mío también, en mi corazón. Sentir la rabia de esa alegría...

Cierro los ojos. No quiero soñarlo más. Quiero que retoñe en el adentro ese pulso.

Lo pulso.

Lo siento...











sábado, 22 de diciembre de 2007

Tregua


Aparezco por los bordes de la nada dubitativo y con ademán de nostalgia. Sigo siendo demasiado joven y visceral como para evitar adelantarme a los acontecimientos. Precipitar las cosas te lleva a ser temerario y eso es lo que soy.
Acto seguido me abalanzo sobre los comentarios de ¿mi último post? y me complacen mensajes trabados al calor de vuestras discrepancias sobre el abandono de mis publicaciones aquí. Dioscórides, "fuebonitomientrasduró", el anónimo de Manresa y (de viva voz) Quim y Santi me alentáis a continuar y ello me pone en la pista de que quizás mi decisión no fue del todo meditada. Podríais pensar que todo esto no ha sido más que un arrebato de pasión desmesurada y llena de ego en la que yo mismo he reclamado atención para provocar mensajes de este tipo, pero lo cierto es que el ritmo desenfrenado de trabajo de estas últimas semanas han consumido parte de la lucidez que pueda llegar a tener. El agobio in crescendo al que me he visto expuesto y la pérdida de control sobre mis obligaciones profesionales y sociales no me han dejado ver las cosas con cierta clarividencia.



Soy de los que piensan que para ser blogger debes cuidar el espacio y publicar a menudo, porque para algo decides abrir un blog (para compremeterte con él de todas todas). No es que quiera justificarme (=quiero justificarme), pero para eso hace falta tiempo y dedicación, y últimamente me ha sido imposible compaginarlo todo. Ya llevaba más de dos semanas sin publicar y eso significaba que "Todo al borde de la nada" estaba agonizando y pereciendo de forma irracional y prematura.
Ahora me doy cuenta de tanto... Mi precipitado balance de todo este tiempo por aquí presenta mucho margen de error como para no desestimarlo, pues me doy cuenta de que tengo un respeto y un compromiso para con todos los que pasáis o habéis pasado por aquí, y que también hace falta darnos tregua de vez en cuando. Así que, compañeros de trinchera, seguiré en "Todo al borde de la nada" por muchas razones de peso. En primer lugar, porque escribo casi a diario y ¡qué más me da publicarlo o no!, pues ya que escribo, publico (y si sólo lo lee una persona, me puedo dar ya por satisfecho). En segundo lugar, porque un análisis pormenorizado de estos 49 posts publicados a lo largo de tres meses me lleva a la dichosa conclusión de constatar que existen múltiples maneras de comunicarse y compartir y que debemos explotarlas, porque no somos más que en comunión (de este término deriva "comunicar") con el otro. Y por último, porque creo que escribir aquí también es una forma rápida y "sencilla" de preguntar y contestar a la vida.
Calmado y haciendo uso de la perseverancia (la clave de todo éxito), vuelvo a casa por navidad y os dejo con esto:








Un poco kitsch , pero estimulante para la época porque: ¿qué hubiera sido de la España casposa sin su pequeña aportación a nuestra modernidad?

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Punto y aparte

Se cuela en estos días la escarcha por nuestra cintura. El frío arremete con fuerza, y bajo las piernas dos prótesis como dos bloques de hielo que quieren ser nuestros pies.
Después de casi dos semanas sin aparecer por la blogosfera me encuentro que este no mundo hecho de píxeles amontonados me sabe a niebla. Suavemente y como un soplo de palabras susurradas en medio del silencio, intuyo que mi blog se muere de forma prematura.
He hecho cuentas y, lejos de entristecerme, no sé qué hacer con la alegría de haberme sabido bien en él. Con trozos de espejo voy recomponiendo esta pequeña dimensión de realidad virtual en la que se pierden tantas cosas (aunque sí es cierto que nunca se pierde si no es para ganar). Probé por el borde de la nada, aunque lejos ha quedado el todo de este borde. Esto es así porque ello me supondría toda una eternidad a la que no estoy dispuesto a abandonarme. Los teclados y las pantallas acaban por despistarme del mundo, así que me reúno en la premisa de que todo lo que empieza se acaba.
Punto y seguido
Al fin y al cabo creo que he sido honesto. El tema de los blogs (en mi caso) se ha agotado rápido. Quizás lo haya hecho al ritmo de los tiempos que nos ha tocado vivir, tan extraordinarios por cierto, como cierto también es que, aunque extraordinarios, son también tiempos demasiado acelerados, abusadores (y mucho) de lo efímero. Las palabras no, las palabras están hechas de otra cosa (ser idealista está muy bien para sobrevivir). Ellas (las palabras)viajan a su ritmo, un ritmo lento y, como que también intuyo que con ellas me va a tocar sangrarlo todo, con ellas seguiré andando mientras bebo de la cantinela de aquel verso machadiano, pues ellas me matan y me ponen la fe en el camino haciéndome exaltar el ánimo.
A todos desearos unas pocas palabras que suenan a hueco en estos días, pero bienintencionadas (pues estas las cargo yo con mucho amor): todos vuestros mejores deseos que se vengan sobre vosotros, no sólo en el año que está por entrar, sino en todos los que a este 2008 le siguen.
Yo sólo pido que durante el próximo año pueda aprender y vivir una cuarta parte de lo que he aprendido y vivido este año y que deje de una vez de llover sobre mojado.
A propósito de lluvia, retomo aquí una canción que apareció unas navidades lejanas (creo que de las primeras en las que yo ya tenía uso de razón). De ella no me he podido desprender, así que la traigo hasta aquí.



lunes, 3 de diciembre de 2007

Nuestro gozo no cabe en un pozo...

ball de lletres


sessions de paraules sobre l'escriptura

Ya está todo encaminándose. "Ball de lletres" es el nombre de nuestra misión y es también un proyecto y su continente. Su contenido (las sesiones de baile) es todo lo que tiene que ver con la palabra conectada al mundo. La FAP (Fundación Àngel Planells) es la institución cultural que nos acoge y cree en nosotros y, el proyecto en sí, que versa sobre palabras en la escritura, es una pequeña ambición que queremos hacerla posible por amor al arte.

Los bailarines de letras somos Santiago Gorgas, Rubén López y yo mismo (pues somos bailarines de letras sí, ¿qué pasa?). ¿Y cómo es eso? Pues es que bailamos con ellas (las letras) muy a gusto y en ellas vivimos y con ellas caminamos bailando, pues como ya dije en otra ocasión, bailar es la mejor forma de caminar y nunca mejor de cualquier otro modo. Si a tí también te va el bailoteo, ya puedes venirte si quieres... Lo que aquí falta dejar claro cla-rí-si-mo es que, caminar bailando o bailar caminando, no podríamos hacerlo sin nuestro máximo referente, artista como todas las copas de todos los pinos juntos, maestro de ceremonias e incondicional colaborador de lujo en todo este sarao que estamos armando. Él es................. Serrano pa' nuestro querer y alegría, y a él nos encomendamos por gracia y obra divina.

Flotando alrededor de toda esta atmósfera es de obligación mencionar a los que restan, a los que de manera indirecta nos han apoyado en una distancia cercana, pues ellos son los que más han sufrido nuestras ausencias y nuestros hoynopuedotengoreunión, ¡y cómo de verdad, al final de los finales, siguen estando ahí! Ya podéis daros todos por aludidos, y entender que, el esfuerzo vale la pena.

De momento nos podemos dar con un canto en los dientes porque tenemos el gustazo de contar con una invitada de súperlujo, Mercedes Abad, escritora barcelonesa de primera fila y muchas otras cosas más que iremos viendo. Abad nos hablará de El vecino de abajo, su última novela.

Preso de mi euforia proyectil, bailarina y verborreica os paso la invitación digital en su versión blogeril (por si a algunos no os llega). Sepáis que estáis todos invitados, por supuesto:



¡Os esperamos al borde de todo esto!

domingo, 2 de diciembre de 2007

Agotados

(Próximamente en www.mistura.cat). Permaneced atentos: este número es casi un monográfico sobre la resaca (muy interesante).

De haber tenido que descender, mejor hubiera sido haberlo hecho despacio, pero no supimos hacerlo mejor, y estalló todo. Desdiciéndonos nos fuimos apagando poco a poco tras la humareda de nuestra propia perdición.
Nos alejábamos uno del otro desde hacía ya algún tiempo, y lentamente nos fuimos sintiendo deslizando, arrastrados brutalmente por la espesura de la incomprensión mutua. Lo hicimos deliberadamente como invadidos por una cruel estupidez, y ahora este corazón irreparable…
A bocajarro fueron impactos los reproches en mitad de aquella última noche. Temblamos ante la inercia de nuestro propio dolor que, por maldito en exceso, ha sido siempre inefable. Las sombras se acumularon e irremediablemente nos instalamos en aquella región poblada por palabras oscuras, palabras hirientes, palabras metralla (de esas que hacen daño), pues se abalanzaron sobre nosotros las injurias sin piedad. Los insultos envilecieron lo que fuimos ambos en aquel tiempo que tanto nos dio, y como puños que arden, saldaron las cuentas los reproches.
Hervían los agravios en aquella atmósfera indócil. De forma despiadada enmudecieron todo lo que habíamos sido en aquellos instantes en los que nos reuníamos en nuestras manos mientras todavía éramos las manos del uno y del otro. Silenciado todo aquello, nos descubrimos encanecidos tú y yo, y sin sospecharlo, en el último grito se descarnó todo el agotamiento almacenado. Todo estalló brutalmente porque no supimos.
Aquella despedida flemática y llena de odio me sigue devolviendo inexorablemente a esta soledad retorcida, mientras ahora aún te recuerdo. Rezumando siguen las palabras incendiarias, el amargo sabor de la pérdida. Y a día de hoy, en las noches en las que viene a visitarme insistentemente la nostalgia, todavía me sigue doliendo el pavor punzante de aquella despedida sin los besos de por medio, sin aquellos largos besos en los que nos tumbábamos durante todo aquel tiempo que tanto nos dio.
Ahora en medio del insomnio, un alarido, y esta resaca de la que todavía, ni tú ni yo, hemos podido deshacernos.



viernes, 30 de noviembre de 2007

Para todos

Antes de ponerme en manos del dentista y de verme sufriendo en mis carnes la aprensión hacia este tipo de facultativos, me he lanzado al maravilloso tenderete que tiene montado la vecina en este no mundo que es internet. La vecina martier ha sido un gran hallazgo y todo un éxito últimamente en youtube. Para todos nos destina un chorrito de esperanza en muchas de sus creaciones.
Aquí cuelgo una de sus últimas aportaciones al mundo blogeril en la que da voz a una carta de García Márquez que muchos conoceréis ya, pero va bien que volvamos a ella de vez en cuando, pues lo esencial y lo verdaderamente importante de esta vida suele destinarse a ese maldito espacio de la memoria, que es el olvido. Y precisamente no estamos como para olvidarnos de cosas como esta:



El humo todo lo cegó

Arde la memoria y me pregunto por qué estoy tan insistente, tan ciega, tan locamente desvelado...
Saco a relucir viejas renuncias, viejas desesperaciones, pero el tiempo pone a cada cosa en su sitio y nada es grave, y todo pierde su propio peso. Hoy no es ayer y nadie somos lo mismo, la misma cosa en cada momento, a cada instante.
Nada nos pertenece más allá del momento exacto en el que tiene lugar nuestro ser y estar aquí, que ya no es aquí, ni es nada, ni es nadie. Y ya pasó porque el tiempo es pasado que acaba de esfumarse. Porque ya no es tiempo, y no es nada, y no es nadie.
Somos incertidumbre, como de incertidumbre están llenas nuestras circunstancias. El momento exacto en que sucede es uno y luego nada.
Nada es nuestro. Nada es de nadie ni para siempre, pero obstinado me empeño en recoger las cenizas de las cosas que han sido; con la esperanza de mantenerlas, de hacerlo mientras tanto para que se mantengan, para que sean y se encuentren vivas, en su fuego primigenio...
Obstinado estoy en recoger las cenizas del tiempo que fue y está siendo, pero que ya pasó y ya no es nada y nunca volverá a ser.
Nada es mío y nada es de nadie.
Me lo robó todo el tiempo.
Todo fue en mí y nada me pertenece.
¿Quién soy yo?, ¿de dónde todo lo que fue mío?, ¿de quién el recuerdo?, ¿para qué?, y sobre todo: ¿para quién?

martes, 27 de noviembre de 2007

Para reír y volar

Últimamente no puedo escribir tanto como quisiera, y aunque el trabajo a media jornada da para hacer muchas cosas, uno es hombre de proyectos con obligaciones pendientes que le roban tiempo.
Me muero por escribir un poema, pero para eso hace falta tiempo, tranquilidad y múltiples factores que te hagan entrar en situación, así que en breve lo haré.
Ahora me he decidido a colgar un vídeo "mu salao" que me encontré el otro día y con el que todavía me estoy riendo mucho. No tiene desperdicio... Es muy flamenquito y da para lo que queráis. Por ejemplo, para estudiar con gracia la variedad dialectal del "andalú", aunque caricaturizada, claro. Y como que estoy corrigiendo exámenes y me estoy poniendo de mala ostia (no sé para qué repito tanto las cosas), yo también lo voy a escuchar a ver si me despojo de la ira, y de paso os acompaño.
Importante: antes de escucharlo doy instrucciones:

1. Poned el volumen a tope si no son las tres de la madrugada (en ese caso, utilizad auriculares que para algo están ahí).

2. Levantad el culo de la silla.

3. Mirad fijamente la pantalla, pues hay que leer con atención y cantar (es un karaoke).

4. Buscad los tacones y, una vez puestos, preparad las palmas.

5. Lo único que puedo reprocharos en este momento es que a partir de ahora no sepáis volar.
NOTA: A ver quién es el guapo o la guapa que sigue la letra en sus tiempos. ¿Habrá premio?

Dentro vídeo:




¡Vooolare ooo cantare oooo...!

lunes, 26 de noviembre de 2007

Cangrejos

Despabílate amor
y toma nota.
Mario Benedetti
El fulano de tal y la vecina nos interpretan un mensaje de Charles Bukowski de rabiosa actualidad, pues en estos mundos sin dioses el progreso tiene sus efectos devastadores y la esterilidad y las almas yermas reinan en la abundancia.
Progreso no siempre significa avance, adelanto o perfeccionamiento. En muchas ocasiones se reemplazan las buenas costumbres y se implanta la perversión. La especie que gobierna el mundo se deshumaniza poco a poco, y la cuenta atrás (como con el cambio climático), parece irreversible.
No quiero parecer un alarmista ni quiero tampoco pregonar un inminente apocalipsis, pero parece serio y si no, preguntémonos: ¿Cómo vamos a dejar el mundo?






Curiosamente aparece de fondo en versión instrumental "I still haven't found what I'm looking for" de U2...

viernes, 23 de noviembre de 2007

Que suba la marea

Youtubeando (el aburrimiento es lo que tiene) me he encontrado con esta preciosa canción. Podría salir a tomar unas copas porque mi propósito de dormir y descansar va claramente declinando. En fin, que aquí tenéis. Dedicada a todos los que nos sentamos a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea...




Por cierto, hoy la marea puede subir literalmente, pues la luna está sobre el cielo, blanca y llena como un milagro :P!

Bailar es la mejor forma de caminar


Algunos despropósitos humanos pueden bloquearte el corazón. Pueden, pero yo ya no les dejo. Prometerse no dar cabida a decepciones es el mejor plan de prevención de riesgos para con uno mismo en su vida interior (y lo más inteligente, por supuesto), pues lo malo debe enloquecerse en su maldad misma. Debe morirse y no venirle a uno. -¡Pues claro!-, diréis. -¡Pues eso!-, digo. No estoy aquí para juzgar a nadie, pues allá cada cual con lo suyo.
Yo en lo mío y con los míos, pues es que lo sois todo, y todo significa tanto... Me hace feliz teneros aquí con vuestros mases y vuestros menoses, y al fin saberos. Con un beso a todos...:

Porque hoy se puede ser lo que se quiera y poder se puede descubrirse infitesimalmente nuevo en los ojos del otro, en los chopos de las miradas. Miradas como niños que trascienden en el hallazgo.
La maravilla latiendo, ¡y cómo suena!: pupún, pupún...
El cantar desde lo hondo se chupa desde las raíces. Henchidos de salvia jocosa que sabe como el agua, y que rebosa si se es como vida. Y en lo multiplicarse es en lo que se nos hace únicos.
Perpetuarnos en las pieles con sus poros que relamen justicieras y celosas al amor. Así y casi como amarse luchando contra la nada. Porque así tiene fuerza y no puede hacerse mejor de otra forma.
Así la suma que es igual a la libertad. Libertad de esa que sacude y dilata y vuelve y devuelve.
Ser con el otro y uno mismo y al compás de lo que nos circunda; de lo que nos atiende y nos repliega en prisioneros, y la pasión... Pasión por un mismo. Pasión por los demás. Y eso es lo único por lo que puede uno convertirse en preso. Ser preso de uno mismo y de los que a ser merecidos se prestan. Así es como llega lo nuestro para inundarnos, para rebosarnos de la alegría de estar siendo en todo, con todos.
Vivir en los gestos y que germinen con vida los párpados en deseos. Que palpiten ellos afinándonos las pupilas, codo a codo, junto a él (con el otro). Desear, reunir un poco de sueño y traerlo hasta aquí. Darle fuego y leña que chasquidos quiera. Y darle un ruido también y que suene y retumbe, y que tiemble en todo eso. Así, como suenan los cristales de las copas al besarse cuando viene a ellas la alegría. Y uno se puede llevar todo eso consigo y reunirse en él para aplaudir las horas, para llorar alegre el tiempo. Suena ahora un redoble. Es el cuerpo al desplegarse, pues así y así es como uno aclimata sus deudas desesperadas, procurándolo todo en él y en los otros.
Sólo para venir sobre lo nuestro hablamos a nosotros. ¡Y conseguirlo! Acarcirarse en besos en estos momentos. Morderlos mientras chupando, sorbiéndose en medio el cuerpo. Decir al fin que tú también te has llenado de ti, de vida.
Decir que te has llenado de mundo y haberlo hecho...



martes, 20 de noviembre de 2007

Exquisiteces

Un saludo para Javi que me descubrió esta obra maestra que es "Lágrimas negras" de Bebo y Cigala. A ella vuelvo siempre que puedo una y otra vez a perderme.


domingo, 18 de noviembre de 2007

A estrela que brila, o vento que zoa...

Ni tú ni yo

Se caen las voces como sueños y esta tarde lánguida meciéndome el recuerdo. La solitaria memoria sacudiéndose en desechos es paisaje que atraviesa mi mirada. Mis dedos soñándote al trasluz, donde lo lejos.
Hoy todo me recuerda que la vida se repite a sí misma,
y yo que no puedo decirte y tú que estando tan lejos...
Entonces, ¿para qué la palabra?
En sucios versos se deshilvana la luz de esta tarde y ya nada puede ser prodigio.
Todo vuelve y se va por donde vino
y estoy solo porque tú estás lejos.
La hiriente lucha quiere sesgarme
y no te veo,
Y no te siento.
El tiempo cifra la culpa de lo no dicho y nos llena de anhelo con lo que nunca fue, con lo que pudo haber sido.
No supimos entendernos mientras nos buscamos y esta tristeza que en medio de la tarde me azota y carga con reproches.
Me amontono en esta suerte de esperanza baldía donde el desierto era un viaje a tu cima puesta ahí para que yo te culminara.
El vacío se desarrolla y crece
en arenas por mi boca.
Un alud de vientos te trae y te devuelve doliéndome, cabalgándome la memoria.
Si ni tú ni yo podemos cantarlo, ¿para qué el verso?,
¿para quién la palabra?

viernes, 16 de noviembre de 2007

Waiting for you




Of course: Wherever you go, whatever you do, I will be right here waiting for you...

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Por qué no os calláis?


Hartos todos de las intríngulis del caso Madelaine, del manoseado “España se rompe”, de la longeva campaña política que nos toca sufrir hasta marzo y de lo culpable que es ZP de todo, las parrillas televisivas se lanzan a cansarnos hasta la saciedad, eso sí, con nuevos temas para todos.
La famosa sugerencia "¿por qué no te callas?" ha dado la vuelta al mundo y parece ser que con ella nuestro monarca escala puestos en el ranking de popularidad. La gente está encantada con nuestro rey oye (nunca antes nadie le había prestado tanta atención), y hasta se ha dado un extraño revuelo del virus patriótico (Rajoy, ¡toma nota!). La prensa amarilla se está poniendo las botas estos días, especialmente la cadena más cansinamente sensacionalista (tele 5).
La heroicidad del rey no conoce límites y esa actitud tan española (yo aquí, particularmente, echo de menos la coletilla “coño” del final) de perder los estribos y llenarse de ira, también tiene cabida en nuestro majestad. Lo único que me gusta de todo este espectáculo bochornoso es que se nos ha mostrado que el rey también es humano. Nada más. ¿Por qué no os calláis?
A la sombra de todo esto ha amanecido la noticia de la ruptura real. Y digo yo: ¿es que por ser infanta nuestra Elena tiene que soportar el resto de sus días al hierático de Marichalar?
Debe ser que la casa real está de moda…
Aquí os dejo una reflexión de hace unos días:





Verdad, ¿no?

Creo que me voy a quedar con mi última afición a las teleseries norteamericanas (¿por qué son tan buenas?). La espera de la tercera temporada de "Grey’s anatomy" no se me haría tan llevadera sin "Kyle xy" (me encanta).

martes, 13 de noviembre de 2007

Hablar la felicidad

¡La felicidad! No existe palabra con más acepciones; cada uno la entiende a su manera.
(Cecilia Böhl de Faber)

Ayer me pasé media tarde preparando una de las clases de hoy, pues en el centro en el que estoy se dedica una hora lectiva a la semana al llamado "projecte filosòfic" propuesto por el equipo docente. Como es de esperar, siendo sustituto como soy, en muchos casos me siento como si fuera transparente, pues nadie me ha puesto al día de tal proyecto y no ha sido porque no he estado buscando ayuda. En fin…, la comunidad educativa en muchos casos, lejos de ser ejemplar, también presenta fisuras. Así que me dediqué a buscarme la vida por mi cuenta y en estas que me encontré con varios proyectos interesantes que cuelgan de la red (3/18 es uno de ellos). A pesar del material encontrado, me decanté por realizar una sesión que pudiera hacérmela mía, así que me inventé un cuento sobre la felicidad con moraleja forzada incluida para que los alumnos discreparan y se estableciera el diálogo acerca del tema.
El resultado ha sido toda una sorpresa. Muy interesados, los alumnos han reflexionado (primero de forma individual y después, de forma colectiva) sobre sus ideas, creencias, esperanzas, sueños, estados de felicidad que han experimentado… La reflexión en voz alta nos ha llevado a echar mano de nuestros valores y a dotarles de nuevos aprendizajes que otros ya habían hecho. Y es que la sesión ha sido un regalo para todos. Ellos me han enseñado su particular visión de la felicidad (nada desencaminada) y, llevando a cabo una conclusión de las reflexiones, el diálogo y la puesta en común, nos hemos contentado al descubrir entre todos que la felicidad es un estado en el que nos sentimos plenos. Como estado que es, se caracteriza por no ser continuo y, en muchos casos, tal estado no tiene que ver con la acumulación de objetos materiales, sino con la satisfacción que se puede alcanzar, por ejemplo, al conseguir algo por tus propios medios. Ellos mismos han asegurado creer que la felicidad no viene a nosotros por sí sola, pues en muchos casos, hay que salir a buscarla y luchar por conseguirla.
(Nota: traduzco aquí lo que en clase ha salido a la luz. No con estas palabras ni en este nivel de abstracción, pero en esencia, ha sido esto y…, no está nada mal, ¿verdad?). A veces pienso que los niños se reservan una intuición muy llena de pureza. Los de hoy (que eran de sexto de primaria), ya presentan síntomas de estar perdiéndolo y es una pena. Es una pena que la vida adulta nos despoje de tantas cosas buenas y de otras que no lo son tanto, pues todo debe decirse…
En fin, espero que la vida os reserve el mayor número de instantes felices y que, al final, podáis contar (como los romanos), más piedras blancas que negras.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Anecdótico II


Pongamos por caso que es un sábado por la noche y que el ocio a la carta queda muy lejos de tu ciudad. Pongamos también que no sales con tu grupo habitual y que debes adaptarte a todas las situaciones y ahora, le añadimos que las cosas nunca vienen porque sí y que tú te dejas llevar, porque en la vida, si no se fluye, pocas cosas se descubren.
Después de una cena copiosa acompañado por comensales que te doblan la edad, pero mucho más interesantes que muchos de tu quinta, pueden ocurrir dos cosas: 1. que los presentes sean un atajo de sosos y se acabe la noche bruscamente o 2. que estos se dispongan a reventarla (la noche) y tú lo hagas con ellos.
La primera opción, como que nos aburre soberanamente, la rechazamos y nos decantamos directamente por la segunda. Es entonces cuando te abrigas y aceptas la proposición avalada por el 85% de los asistentes. La hazaña de hoy consiste en desplazarse a una de esas salas de fiestas frecuentada por el grueso y el peso de la sociedad entre los 50 y los 80. Como a eso no te importa porque te hacen sentir la mar de a gusto, aceptas sin rechistar y, además, con ganas de saber qué pasa.
A partir de ahora cualquier situación es nueva para y debes disfrutarla con los cinco sentidos, así que te plantas en la puerta con el resto y pagas religiosamente los 9,50€, aunque la canción que se escuche desde la puerta sea sucedánea de "Paquito el chocolatero". ¡Pagas y a callar! Acto seguido te pones tu mejor sonrisa e irremediablemente te instalas en el otro lado en el que siempre has intentado no estar, es decir, fuera de lugar. No te preocupes por la creciente incomodidad que sientes, pronto se va a disipar. Y si no, espera a ver lo que sigue:



Yo mismo (que soy el editor) censuro la foto que aquí había. Llevo con remordimientos de conciencia desde que he publicado esta tarde el post. Quien quiera verla, se la envío, pero así, me da reparo... Más que nada porque la mujer es de las cercanías y no quiero ser yo quien hiera su sensibilidad o la de sus familiares / amigos.


(Se admiten risas)
(nota: ya sabemos que hay que ser políticamente correcto, pero cuando también se han reído de antes, entiendes que medio mundo se ríe del otro y aquí no pasa nada cuando, sobre todo, lo haces con tu mejor discreción).
Después te acercas a la barra y el camarero te mira con cara de póker (pues ahora no te me indignes). Coges tu copa y te das una vuelta. Te acercas a la pista, te enciendes un cigarro e inmediatamente uno de los asiduos te llama la atención, pues hay zona de fumadores y tú no estás en ella.
A medida que pasan los minutos te vas integrando aunque no del todo y aceptas bailar algo parecido a una rumbita más o menos divertida. El ambiente en la pista es este:







Te tiras media hora bailando y te ríes mucho con todos, de todos y de mismo. Julio Iglesias, la Pantoja y Los del río forman parte del repertorio habitual (una canción de la Shakira es lo más cercano a tu generación). El momento pista es total y desde allí puedes entender que existen submundos que antes desconocías y que, como todo submundo, tiene sus leyes que, por supuesto, tú desconoces. Algunas de ellas son incomprensibles, pero las acatas, como por ejemplo, que no se pueda sostener el vaso de bebida mientras pisas la pista o que te encuentres en ella y no bailes (a saber por si vais: si hacéis esto, ¡os echan!).
La noche resulta fructífera en descubrimientos. Entre otras cosas, te das cuenta de nuevas modalidades de la soledad, pero decides que no entras a desgranarlas porque esta noche es sobre todas las cosas, surrealista y eso te divierte sin más y te aleja de lo melodramático.
Cuando se acaba la velada, te das cuenta de lo mucho que te has reído (hoy has ganado dos años de vida). Te despides de las parejitas que pelan la pava, de los que mariposean de aquí para allá, de las sesentonas que se han pasado media tarde en la peluquería para estar flamantes con su pelo y vestido de lentejuelas y también del abuelo que baila en plan pingüino (mañana no se va a poder mover). Te enfundas en tu abrigo, sales a la calle y te vas hacia el coche convencido de que no habrá segunda vez, aunque a decir verdad, lo has pasado bien y todo lo que has vivido no tiene desperdicio.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Only to be with you



Demasiada resaca que hace difícil postear. Aquí va una de las grandes (tiene tela...): He escalado las montañas más altas, he atravesado las llanuras corriendo. Sólo para estar junto a ti. Sólo para estar junto a ti...

I have climbed the highest mountains
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you.

I have run, I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you.

But I still haven't found
What I'm looking for.
But I still haven't found
What I'm looking for.

I have kissed honey lips
Felt the healing in her finger tips
It burned like fire
(I was) burning inside her.

I have spoke with the tongue of angels
I have held the hand of a devil
It was warm in the night
I was cold as a stone.

But I still haven't found
What I'm looking for.
But I still haven't found
What I'm looking for.

I believe in the Kingdom Come
Then all the colours will bleed into one
Bleed into one.
But yes, I'm still running.

You broke the bonds
And you loosed the chains
Carried the cross of my shame
Oh my shame, you know I believe it.

But I still haven't found
What I'm looking for.
But I still haven't found
What I'm looking for.

But I still haven't found
What I'm looking for.
But I still haven't found
What I'm looking for.

jueves, 8 de noviembre de 2007

De mi cajón desastre

Vuelvo a las andadas después del paréntesis y me asusto de lo acelerado que va el tiempo. Colegio nuevo, nuevos horarios, proyectos en marcha, bodorrio a la vista que nos pisa a toda la familia los talones, vida social empeñada y todo apunto de saturarse.
Hago un alto en el camino porque las circunstancias me lo permiten, pues mañana, aparte de boda, libro. Ser testigo de los desposados es un papel nada despreciable. Mi hermana es la protagonista y sólo pido que no me tiemble el pulso al firmar. Ante semejante evento, golpea la dialéctica con el tiempo: todo esto no hace más que hacernos a todos más mayores...
Ante tanto trasiego mental y físico, se derrocha mucha energía que tu cuerpo necesita. Aún así me alegro de estar en paz conmigo mismo y con los que, al fin y al cabo están y deben quedarse a mi lado (espero no tener que decir quienes sois).
Me despliego en los bordes de un poema y un vídeo, ya que gracias a la generosidad o al altruismo de Lu, al fin ya sé cómo se insertan. Primero el poema:
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Apurar el deseo y volvernos locos,
chasquidos, brotes de delirio.
Salivarnos el sentir y bebérnoslo
así, hacia adentro. Bebérnoslo al tiempo,
con la misma insistencia con la que nos
abrimos al mundo en la niñez.
Así el alma, (¿y cómo de otra forma?, dime), a la intemperie.
Presumiblemente en tacto fundidos
nuestros cuerpos-deseo esta noche.
Temblar bajo este tu techo. Existir en el rocío.
Ya sabes que bañarnos en nuestra humedad
sólo da ganas de soñar.
El alma entonces, más a la intemperie todavía.
Aguardar en las bóvedas
y en el fervor de nuestra carne.
Aguardando al alba. Guarecernos
y ser lluvia en estos nuestros besos.
Estar despiertos de este sueño.
Ahí aguardar,
ahí guarecerse.
Más aquí perecer.
Perecer aquí y estar siempre
arrullándonos, y este deseo...


lunes, 5 de noviembre de 2007

Religiones y dioses


Mi tiempo libre me lleva a regocijarme en lo más inesperado, y en estos menesteres juega un papel predominante la imaginación y el libre discurrir del pensamiento. Cuando estás cansado de estudiar y después de haberte saciado con tu dosis diaria de lectura, ves que tus ojos empiezan a enrojecer. Entonces cavilas y caes en la cuenta de que es mejor dejar algo para mañana antes de ofuscarte por completo.


Empiezas a buscar formas de entretenimiento. A ver: ya te has tomado el café y has conversado en buena compañía, ya has recogido la habitación, ya le has dado dos veces la vuelta al ipod y entonces viene cuando la casa se te cae encima y prrfff, ¿qué hago?, me digo mientras me siento en los bordes de mi cama. Me niego a caer en manos de la televisión, así que detengo por unos minutos el tiempo de mi conciencia y, cuando me quiero dar cuenta, ya estoy enfrascado en una de mis dilaciones mentales.


El tema de hoy (la religión) me lleva a sostener álbumes de fotos de la infancia, pues buena parte de ella la pasé en un colegio religioso. Llevo a cabo un escrutinio de los flashes de memoria que me invaden al ver las fotos, y después dejo perder la mirada en el infinito.


Un regreso al pasado fascinante... Me esfuerzo en pensar por qué un buen día dejé de creer en dios y en las religiones. Por aquel entonces yo no conocía a Nietzsche y nada en mi alrededor me inducía a convertirme en agnóstico, ateo o como se le quiera llamar, así que me declino felizmente por una conclusión hipotética: seguramente dejé de creer en ellas (las religiones y, en particular, la mía) porque en muchos momentos crudos tensaban aún más el corsé que me oprimía el pecho. Acto seguido, cierro álbumes y me remito a mis teorías actuales, más seguro de lo que me digo:


No creo en religiones porque, entre otras cosas, son la principal causa de muerte en el mundo. Todas ellas son madres de la desgracia, del silencio y de la ignorancia. La prohibición y el miedo que generan están en contra del progreso y de la evolución de los espíritus. También de las ideas. Sobre todo son factorías del miedo. Miedo a todo: a la vida, a uno mismo y al otro. Las consecuencias son absolutamente devastadoras y, en muchos casos, son el mayor acto de terrorismo ideológico cometido contra el género humano. Ellas también domestican seres atormentados que viven con el alma embargada, como esclavos. Lejos de ayudar a pensar libremente, les amordazan el pensamiento y les quitan la libertad.


Esto es lo que me han enseñado las religiones y lo que me llega a través de los medios de comunicación. Quizás nadie me enseñó a entender (a entender la palabra de dios y el ideal primigenio de un credo religioso inocente desde el que se predica un código moral de pureza y de bondad, útil para el ser humano). Tal vez cuando las religiones sirvan para ayudar verdaderamente a los hombres y mujeres en sus quehaceres del mundo terrenal, vuelva a creer en ellas.


En cualquier caso, en lo que sí creo es en la fuerza de la educación como vía de conocimiento y en la capacidad que todos tenemos para pensar por nosotros mismos cuando disponemos de los elementos necesarios para ello.






Creer en todo lo que nos hace,
en todo lo que ello nos dio para crecer.
Creer en tus ojos y tu voz curvada,
apoyándose en susurros.
En ayeres hechos con estos deditos
que hoy tocan los tuyos creer.
Para hablar desde la piel.
Para volvernos más únicos.
Vivir en tus labios y sostener
y sustraer las palabras manoseadas
por la experiencia y el pensamiento.
Traernos hasta aquí un trozo del agua
del verano que dibujamos con el reír,
y esta alegría...
Bañarse el vientre en tu saliva
colmarse de todo,
de ti.
Para creer y seguir creciendo.
Creer en ello mientras bailamos.
Hacernos el amor esculpiéndonos con fuerza la lujuria.
Echarle más corazón.
Atrincherarnos en él.
Ser sangre y pulso cabalgando al unísono.
Creer sin dejar de hacerlo nunca
y militar para siempre por las entrañas de esta vida.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Ser Quijotes



Poner las cosas en su mejor sitio, acomodarse a lo que se es y hacer que cada día sea un nuevo día nunca fue fácil. La labor espartana de hacernos caer en nuestros centros con acierto y de luchar contra lo que uno no se es, tampoco.
Minuto a minuto la vida nos recuerda que vivir es peligroso, habida cuenta de las multitudes de circunstancias y factores que se empeñan en alejarnos de lo que venimos siendo. Pelear es entonces el verbo que nos identifica, y en su acción, el sujeto (que somos nosotros mismos) adquiere un protagonismo insoslayable al que no podemos renunciar a menos que queramos dejarnos perder en el lodo del ninguneo. Caer en sus redes es tan fácil como abandonarse a la pereza matutina. Siempre estamos a tiempo de dejarnos llevar por el camino hecho, por lo que ya está. De ser así, la libertad de cada uno se puede poner en entredicho y se llena de oquedad pastosa, pues sabemos que estar nunca incluyó ser y viceversa. A otros seres ya les va bien que les venga todo hecho y en eso consiste su propia libertad. Todo depende del concepto que cada uno tenga de ella y la elección de cada uno es más que respetable.
Dicho esto, hoy quiero recordarnos que, a pesar de todo, debemos dar puerta a lo que no nos pertenece y lo hago porque, a veces y, cuando me quiero dar cuenta, se me ha estado olvidando.
¡Qué post tan poco original!… No digo nada que no sepamos ya, pero en estos días de blog me he dado cuenta de que poner las cosas por escrito es casi como hacer de lo dicho un contrato con uno mismo. La escritura es así de caprichosa y yo continúo enfermito y eso me pone insoportablemente trascendental. Aprovecho el momento para dejaros aquí un pequeño tesoro de Cervantes puesto en boca de nuestro querido Don Quijote. De prisiones y libertades Cervantes supo mucho. Os dejo con ello y me despido con un beso a tod@s para no interrumpir. Ahí va:
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que pueda venir a los hombres.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Carpe diem

Hoy los camposantos se dan un baño de multitudes. Masas humanas en peregrinaje se agolpan en sus puertas para dar tributo a los muertos. Los cipreses dejan de sostener la calma rectilínea hacia el cielo para acoger el barullo de los vivos en la tierra. El protocolo del rictus está servido.
En una sociedad que vive de espaldas a la muerte, estas prácticas resultan fascinantes. Sin ir más lejos, a mí me tocará acompañar esta tarde a mi madre a uno de esos cementerios, pues hoy toca limpiar lápidas como quien limpia conciencias. Reuniré fuerzas para aguantar estoicamente y sin quejarme. Al fin y al cabo, una madre es una madre y hay que facilitar la materialidad de sus deseos.
Sin embargo hoy todo me recuerda que la muerte ya no es lo que era. Por ejemplo, a un muerto ya no se vela en casa como antaño. Inmediatamente se le traslada a una de esas funerarias cargadas de lujo donde lo que menos parece que hay son muertos. En cuestión de horas se despachan los entierros y el dolor no puede digerirse con el debido tiempo. Quizás no sepamos decir adiós por eso. Quizás tampoco sepamos morir por eso, ni sabemos entender que nadie se muera. Nadie nos enseñó y es muy duro enfrentarse a ello cuando te coge desprevenido.
En una sociedad tan preparada como la actual, la muerte ya no forma parte de la vida. Sin embargo, es curioso como en medio del medievo, tan lleno de oscuridad como quieren hacernos entender los manuales de historia, la muerte estaba presente a diario y formaba parte de lo cotidiano. La escasez y la enfermedad arrastraban ríos de cuerpos a las tumbas y se convivía con ello. Incluso existían manuales del bien morir para prepararse en el camino hacia la muerte. Es más, ahí está la sabia danza de la muerte nacida por aquellos tiempos, recordándonos que todos pasaremos por sus manos, ricos y pobres, reyes y plebeyos... Así pues, seamos conscientes y bailemos todos, no sólo con la cantinela del carpe diem en los sesos, que de eso ya sabemos mucho. Vivamos el día a día entendiendo que la rosa de la juventud también se marchita y que todo se acaba como un día empezó.
Hoy recordamos a nuestros muertos porque nos toca y eso coincide con la sentencia del juicio más esperado de la historia de España. Condenas astronómicas para algunos de los imputados, pero eso no es suficiente. 192 muertos todavía no han podido hablar como tantos otros muchos de nuestros muertos no lo han hecho todavía. Dejemos que hablen pues.
Más allá del día de hoy. Más allá de los días venideros. Más allá de la vida, por favor, que hablen todos los muertos.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Tiene Lilit

Lilit tiene una nube de polvo en la memoria. Des de hace algún tiempo se desnuda el cuerpo para asomarse a la calle por el ventanal de su alcoba. Ella alega tener tiempo que perder para perder el tiempo. Todas las tardes, a la vuelta del teatro y tras despojarse de Medea, sobre la repisa del tercer piso se van desprendiendo como pájaros los pensamientos. Se va del mundo dice, mientras serpentea y entorna una mirada enloquecida. Confundiendo realidad se vuelven tercos los ecos de su adentro. Mitad de su cuerpo afuera, ya dispuestas las reglas del juego están.
La tarde tiene nubes que mimetizan sus recuerdos. Voluptuosas mariposas le rondan por entre la materia gris. Ellas son quienes picotean su pensar.
Quizás Rodin pudiera haberle esculpido el cuerpo. Sin embargo, todos sabemos que no supo hacerlo. No quiso intervenir en los verbos del sexo de Lilit, Rodin. Así es como, poco a poco, ella se fue quedando sin voz para cada tarde rasgar el viento empuñando su silencio.
A veces puede vérsela hablando desde lejos con los transeúntes, como si estuviera en lugares que no pertenecieran a este planeta, como si todo lo allí dispuesto para ella no fuera más que un escenario de cartón piedra con leyes que no conocen los interiores de Lilit. Así se pasa las tardes, apoyando la vida en los codos como quien soporta el peso de una espera, un porvenir que nunca llega. Y cuando cae la noche, vuelve al mundo a replegarse sobre sí misma, a hundir su cabeza por entre las piernas buscando caminos por los que discurrir, por los que hablarse pueda. Busca y busca paseando su locura Lilit.
De vez en cuando, en mitad del silencio de la noche levanta su rostro para volverse sobre los espejos. Allí permanece atenta respirando oscuridad. No le gustan los espejos a Lilit porque no se encuentra. No se encuentra en la ventana, no se encuentra en los transeúntes. Por entre la gente no se encuentra. No se encuentra en su armónica ni en los vinos, y cercena loca la vida porque tampoco en ella se encuentra.
Tiene un teclado disparatado en el que relata su historia a ciegas, tiene un beso que guarda celosamente en una caja transparente, tiene pelos del sexo de sus amantes por entre las sábanas, tiene ceras, tiene un ropero en el que colgarse la piel, tiene lágrimas de acero y cenicero de Estambul sobre el que puede ir depositando las cenizas del tiempo. Tiene un mundo con todas sus cosas Lilit. Pero en él. En ellas, no se encuentra.
Las altas horas y el cansancio le devolverán el sueño. Quizás en él pueda hallar respuestas para con el encontrarse y su encuentro, pero no sabemos. Mañana se desperezará durmiéndose al mundo de nuevo. Se preparará el desayuno canturreando entre los bastidores, se vestirá de mujer fatal y se arrojará a la calle rumbo al teatro. Dos pases matutinos para escolares y volverá a casa. Se asomará a la ventana y ya se irá yendo poco a poco. Se irá poco a poco, buscándose sin éxito. Y se irá al través. Por el pasillo de la platea del mundo se irá. Todos los espectadores le seguirán en silencio con las miradas. Loca y desnuda, tras abandonar a Medea en su camerino, sangrarán sus dientes una identidad que de ella se despreocupa.
Todos la llamarán creyendo descubrirle al pronunciar su nombre. Todos hablarán de ella con ademán de estar en lo cierto. Y, aunque sabiendo sin saber que no saben, cuando eso ocurra, ella no podrá oírles. Estará absorta cortando el viento. Medio cuerpo afuera del ventanal del tercero, su silencio anudando la garganta. Y se seguirá yendo.
Y se irá e irá por su tan lejos.

martes, 30 de octubre de 2007

Reflexiones cinéfilas II






Después de estar incubando el primer resfriado del curso, de quedarme sin conexión hasta hoy (sí, ¡otra vez!) y de volver a estar en paro (los funcionarios, cuando se acerca un puente, no se acuerdan de ponerse enfermos), sigo aquí. Esta vez para volver con una nueva versión de "Reflexiones cinéfilas". "And the winer is..." El sueño de Cassandra (Cassandra's dream) de Woody Allen.


Vamos a decir que la película está bastante bien (lo cual es decir bien poco), pero hay que hacer notar que, tras la obra maestra Macht Point, con la interpretación soberbia de Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johanson, al genio de Allen le va a costar superarse el marcador.


El sueño de Cassandra cierra una especie de trilogía trágica con la que el judío de Manhattan nos ha deleitado en sus tres últimas películas. Con un público acostumbrado a sus peculiares comedias, Allen nos ha demostrado felizmente que domina con habilidad otros registros.


Cassandra's dream nos habla de que la avaricia del ser humano puede no conocer límites y de que el hombre puede ser muy débil a la par que perverso ante la tentación del dinero, ese perro... Para ello, nuestro amigo Woody cuenta con poner a los dos personajes principales en una suerte de asfixia que raya la malicia del guionista. El clímax se cuece in crescendo y a buen ritmo para finalmente sorprender al espectador con un anticlímax inesperado, al uso de las grandes tragedias clásicas.


Sabemos que la avaricia es otro de los pecados capitales que forja defectuosamente la condición humana. Y yo, después de ver la película, me pregunto: ¿Hasta qué punto seríamos capaces de llegar para conseguir grandes cantidades de dinero sin pegar un palo al agua? En España, de eso sabemos mucho, que para algo somos el país de la picaresca que vio nacer "El Lazarillo". Sólo hay que volver la vista atrás y situarnos en el caso Malaya (por citar el caso más reciente y sonado que tanto hemos sufrido). Lo que quiero venir a decir es que continúo advirtiendo que hay ficciones no tan ficticias y que, muy probablemente, debamos revisar nuestro código deontológico. ¿Quién se atreve?




domingo, 28 de octubre de 2007


El crujir de hojas tras mis pasos
se mezcla al olor de tierra mojada.
Me destina clamor de tiempo
tu musgo asido a mis huesos.

Ensanchándose tu cuerpo me envuelve
y me resuelvo en esparcime
siendo agua inundando tu pampa.

Estos labios que me humedecen eterno
respiran tu pulso, se vuelven tu viento.

Besos son lo me que resbala
en la memoria de esta tarde.
Y tráigote aquí de nuevo
y estás aquí mientras te tengo lejos.

Abandono los verbos
y sin prisas te beso en mis recuerdos.
Estás aquí y tráigote de nuevo.
Y me late tu pulso y me bebo tu viento.

Y ahora que estos labios me
humedecen eterno,
me colmo de ti todo,
me sacio de universo.

Lo sé:
Llegarás pronto,

Lo sabes:
Y te esperaré quedo.

Anecdótico


Contra todo pronóstico, me he pasado media tarde del sábado y parte de la noche en el hospital acompañando a mi padre (nada grave). Las horas de espera (acabo de llegar a casa) han sido interminables y me ha dado tiempo a todo. He aprovechado para abordar gran número de páginas de la novela en la que estoy atrapado, Detectives salvajes de Bolaño, he estado pensando en mí y hablando conmigo al tiempo que me he escapado a comer algo y, cuando he vuelto, incluso me ha sobrado espacio para analizar las conductas de algunos espécimenes humanos que son, cuanto menos, interesantes de observar, sobre todo para saber hasta donde no debes llegar en esta vida para no perder la integridad física y moral.
Las conclusiones son las que siguen: la sala de espera de un hospital es un laboratorio sociológico apasionante. Allí se cuece de todo. Los hay que, enfermos de verdad, y sin tiempo para crisparse, esperan pacientemente su turno, pero lo que más abunda, precisamente, es todo lo contrario, es decir, el "energumenismo" visceral in extremis. Y es que hay seres que reunen en sí mucha negatividad gratuita a la mínima que se les presenta la ocasión. El caso más claro ha sido el de un chico de unos 30 que ha llegado una hora después de nosotros y que, al cabo de media se ha puesto a gritar y a golpear el mobiliario creando una atmósfera muy fea y poco didáctica (había mucho niño con asma o fiebre). Los insultos proliferaban en su discurso, abandonado por la lógica, y ha acabado por convertirse en reo de una extraña y endemoniada conducta y, aunque todo ha terminado de forma feliz, el caso es que el mal humano se ha ido contagiando entre los pacientes y sus acompañantes. Como una pandemia, los congregados se han visto enfundados en una especie de crisis nerviosa que poco les ha ayudado. Discutían con el aire, pegaban golpes en los bancos, resoplaban, vomitaban palabras malsonantes y, a regañadientes, han aguantado hasta escuchar su nombre por megafonía.
Ante tal panorama, me he sonreído por dentro al pensar en unas cuantas soluciones posibles al llamado mal. Entre todas las que he pensado, menciono la que más me convence y que tiene que ver con armarse de buena paciencia y enrolarse en una buena lectura. De este modo, el tiempo deja de ser una losa insufrible y, de paso, le damos mecha a la imaginación y cuerda al intelecto, aunque vista la fauna allí reunida, no sé yo si eso les convencería del todo. Pero hay que decir que, en su defecto, existen otras muchas como abstraerse, desarrollar técnicas de respiración, hablar de todo lo pendiente con la persona que tienes contigo, a tu lado, o acabar con todos los sudokus del mundo.
Que nos faltan destrezas para no desequilibrarnos, de todos es sabido, pero el personal sanitario que trabaja sin recursos materiales ni humanos, no tiene culpa de nuestras carencias. Trabajan lo mejor que pueden (no he visto que parasen ni un momento) y, en muchos casos, dominan sobremanera el lenguaje verbal y no verbal emparentado con la empatía. Y ya que menciono al personal sanitario, tengo que decir que me ha encantado encontrarme con mis compañeros, muchos de ellos, buenos amigos que me han dedicado lo mejor que tienen al verme. Me ha encantado ver a mis médicos preferidos y reencontarme con J, por ejemplo, que me ha dado la gran noticia de que va a tener gemelos con P. Me ha encantado también ver a N a E, D y J (siempre es un regalo que así sea) y..., claro, me falta mencionar a media plantilla que esta noche libraban, pero estos son con los que me he encontrado y aquí están. Me quieren y yo también les quiero a ellos porque tantas guardias juntos nunca pasan en balde y siempre la piel nos recuerda que nos hemos encontrado, afortunadamente, a lo largo del camino.
A mitad de este post, me he acordado de un material fotográfico de mis tiempos de celador. Se me ha ocurrido que podríamos convertirnos en una productora y crear una teleserie al más puro estilo americano, emulando, por ejemplo, la gran de grandes: Grey's Anatomy. (Ummm...) estoy pensando en el reparto... De momento, se abren inscripciones al casting. Yo, por supuesto, soy el prota divino de la muerte, porque soy yo quien manda en mi imaginería y por tener experiencia acreditada con foto:






Yo hace dos años rematando horas muertas en una noche de guardia. Nada mal me queda el uniforme, ¿verdad? :P

jueves, 25 de octubre de 2007

Matizando equívocos

Me consta que el post "Mala leche" puede leerse y entenderse de forma errónea, probablemente por lo mal escrito que está. En su momento me encontraba, como habéis podido comprobar, muy cabreado con la vida y ello no me ayudó a explicarme. Con esto, aclaro que boris y anónimo NO tienen nada que ver con lo que arremeto allí. Nunca me propuse herir a nadie de forma gratuita. Sería injusto, como injusto sería permitir el disparate de que ellos dos se sintieran que tienen un mínimo de culpa. Definitivamente, no hago más que meter la pata.

"Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres..."




Aquí sigo aprendiendo a querer.
Nada pido y todo espero a silencios.
Un paso en falso y se desvanecerá de nuevo.

Queriendo aprender sigo y no digo cuánto queda.
En su sino voy a demorarme mientras vida siga
siendo en mí un huracán de alocadas emociones.

Ejercer el amor en las cosas acaecidas entre mi tú y tu yo
nunca fue un juego para niños.

Lo sabes

Lo sé...

Pronto llegarás jadeando
por estos misterios que me reportas.


Si estoy dichoso, es por conocerte,
si ando tentando tu terreno, es por reponerte.

En mis centros apresarte
y nunca más no poseerte.


Irme y quedarme.

Para poder volver,
para nunca hacerlo tarde.


Que tu pulso me deshaga entero el vientre
y una llama trace el corazón erguido en fiera.


Saber de ti desde vidas y tiempos inmemoriales
me hace hombre loco,
de una locura espeluznante.

Para seguir tentándote,
por restar aquí esperando,
hecho carne en deseos soy.


Llegarás sediento cuando te libere,
maniatado que estás del infortunio de
no saberte, de no hacer de ti
conocimiento puro.

Ahí es donde reside mi lucha,
aquí es donde enloquece mi anhelo.

Llegarás cansado de tiempo,
te recogeré con rabia en mi pecho.

Y para cuando eso haya sido,
el mundo todo podrá al fin arderse en el infierno.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Como la luz que fluye



En este gran teatro del mundo en el que nos empecinamos en estudiar con ahínco los papeles que nos otorgamos para dar una imagen al exterior ligeramente alterada de nosotros mismos, existen diversos factores que hacen a las personas interesantes, virtuosas, incompletas, divertidas, vacías, amargas, apasionadas, rebeldes, idealistas, flexibles, soñolientas, impasibles, insoportables y así podríamos continuar hasta el infinito y más allá.
Para simplificar o dar intensidad a todo el universo de matices que tienen las personas con las que me relaciono, hace algún tiempo que desarrollé técnicas que me ayudan a situar a cada una de ellas en su lugar dentro de mi mente y corazón.
Una de esas técnicas es la que, a simple vista, puede parecer más escurridiza e imperfecta, pero que, sin embargo, es efectiva: la de los colores. Para entenderlo, imaginemos la bandera gay con sus siete colores temblando mientras ondea con la libertad que le corresponde y luego, añadámosle la cantidad de millones de matices que existen entre unos colores y otros. Echando mano de todo este abanico cromático, mi mente le otorga a cada cosa un color, y para mí eso es indicio del agrado o disgusto que cada cosa me provoca. Como las personas no pueden ser menos, estas también los tienen, y sus colores varían en función de factores más complejos que podemos discutir entre todos en otro lugar y momento.
Atendiendo a la gama policromática, las personas situadas entre los colores más cálidos (naranja, rojo, amarillo), son las que más intereses me despiertan y, por el contrario, las personas de entre colores más fríos (azul, lila, gris), son las que más se me alejan por cuestiones de química.
Como todos sabemos, los colores cambian al mezclarse mientras danzan entre ellos y, así, todo el mundo puede pasar de un bando a otro dependiendo de cómo se vaya gestando todo entre nosotros.
Otra técnica muy relacionada con el color es la de la luz (más sofisticada y con menos margen de error). Esta última creo poder afirmar que está muy extendida, aunque tenemos que estar despiertos y volcados en las relaciones humanas para desarrollarla con éxito. Se trata de captar la luz que generan las personas para con ellas mismas y para con los demás.
Todos poseemos una fuente de alimentación propia que nos carga con luz a la que también podemos llamar energía, por ejemplo. Yo la prefiero así, como luz. Esta luz proviene del interior de nosotros mismos y hace que en nuestras relaciones tengamos impresiones positivas o negativas con los que nos codeamos a diario. Nos da información adicional del que tenemos enfrente y esta información es sustancialmente más fructífera en datos que las palabras, la voz, las ideas o los gestos que cada uno acarrea consigo. Dicho así suena un poco metafísico y con poca solidez, pero nada más real (os lo juro). A mí me pasa y me consta que a otros también, por lo que no se os ocurra tratarme de tarado.
Todas las personas estamos hechos de chorros de luz que hacen de focos de atracción entre los que transportan rayos compatibles entre sí. Toda esa luz emana y recorre cada porción de nuestro cuerpo y no sabemos más de ella que por revelación. Así, hay personas de luz áspera, grisácea, tenue y soñolienta…, pero también hay personas que rebosan alegría de luz. Luz apacible, tierna, sensual o elegante o lo que se os ocurra. Y es que somos pequeñas luciérnagas hechas de átomos policromáticos y luminosos que nunca han formado parte de nuestra previsión o conocimiento. Yo suelo leerla en los ojos de la gente y no falla. Hay que mirar más a los ojos y entregarnos a las pupilas de los que nos arrojan luz de la buena para andar seguros de con quién nos relacionamos.
A partir de ahora, sabed que hay que andar por ahí con un espectrómetro de última generación. Así que, para los que no lo tengáis todavía, encargadlo. Probad en los chinos de debajo de vuestra casa que seguro los tienen , pero si no es así, no desesperéis porque haberlos, haylos.