Se caen las voces como sueños y esta tarde lánguida meciéndome el recuerdo. La solitaria memoria sacudiéndose en desechos es paisaje que atraviesa mi mirada. Mis dedos soñándote al trasluz, donde lo lejos.
Hoy todo me recuerda que la vida se repite a sí misma,
y yo que no puedo decirte y tú que estando tan lejos...
Entonces, ¿para qué la palabra?
En sucios versos se deshilvana la luz de esta tarde y ya nada puede ser prodigio.
Todo vuelve y se va por donde vino
y estoy solo porque tú estás lejos.
La hiriente lucha quiere sesgarme
y no te veo,
Y no te siento.
El tiempo cifra la culpa de lo no dicho y nos llena de anhelo con lo que nunca fue, con lo que pudo haber sido.
No supimos entendernos mientras nos buscamos y esta tristeza que en medio de la tarde me azota y carga con reproches.
Me amontono en esta suerte de esperanza baldía donde el desierto era un viaje a tu cima puesta ahí para que yo te culminara.
El vacío se desarrolla y crece
en arenas por mi boca.
Un alud de vientos te trae y te devuelve doliéndome, cabalgándome la memoria.
Si ni tú ni yo podemos cantarlo, ¿para qué el verso?,
¿para quién la palabra?

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