domingo, 28 de octubre de 2007

Anecdótico


Contra todo pronóstico, me he pasado media tarde del sábado y parte de la noche en el hospital acompañando a mi padre (nada grave). Las horas de espera (acabo de llegar a casa) han sido interminables y me ha dado tiempo a todo. He aprovechado para abordar gran número de páginas de la novela en la que estoy atrapado, Detectives salvajes de Bolaño, he estado pensando en mí y hablando conmigo al tiempo que me he escapado a comer algo y, cuando he vuelto, incluso me ha sobrado espacio para analizar las conductas de algunos espécimenes humanos que son, cuanto menos, interesantes de observar, sobre todo para saber hasta donde no debes llegar en esta vida para no perder la integridad física y moral.
Las conclusiones son las que siguen: la sala de espera de un hospital es un laboratorio sociológico apasionante. Allí se cuece de todo. Los hay que, enfermos de verdad, y sin tiempo para crisparse, esperan pacientemente su turno, pero lo que más abunda, precisamente, es todo lo contrario, es decir, el "energumenismo" visceral in extremis. Y es que hay seres que reunen en sí mucha negatividad gratuita a la mínima que se les presenta la ocasión. El caso más claro ha sido el de un chico de unos 30 que ha llegado una hora después de nosotros y que, al cabo de media se ha puesto a gritar y a golpear el mobiliario creando una atmósfera muy fea y poco didáctica (había mucho niño con asma o fiebre). Los insultos proliferaban en su discurso, abandonado por la lógica, y ha acabado por convertirse en reo de una extraña y endemoniada conducta y, aunque todo ha terminado de forma feliz, el caso es que el mal humano se ha ido contagiando entre los pacientes y sus acompañantes. Como una pandemia, los congregados se han visto enfundados en una especie de crisis nerviosa que poco les ha ayudado. Discutían con el aire, pegaban golpes en los bancos, resoplaban, vomitaban palabras malsonantes y, a regañadientes, han aguantado hasta escuchar su nombre por megafonía.
Ante tal panorama, me he sonreído por dentro al pensar en unas cuantas soluciones posibles al llamado mal. Entre todas las que he pensado, menciono la que más me convence y que tiene que ver con armarse de buena paciencia y enrolarse en una buena lectura. De este modo, el tiempo deja de ser una losa insufrible y, de paso, le damos mecha a la imaginación y cuerda al intelecto, aunque vista la fauna allí reunida, no sé yo si eso les convencería del todo. Pero hay que decir que, en su defecto, existen otras muchas como abstraerse, desarrollar técnicas de respiración, hablar de todo lo pendiente con la persona que tienes contigo, a tu lado, o acabar con todos los sudokus del mundo.
Que nos faltan destrezas para no desequilibrarnos, de todos es sabido, pero el personal sanitario que trabaja sin recursos materiales ni humanos, no tiene culpa de nuestras carencias. Trabajan lo mejor que pueden (no he visto que parasen ni un momento) y, en muchos casos, dominan sobremanera el lenguaje verbal y no verbal emparentado con la empatía. Y ya que menciono al personal sanitario, tengo que decir que me ha encantado encontrarme con mis compañeros, muchos de ellos, buenos amigos que me han dedicado lo mejor que tienen al verme. Me ha encantado ver a mis médicos preferidos y reencontarme con J, por ejemplo, que me ha dado la gran noticia de que va a tener gemelos con P. Me ha encantado también ver a N a E, D y J (siempre es un regalo que así sea) y..., claro, me falta mencionar a media plantilla que esta noche libraban, pero estos son con los que me he encontrado y aquí están. Me quieren y yo también les quiero a ellos porque tantas guardias juntos nunca pasan en balde y siempre la piel nos recuerda que nos hemos encontrado, afortunadamente, a lo largo del camino.
A mitad de este post, me he acordado de un material fotográfico de mis tiempos de celador. Se me ha ocurrido que podríamos convertirnos en una productora y crear una teleserie al más puro estilo americano, emulando, por ejemplo, la gran de grandes: Grey's Anatomy. (Ummm...) estoy pensando en el reparto... De momento, se abren inscripciones al casting. Yo, por supuesto, soy el prota divino de la muerte, porque soy yo quien manda en mi imaginería y por tener experiencia acreditada con foto:






Yo hace dos años rematando horas muertas en una noche de guardia. Nada mal me queda el uniforme, ¿verdad? :P

6 comentarios:

Silvia dijo...

El traje Blanco
Es curioso que se llama pijama no? Cómodo es, pero lo que surge después no siempre es comodidad!Verdad? Nos enfrentamos a la enfermedad, al dolor, a la tristeza, a la soledad.. No es la nuestra, es la de los demás pero se contagia, penetra en los poros y no siempre es fácil desacerte de ese sentimiento.
Gracias al paso de gente como tú por este mundo sanitario, por ese micro clima que es el Hospital de Blanes, muchas noches se llenaron de tantas pequeñas cosas, de esa sencilla alegria de la que habla Luz casaL!!
Después de 10 años luchando cada noche contra el sueño y agradeciendo tantos momentos, tantas conversaciones, sigo ahí!! Y puedo asegurar, que es un aprendizaje que ha marcado y marcará mi vida.
recuerdo tus palabras de apoyo, ¿Silvia, pero tú sabes la falta que hace gente como tí aquí!No puedo evitar emocinarme, y por eso y mucho más sigo ahí, queriendote, apoyandote y dejandome querer por tí!!
No trabajé aquella noche que tu estuvistes con tu padre!!Ahi, si estoy, no tardas ni 10 minutos en entrar, pero me alegra que te sirviera para recorrer un camino por tu memoria y reencontrarte con gente que todavia te recuerda y te quiere. La próxima, me llamas!!
Un beso enorme!!

Anónimo dijo...

Una gran historia descriptiva de algo que nos puede pasar un día cualquiera que por desgracia acabemos en la sala de espera de un hospital. No mas que curioso. Me he sentido reflejado, pero como paciente...
Yo quiero salir de fiesta contigo vestido de blancos pijamas. Tiene que ser desconcertante bajo una luz de esas azules que intensifican el blanco.
SAlus y algun que otro abrazo.

David dijo...

Silvia, te agradezco muchísimo tu comentario porque tus palabras me traen hasta aquí conversaciones que teníamos en el office de la cuarta planta. En aquellos momentos yo luchaba por entender esa última fase que forma parte de nuestro ciclo vital, la muerte. Pude vivirla muy de cerca en la cuarta planta, de noche, de día... Allí también estaba el dolor de los cuerpos marchitados por la enfermedad, el sufrimiento de las familias... Aprendí tanto con vosotros!... No sólo de muerte, sino de vida, porque en un hospital también se nace de muchas formas. Pequeñas grandes cosas...
La próxima vez prometo llamarte para que me cueles, aunque espero que no haya próxima vez.
Oriol, esperaba que vinieras por aquí. ¡Gracias por aparecerte! Los pijamas nos los ponemos cuando quieras. Eso sí, con un mínimo de tres copas encima. La misma Silvia puede tomarlos prestados para nosotros y, en esa escapada a la capital que tenemos pendiente, nos podemos meter en el papel con mucha alegría. De hecho, tú tienes planta para médico de teleserie. Con esto, te marco un punto para el casting. ¡Más abrazos para ti y los tuyos!

Silvia dijo...

Oriol!! Guapísimo!! Uf!! Al final he dejado pasar el tiempo!! Claro que sí, ya sabeis que yo estoy dispuesta a lo que surja, aunque lo de ponerme el pijama con tres copas no sé!! Mejor.. no lo pienso!! Pero el resto, me parece genial!!!
Un beso enorme!! A ver si nos vemos pronto!!

dioscórides dijo...

David, he entrado en tu mundo, a través de la Revista Mistra.
Como bien describes, la impaciencia de algunos personas, se convierte en una premisa para desperdigar su ira, sin razonar las consecuencias que puede ocasionar su “estado”, a él mismo y a los demás.
De acuerdo, también, en que las salas de espera de cualquier servicio público, son un laboratorio sociológico, por mi profesión y mis esperas administrativas en distintos organismos oficiales, me han dado a observar cantidad de situaciones, algunas hasta esperpénticas.
Totalmente de acuerdo contigo en la solución: la lectura, habida cuenta la cantidad de horas de espera, según el caso.
Buen blog.Saludos.

David dijo...

Dioscórides, gracias por pasearte por aquí y dejar tu rastro. Me alegra que te guste todo esto. Por aquí te espero.