Acabo de llegar a casa después de salir de una película de esas que no pueden no dejarte indiferente. Sí, vengo del cine, y a juzgar por mi estado de embriaguez reflexiva, el pago en taquilla de los 5 euros y pico ha resultado ser una inversión inteligente. Toda una hazaña, teniendo en cuenta la habitual cartelera de Blanes... Al salir de la sala he empezado a lidiar entre dos mundos que a menudo se superponen, el de la realidad y el de la ficción. Ya bajando las escaleras exteriores y de camino al coche, una ocurrente hiper actividad cerebral se ha empezado a apoderar de mí. Imágenes, secuencias reales y ficticias, situaciones varias aparentemente inconexas entre sí, desajustes, latigazos de memoria, reajuste de creencias y valores..., toda una conjunción de diversos elementos que no han venido a visitarme por casualidad. Y es que en algunas ocasiones, el resultado se convierte en una sacudida de conciencia grata, casi una guía rumbo al descubrimiento de cosas que te pertenecen como parte de tu identidad y como individuo dentro de una colectividad mayor (¡cómo me está cundiendo la película!). Cosas a las que habías prestado atención sin demasiada pasión, pero que, sin embargo, forman parte de nuestro día a día y nos afectan a todos (fijaos bien en lo que os digo: a todos).
La culpa de todo esto la tienen Icíar Bollaín y el largometraje en cuestión, Mataharis (por cierto, supongo que ya lo intuíais, pero por si las moscas, lo recomiendo encarecidamente).
No os voy a desvelar el argumento porque no sería ético por mi parte. Únicamente os digo que la película reflexiona entorno al abismo comunicativo que a menudo se abre entre las personas con las que en principio más nos "relacionamos", de lo poco que nos han enseñado a comunicarnos a pesar de tener todos los elementos necesarios a nuestro alcance, de lo poco que nos esforzamos en aprender a hacerlo por nuestra cuenta, de la honestidad, de lo impasibles que se tornan algunas relaciones sentimentales, de la deslealtad y de lo aislados que podemos estar en un mundo cada vez más desecho y congelado. Y todo ello con el legendario tema del amor rondando cada una de las escenas. Con sus mases y sus menoses el amor..., dueño y señor de sí mismo que consigue construir castillos que a veces son de hierro, a veces de cartón y otras muchas veces de naipes (¡qué caprichoso es!). Y yo me pregunto: ¿es que hay algo que no se mueva por amor? Seguramente más cosas de las que me imagino, aunque me cueste aceptarlo. Como la película, que me cuesta aceptarla pero que está ahí, en una ficción no tan ficticia que sirve como tarjeta de embarque hacia el dentro de nuestras conciencias. Especie de lanzadera para que le demos vueltas al coco y disfrutemos un poco de ello, aunque a veces duela.

3 comentarios:
Bon dia Ramos
Sento no haver vist encara la pel·lícula Mataharis d'Icíar Bollín, en algunes
ocasions quan surts del cinema et trobes en dos móns que se solapan, la realitat i la ficció,
com tu dius " latigazos de memoria" es cert que segons quines peliculas, et descol·locan
del mon real, i necessites un espai de temps per torna a la realitat.
Suposo que això es degut a la capacitat que te cada un de endinsarse al personatge i al tema,
quan en passa això sento una entranya sensació en al meu cos que necessito na entrant en al mon real
poc a poc, dons acabes sentin la sensació de haver tingut una nova experiència.
El abisma comunicatiu es crea en al moment en que deixem de actua segon als nostres sentiments i
criteris, no se tracta de aprendre a comunicarse, se tracta de actua amb naturalitat, actuen axis no
ens podem equivoca.
Et preguntes ¿es que hay algo que no se mueva por amor? actualment al mon esta intentan viure
sense amor, pro als humans no som res sense amor, si volem que al mon canvi tindrem que
tornar a recuperar aquest sentiment que al hem nat olvidan per que ens fa vulnerables i això ens
fa por. Vivim en un mon en que expressar als nostres sentiments es un signa de debilitat, per això
ens posem la pantalla i ens pensem que som mes forts quant es tot lo contrari, ens anem debilitant
cada cop mes.
Hola David, un saludo "de borde a borde" -un mal chiste-. Ojalá vaya a ver la película y me conmueva la mitad que a ti. ¿Ha ido bien Calderón en Palafolls?
Quim, completament d'acord amb tot el que dius, tot i que l'abisme comunicatiu del que parlo és d'un altre caire, més complexe encara (si cabe). A veure si veus la pel·lícula i en podem parlar del tema com a bons tertulians. Segur que acabem sol·lucionant el món...
Romeo, Calderón ha sido una auténtica decepción. No por la calidad literaria indiscutible de su texto, sino por la mala ejecución y puesta en escena de la compañía. Los actores eran malísimos y no hacían justicia a la pieza (un sacrilegio). Para más inri las sillas eran de plástico (2'5h de función) y estábamos acompañados por el grueso y el peso de la tercera edad (nosotros hemos bajado la media considerablemente). Aún así, nos hemos reído mucho.
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