Hay un niño hablándome lejos. Niño hecho de agua que juega con un barco de madera en este tránsito hacia su discurrir, y ríe. Ríe.
Niño agua, gota a gota. Niño río.
Sopla y ríe el niño, y sueña con ser capitán de ese barco de maravillas mercantiles.
Cargado de sueños en ese mismo soñar, timoneando está el niño. Llenándose, irguiéndose en su estarse llenando. Niño lecho de río que se llena como se llena la vida cuando esta se despliega a lo lejos entre juegos, experimento y ensoñación.
Desde ese sueño, el niño también habla como de muy adentro, tan adentro que casi no puede oírsele de sordo que te deja su palabra. De puro verbo en su estar vibrando. En su estar llenando.
Baila en medio de su inmensa quietud como lo vienen haciendo los mares que, a trocitos, antes fueron ríos. Baila y danza, y sopla la brisa fresca de luz que embelesa en el crepúsculo.
Más acá se desliza lentamente en su estar fluyendo. Se desprende lentamente en este viaje, en este río que germina donde minutos antes lo había estado haciendo su voz.
Ahora crepitan suavemente las ramas de su cauce y sigue desprendiéndose con sus manitas. Aquí coloca una rama que se proyectará a lo lejos. Aquí los frutos y más allá la flor.
¡Qué queréis que os diga!, a mí me parece un prodigio estar mirándole su misterio, estar escuchándole su silencio. Estar pensándole.
Miradle ahora como sigue. Aquí dispone y propone. Un poco más allá inventa y dicta, y cualquier cosa que sucediera después, fuera una brutalidad incendiaria, un vaciarse, un desbordarse de su cauce de niño río que garabateaba arbolitos de los que hacen nacer cosas llenas de verdad.
A veces, en mitad de la noche, el niño llora porque se le ha escapado, río abajo, el barco de madera. Es entonces cuando se queda largamente silencioso y ausente como lo vienen haciendo los ríos desde siempre. Luego grita y llora desde su fondo de niño río que antes reía.
Se detiene y vuelve a mirarme más acá de la distancia, aquí, en donde se envuelven las almas. Sus labios, balbuciendo palabras de agua hechas del llanto hondo. Su corazoncito nada en la zozobra y lanza un no sé qué, y envueltos en esa soledad casi humana, él me mira también desde lejos haciéndome líquido. Me lanza sus porqués sin respuesta y sigue llorando ya sin barco y sin río.
Ya sin niño.
Ahora su corazoncito es mío y solloza, y me mira gota a gota mi cuerpo largo como un interrogante que, incrédulo, patalea la vida. Me descuelgo sin desprenderme ya. Se me olvida que he sido un niño, que he sido un río y que supe bailar como lo sabe hacer el mar en su solipsismo de invierno.
Más abajo vuelvo mis ojos hacia un punto inerte, agotado de no jugar viajando con mi barco.
Cansado.
Cansado de mi no nadar
de mi no estar nadando en mi río arriba...
"Cuando nadie me ve" de Alejandro Sanz. Por supuesto, mi lectura hubiera hecho producir un vídeo clip completamente distinto. Evidentemente, sin historia de amor de por medio o al menos, no una historia de amor a secas.
Veo por primera vez el vídeo y me decepciona que sea así. Siempre entendí esta canción de otra manera, siempre la llené de millones de matices vinculados a una experiencia inequívocamente unipersonal, forjada de una dialéctica cifrada en el desdoblamiento de la voz narrativa (o cantante). Nada que ver y absolutamente en desacuerdo, pero es la canción que escucho para este texto (la única que puede estar aquí).

4 comentarios:
“Cuando nadie me ve puedo ser o no ser”
“pongo el mundo al revés”
El síndrome de Piter Pan nos acompaña a lo largo de nuestras vidas. Algunos nos conduce el miedo de perder este sentimiento, otros lo van dejando por el camino y nunca mas lo vuelven a recuperar. Si no se ejercita como cualquier otro sentimiento, el viento lo acaba difuminando y finalmente uno ni recuerda que existió “Se me olvida que he sido un niño, que he sido un río y que supe bailar como lo sabe hacer el mar en su solipsismo de invierno.” .” Ha veces soy tuyo y ha veces del viento”.
¿Síndrome de Peter Pan? jajaja!!! Más o menos convivo con él, aunque hace algún tiempo había dejado de alimentarlo."Se me olvida que he sido un niño..." !Casi es verdad!
Sencillamente excelente,cuanta literatura fluye por tus venas y que placer leer tus escritos.
Y ojalá ese rio de tus conocimientos literarios no se seque nunca y nos riege con más o menos intensidad nuestros secos campos del saber.
Jotabe, ayer una amiga me dijo que es mejor ser agradecido que dar las gracias. ¡Pues eso!
El placer es compartido porque al compartirlo (como pasa con la felicidad), se hace posible.
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