lunes, 24 de marzo de 2008

Coleccionando versos




Coleccionar versos: Para, sin lastimarme,/ cavar una ribera de luz dulce en mi pecho/ y hacerme el alma navegable. (Rafael Alberti)


En estos días en los que la soledad ha venido con la verdad de sus caricias y con su oleaje a visitarme, he trepado por aquel misterio primigenio anhelado por los hombres.
Las palabras (esas criaturas insaciables), han sido mis aliadas.
Una suerte de palabra poética me ha arrullado con el mismo temblor con el que tiemblan los niños ante el descubrimiento; con esa suerte de extraña esperanza que, atada al delirio, une a partes iguales al hombre y su deseo; con esa pasión en donde tiene lugar la palabra totalizadora, irguiéndose en abrazo total con todo lo que abrasa sus significados.
La verdad solitaria de las palabras me trae en incontables ocasiones a dialogar con Rafael Alberti. Todavía me vienen a la memoria de niño sus últimas apariciones en televisión, postrado ya en la silla de ruedas. Su carácter enigmático y el blanco nieve de sus canas me destinaba una imagen del poeta más que entrañable. Entonces no podía llegar a imaginar que muchos de sus poemas se quedarían a vivir en mi alma para siempre.
¿Qué me habrá llevado años más tarde a creer tanto en sus versos? ¿Será porque gran parte de su obra está regada por sus lágrimas? ¿Será porque Alberti supo captar muy bien la música que destiló en los suyos (sus versos)? ¿Será porque su destinatario fue, en última instancia, el hombre de la calle? ¿Será porque se valió como pocos del fulgor de las palabras escrupolosamente escogidas en las que constantmente retumban los golpes antiguos de su mar gaditana, también antigua? ¿Será porque su poesía es radicalmente abierta o, simplemente, porque colecciono versos?

Sea como fuere, siempre me gustó la imagen, la generosidad suscitada en su hacerme el alma navegable. Para mí estas cuatro palabras explican todo su recorrido poético y vital.
Y ahora la pregunta implacable que, como una gota malaya, zarandea mi pensamiento: ¿Lo llegaría a conseguir? ¿Se llegaría hacer el alma navegable?

1 comentario:

quim dijo...

EL ÁNGEL BUENO

Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.

No aquel que barre cielos sin defensas,
luceros sin cabañas
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caidas de una mano,
un nombre
un sueño
una frente.

No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.

El que yo quería.

Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.

Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.

Para, sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.