sábado, 8 de marzo de 2008

Recuerdo de un "Largo lamento"

(...) un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

"La memoria en las manos", Pedro Salinas.

Todo queda absorto en las imágenes
de una memoria que palidece aturdida,
que emboscada en un dolor trémulo,
reafirma las pérdidas que dibujan
esta estela de recuerdos.

Ella misma, -la memoria-,
se paraliza
en mitad del sueño.
Mitad sueño,
mitad elegía.
Ojerosos sus relieves
de niña rota se me aparecen,
a la par que me sufre y hiere,
a la par que le duelo y sangro.

Agazapada está,
incrédula esta memoria.
Pero el ser que la alberga,
con cólera pelea.
Pelea por rabia,
Pelea
Pelea...

El sustrato de su vida es feroz
y en él se cifran sus derrotas.
Se extienden infinitas respuestas
con infinitas líneas,
que de vacías, se vuelven locas.
Las respuestas son
quienes le azotan.

Y no se acaban nunca.
No se acaban nunca...

Todo lo que perdí me devuelve
en ser humilde que
enloquecido mira ahora sus despojos.
Sentado en estos bordes,
en este humilde rincón
donde la ensordecedora quietud todo
lo desborda, donde resurgen
las heces hirientes de tu pérdida,
aquí,
donde se posa ahora otra derrota...

La locura de perderte,
la de tu afilada hoja suave de pérdida,
en esta tarde es la que me acribilla,
mientras yo me deshago
en todos tus recuerdos,
mientras los recuerdos
me soplan hacia oscuras sombras.
Insoportable se vuelve el zumbido
de la memoria con tu recuerdo,
ebrios recuerdos por los que
me maldigo en esta espiral de tarde sin sentido.

Los días pasan, y yo quisiera
mientras pasan, repararte.
Recorrer este desierto vacío y vil,
recorrerlo y que me lleve.
Que me lleve hasta aquel lugar
apartado del mundo en el que ansío quedarme,
en el que podría esperarte sin demora
sin la quejosa pesadumbre de las prisas,
sin la despiadada crueldad
que a veces tienen las cosas.

En ese lugar me quedaría expectante
imaginando, inventándome una nueva llegada de ti
en la que, novedosamente regresarías
siendo la misma, pero suavemente distinta.
Distintos también los dos,
Siendo lo que hemos sido más
lo que nunca dejamos que fuera.
Así yo te esperaría,
así me reuniría definitivamente contigo.
Así,
mientras te devuelvo lo que es tuyo,
al tiempo que hacemos posible todo lo
que debió ser nuestro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amargas lágrimas vierten mis ojos,
al ver tus y sus labios unidos y rojos.
Y mi pena se esconde en sonrojos
q sueltan mis cachetes furiosos.

lAtA sEcA...