Son las 2:45 pm, y que no pueda dormir de calor después de un día tan descafeinado como el de hoy es una interminable tortura. He repasado ya mentalmente todo lo que me queda aún por hacer antes del sábado. He leído 50 páginas de un tirón de las que sólo he podido sacarles sustancia a un total de un 10%. Me he levantado como cinco veces y caminado hacia ninguna dirección. Me he bebido como litro y medio de agua en hora y media y luego, levantado tres veces más al baño. He intentado poner mi mente en blanco fracasando estrepitosamente en el intento. He convocado el mismo número de ovejas que habré visto en toda mi vida: mil (creo), aunque sin éxito (es obvio). He respirado hondo y pausado, dado masajes faciales y, después de la fatiga, me he ofrecido un poco de renuncia y paciencia para compensar la mala ostia en la que ha acabado todo este malestar. Y lo peor de todo: que este no ha sido más que uno de los últimos coletazos de una jornada (la de hoy) que no ha dado mucho más de sí.
Hay días en los que todo te sale mal y días en los que todo te sale inexplicablemente bien. Hoy ha sido de los primeros. A saber: no alienta demasiado que:
1. Limpies el coche que te acabas de comprar hace escasos cuatro meses y que salgan a relucir arañazos que, encima no has hecho tú, y que parecen reproducirse hasta el infinito y más allá mientras les pasas las yemas de los dedos con la esperanza de que desaparezcan por arte de magia.
2. Que se te caiga un empaste con escasos cinco meses de vida después de dejarte media fortuna en el dentista durante todo el año.
3. Que te matricules en la universidad con el buen propósito de cultivarte y que una de las dos asignaturas que has escogido sea íntegramente en inglés. Que tu inglés sea tan macarrónico que apenas dé para llorar. Que en la descripción de la asignatura no digan ni media palabra al respecto. Que hayas pagado 120 eurazos por ella (material aparte) y que no tengas opción al cambio.
4. Que te falten dos días para volver a estar oficialmente en el paro y que tu cuenta corriente se vaya mimetizando demasiado bien con la crisis económica.
5. Que te vayas a la pelu para subirte la autoestima, y por necesidad (que ya tocaba...) y que en mitad del asunto te entre la locura y decidas raparte al 2 toda la cabeza.
6. Que tu new look te quede peor que mal.
7. Que dentro de cuatro días viajes a Senegal (país endémico), te tomes la vacuna oral contra la malaria que te ha prescrito el médico de acuerdo con la recomendación sanitaria de exteriores y que el susodicho comprimido tenga mogollón de efectos secundarios (entre ellos, brotes psicóticos).
8. Que no haya aprendido todavía a reírme de lo accidental que tiene la vida en estos casos y sólo sepa llenarme de ira como quien no ha entendido absolutamente nada en todos estos años. -¿No parecía que sí?-.
9. Que desagradecidamente descargue todo mi mal humor de niño tonto con quien menos se lo merece.
10. Que ahora mismo necesite los abrazos que me envías por mensaje y que sea tan egoísta que no me sirvan porque son en diferido y virtuales (¡Qué culpa tendrán tus brazos de estar lejos!, ¿eh?).
11. Que necesite tu sonrisa, lo que me haces reír de alegría a veces. Que no estés.
12. Que decida ponerme a escribir porque me cura y que sólo me salga esta birria de post cutre y cargado de tedio mientras voy haciendo una maleta que no sé hacer.
13. Que mientras la hago (la maleta) me falten cada vez más cosas que no tengo o no sé dónde las he dejado por última vez.
14. Que todo esto de escribir mi hastío en un post me parezca una profunda gilipollez que lleva implícita mis imperfecciones y debilidades (como buen ser humano que soy).
15. Que lo haga público. -¡¿y qué pasa?!-.
Creo que mi blog y yo vamos a necesitar unas vacaciones. Ir a África nos viene muy bien como excusa, porque para eso siempre es mejor una bitácora de papel y lápiz como las de antaño: más directa, tocando con humildad las palabras en carne viva.
Volveremos a reconciliarnos a la vuelta. No sabemos cuándo (todo depende de cómo volvamos). Sí sabemos, casi con exactitud clínica, que vendremos siendo lo mismo, aunque muy diferentes y que el que escribe tendrá un año más. Es decir, 26. Todo lo demás, al igual que la vida, se extiende en la infinitud de nuevas páginas en blanco por recorrer.

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