domingo, 27 de abril de 2008

Estamos envueltos en piel y puedo respirar todo lo que eres. Me renuevo en la aventura que tiene el delicado tacto de tu torso desnudo. Me descuido y desaprendo, me olvido y desconozco. Una posibilidad de emoción viene a visitarme con el alma encendida y me acerco a lo que de redondo y completo tienen las cosas deseadas cuando ya nada irrumpe en su estar haciendo su vida. Con sigilio y seducción se modulan todos los movimientos por los que circulamos, asumiendo nuestra realidad redonda y que succiona. Es entonces cuando me sobrecoge una suerte de tristeza alegre. Más alegre que triste. Pero tristeza, al fin y al cabo...
En esta parte triste me descubro anhelando lo que quisiera decir mañana cuando intente escribirnos en la risa con la que ahora celebramos juntos el mundo. Y, si estoy triste, es porque esa risa no puede caber en lo pequeño que tienen las palabras.
Tampoco cabe en ellas lo que a la vida viene junto al rumor espontáneo que tiene tu corazón, lo que de libre tiene tu baile riguroso con las cosas y la gente. Caber no puede en las palabras lo que de verdad descubren tus ojos a los míos, ni lo de tu locura. Y mucho menos lo que de misterioso hay en tu estar palpitándome en todo momento.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Tot un diumenge cantant lighthouse family i sense saber perquè, que agradable pot arribar a resultar descobrir el significat de les coses.