lunes, 7 de abril de 2008

A tu verdad

Que me sabe escuchar
y todo en ti queda en
tu brillo lento y continuo.
Bajo tu mirada,
variaciones tuyas y el pliegue
abierto de lo que te
me acerca como algo bueno.
Suave te intuyes y así es cuando
a breves mordiscos zarpas
el embrujo, con olor de ti,
que ahora -¡fíjate- se viene
correteando por el encima
de esta mesa en la que
ahora tú y yo nos compartimos.



En tu particular perseguirte
se afina la fuerza.
Eres despacio
lo que te recorre,
-¡y eso sí que me encanta!-.
Vives muriéndote cercana
a una locura que te hace
extraña,
sabiamente justa.

Si te quedas contigo,
punteas el correr de tu sangre
y te vas dichosa a hacerte
tú de algo lento.
Lentamente con la bondad lenta
que revienta y viene a ser tu
tu sola verdad.

Poco hay ya del temblor y la dicha,
del poder que tiene lo que se es cierto.
Tu atravesarme los cuerpos
en mi tiempo me hace libre,
y me devuelve al vuelo.

Quizá un café medio hirviendo
nos estará abrasando siempre
con ésta de aquí.
La que trae tus matrices.
La que a bocajarro
nos dispara siempre
con tus verbos.




Hoy, Barcelona, te echo de menos...

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