viernes, 28 de noviembre de 2008

Paseo vespertino

Me brindo un paseo sereno por las estancias del alma. Sufro y río a un mismo tiempo. Nado más que camino y me abraso con la luz del pensamiento. Esta cálida luz de la que soy preso.
Música, palabra y silencio.
Todo es lujo y calma en este no espacio, en este no tiempo. Y nado en una nada más que abundante.
Sigo poniendo al arte en un pedestal tan alto que incluso a veces no sé cómo subirme.
Y no me importa.
Ese es el secreto que comparto con la tarde, mientras ella sigue envuelta en su misterio eterno.
Nos hacemos cómplices en esta dicha y, a pesar de que yo sepa menos de fugas que ella,
en nuestra dialéctica de silencio hay una succión de algo por descubrir que más nos vale que reste inerme en su propia emboscada.






Un acontecimiento festivo me sigue manteniendo el fuego de la emoción. La de hoy es una noche de teatro.
Espero con paciencia la magia del comienzo. Clavado en la butaca me abandonaré al placer del engaño. Un texto al que se le inyectará vida volará hacia la platea. Quién sabe si con cierto...

Una vez haya caído el telón de la ficción, se volverá abrir el de la vida y saldremos destemplados hacia nuestra realidad. Después de que eso haya pasado, ya sólo me apetecerá una cosa: viajar junto a la noche hacia su vasta locura...

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