
En el coleteo de la tarde los dientes
sostienen todavía el bombeo de tu sangre.
La saliva aventurándose en las papilas
como viaje único que deja todo su sabor en mi boca.
Una porción exquisita de tu cuerpo completo
reposa ahora en mis labios.
Hacia dentro, la fiesta hace
blandirse en toda,
la lengua.
Estrépito de la piel.
Temblores que dan fe de tu halo
después de despedirnos.
Aleteando todavía está el sueño,
ilusión como de agua única
que nos filtra el cuerpo.
Retoño de luz, zumo del sol que
revienta en humedad nuestra tierra.
Redobles de la última luz
en esta tarde hecha con tu misterio.
Expresión tardía
de un insistir en tu dentro
que me deja enloquecido y
maniatado a mi particular
desearte en silencio.
Un volverte hacia mí que crepita mientras
continúas expresándote con vigor en mis labios.
El crujir de tus pisadas
que suenan todavía en lo cerca.
Quisiera no llegar nunca al luego.
Al luego de quererte.
Luego de después de tus brazos.
Pero no.
No, de momento.
Los sueños garabatean aún.
Una curiosa expresión
de levedad
posándose en los restos
que dejan tus impulsos hechos con el aire.
Espasmos que nadan en saliva
ensombreciéndose ahora en el hueco
que deja el paso preciso de tu lengua por mi boca.
Lo que minutos antes inundaba
todo el trepar de tu cuerpo lleno.
La imagen completa y certera
que transita tu travieso
palpitar en mi boca.
En ella todo su juego.
Todo su jugo.
Voluntad de unos labios
revolcándose aún
por el rechinar que deja a su paso
tu último beso.







