El hombre es un lobo para el hombre
Thomas Hobbes
Escapo de las ficciones por unos momentos y paso a hacer las funciones de cronista de un suceso que ha tenido lugar hacia los albores de este mismo mediodía. Pero antes de adelantar acontecimientos, quiero contestar aquí mismo (a la vista de todos) a boris, que tan activo y perspicaz se muestra en cada uno de sus comentarios, y a anónimo, que también me acompaña (como felizmente me dijo una amiga ayer), a estar solo. Es a ellos a quienes comento por la sencilla razón de que han sido ellos los autores de los dos primeros comentarios que he recibido con relación al post de esta mañana. Quiero contestarles aquí y no en comments porque mi respuesta va un poco al hilo de lo que más abajo voy a castigar, eso sí, sin dar muchos detalles al respecto por guardar un poco el sentido de privacidad, esa desconocida que todos hemos ido perdiendo con la lacra de los reality shows en estos últimos años. Así que no esperéis una historia desmenuzada y desnuda al completo.
A continuación, respondo a los que me acompañan casi a diario al borde de la nada:
Boris y anónimo, en este mundo que a veces se nos muestra hostil y lleno de azotes imprevistos, el hombre puede sangrar y desgarrarse ante las adversidades que le destierran al atolladero. Una historia puede forjarse en la imaginación sin necesidad de ser cierta. Puede serlo a medias, pero eso no la convierte en más débil o en menos verosímil. La historia que en el post anterior se cuenta (Malcreciendo), es verdad ajena y, en parte también, verdad a medias, verdad inventada. No me pertenece, pero la he intentado hacer mía con más o menos puntería, que no sé... He intentado apropiármela e interpretarla, un poco jugando a ser actor (mi vocación frustrada). Lo que es cierto es que no es cierta. La ficción es así. Nosotros aceptamos las reglas del juego y, a menudo, el engaño supera con creces y en calidad superior lo real.
La prueba está en que esta noche podemos ser lo que quieran que seamos si perdemos el vértigo de los bordes hacia la nada. Nada nos pertenece únicamente a nosotros y todo el dolor ajeno puede ser también nuestro dolor. Eso es lo que he intentado hacer con esta historia. Apropiarme de un dolor ajeno con más o menos fortuna (eso podéis juzgarlo vosotros mismos).
Boris y anónimo, en este mundo que a veces se nos muestra hostil y lleno de azotes imprevistos, el hombre puede sangrar y desgarrarse ante las adversidades que le destierran al atolladero. Una historia puede forjarse en la imaginación sin necesidad de ser cierta. Puede serlo a medias, pero eso no la convierte en más débil o en menos verosímil. La historia que en el post anterior se cuenta (Malcreciendo), es verdad ajena y, en parte también, verdad a medias, verdad inventada. No me pertenece, pero la he intentado hacer mía con más o menos puntería, que no sé... He intentado apropiármela e interpretarla, un poco jugando a ser actor (mi vocación frustrada). Lo que es cierto es que no es cierta. La ficción es así. Nosotros aceptamos las reglas del juego y, a menudo, el engaño supera con creces y en calidad superior lo real.
La prueba está en que esta noche podemos ser lo que quieran que seamos si perdemos el vértigo de los bordes hacia la nada. Nada nos pertenece únicamente a nosotros y todo el dolor ajeno puede ser también nuestro dolor. Eso es lo que he intentado hacer con esta historia. Apropiarme de un dolor ajeno con más o menos fortuna (eso podéis juzgarlo vosotros mismos).
Sé que no era necesaria la aclaración, pues, como todos los que quiero que me rodeen y los que me rodeáis, sois sujetos decentes con mentes decentes y eso es tener mucho para los tiempos que corren. Es de agradecer atravesar el mundo en tan buena compañía, por eso desde aquí os doy las gracias. Gracias a todos los que estáis aquí y más allá de las pantallas.
Ahora vuelvo a la crónica y retomo el hilo roto más arriba porque hoy, sin embargo, en la puta realidad he vuelto a notar la perversidad del ser humano (ya desde aquí no hay ficción que sea posible). El caso es que alguien muy podrido y con muy mal karma se ha ensañado con una persona a la que quiero con toda la rabia de este mundo. Las acusaciones y el maltrato sufrido en las últimas horas no hacen justicia al alto contenido de humanidad que alberga su corazón, pues de forma desafortunada e indebida, le han hecho daño y las heridas le están haciendo llorar, poniéndola muy triste. Siento profundamente que se tenga que ver rodeada de indeseables que, por otra parte, nunca podrán estar a la altura de la nobleza que le pertenece y que le hace brillar, aunque hoy se encuentre envuelta en niebla.
Ahora vuelvo a la crónica y retomo el hilo roto más arriba porque hoy, sin embargo, en la puta realidad he vuelto a notar la perversidad del ser humano (ya desde aquí no hay ficción que sea posible). El caso es que alguien muy podrido y con muy mal karma se ha ensañado con una persona a la que quiero con toda la rabia de este mundo. Las acusaciones y el maltrato sufrido en las últimas horas no hacen justicia al alto contenido de humanidad que alberga su corazón, pues de forma desafortunada e indebida, le han hecho daño y las heridas le están haciendo llorar, poniéndola muy triste. Siento profundamente que se tenga que ver rodeada de indeseables que, por otra parte, nunca podrán estar a la altura de la nobleza que le pertenece y que le hace brillar, aunque hoy se encuentre envuelta en niebla.
Siento profundamente cada una de las lágrimas que han estado inundando sus ojos mientras me contaba y contaba azotada por los desprecios que le han propinado con muy mala leche. Y cada una de sus lágrimas ha sido una lágrima mía. Toda su tristeza, mi tristeza. Su pesar, mi pesar profundo también.
Y es que hay ocasiones en que la injusticia causa estragos y es entonces cuando el disgusto no hace más que acrecentar este malestar colectivo que tanto nos insulta a todos.
Y es que hay ocasiones en que la injusticia causa estragos y es entonces cuando el disgusto no hace más que acrecentar este malestar colectivo que tanto nos insulta a todos.
Sabéis que somos dueños y señores de nuestro propio mal, el que nos aqueja todos los días. Todos y cada uno de nosotros (desde el jefe de estado hasta el delincuente), somos un atajo de hipócritas. Vivimos siendo incapaces de impedir dar un paso más en esta trinchera de la deshumanización que venimos padeciendo. Nos cobijamos en la farándula del escaparate del consumismo para hacernos creer que una imagen debidamente estudiada puede salvarnos del naufragio, pero nada más lejos de todo esto. Nosotros, los hijos del consumismo, no hacemos más que domesticar fieras y el producto resultante es una repetición infinita de seres atormentados que no paran de hacerse daño unos a los otros. Llegados a este punto, no puedo más que acordarme del mito del buen salvaje de Voltaire sacado a la luz en pleno siglo XVIII. El buen salvaje, el ser indígena y primitivo es allí mucho más noble y humano que el hombre (in)civilizado. ¿Qué hemos aprendido pues desde entonces?
No sé qué clase de futuro nos espera, ni sé si seremos capaces de hacerlo aún peor, pero siento decir que estamos metidos hasta las trancas en nuestra propia mierda. Alimentamos este cáncer que nos pudre a todos con indiferencia y este acabará (si no empieza a hacerlo ya) por devastar el corazón colectivo que tendría que estar moviendo el mundo con un poco más de benevolencia. Me pregunto también por qué no aparece ni Dios cuando realmente debería hacerlo.
Como ya he dicho más arriba, no voy a dar detalles de los sucedido pues eso forma parte de una intimidad que no es sólo mía. Pero a juzgar por el tono y, como veis, hoy he podido comprobar una vez más cuánta razón lleva Hobbes al afirmar que el hombre es un lobo para el hombre, y es una pena que así sea. Es una pena y toda una mierda completa, dicho sea de paso, porque sentir que alguien es ajado y maltratado de una forma tan injusta, no tiene nombre de puro cruel que a veces puede ser el hecho.
Estaréis de acuerdo conmigo que, en ocasiones, compartir mundo con según qué tipo de personas o encontrarse en según qué ambientes o situaciones, resulta verdaderamente humillante. Mañana continuaré con mi labor ambiciosa y estúpida de encontrar sentido al género humano y me empeñaré, como en cada uno de mis días, en intentar ser mejor persona, si no me lo impiden antes. Hoy, para lo que con esta tarea se refiere, me tomo el resto del día libre porque lo único que quisiera después de todo esto que he visto es estar fuera de este mundo inmaduro, impersonal, austero e ingrato.
Como ya he dicho más arriba, no voy a dar detalles de los sucedido pues eso forma parte de una intimidad que no es sólo mía. Pero a juzgar por el tono y, como veis, hoy he podido comprobar una vez más cuánta razón lleva Hobbes al afirmar que el hombre es un lobo para el hombre, y es una pena que así sea. Es una pena y toda una mierda completa, dicho sea de paso, porque sentir que alguien es ajado y maltratado de una forma tan injusta, no tiene nombre de puro cruel que a veces puede ser el hecho.
Estaréis de acuerdo conmigo que, en ocasiones, compartir mundo con según qué tipo de personas o encontrarse en según qué ambientes o situaciones, resulta verdaderamente humillante. Mañana continuaré con mi labor ambiciosa y estúpida de encontrar sentido al género humano y me empeñaré, como en cada uno de mis días, en intentar ser mejor persona, si no me lo impiden antes. Hoy, para lo que con esta tarea se refiere, me tomo el resto del día libre porque lo único que quisiera después de todo esto que he visto es estar fuera de este mundo inmaduro, impersonal, austero e ingrato.











