viernes, 22 de agosto de 2008

¡Adentro!

...Y tú con él al darte: doy conmigo el universo
entero. Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de tí.
¡Adentro!
Miguel de Unamuno
Mientras el loco verano empieza a prepararse para el descenso, me asiento a caballo entre dos tiempos. Entre dos mundos. El viaje ha calado hasta el tuétano de mis huesos, me ha abierto en canal, me ha despertado muchos sentimientos y pensamientos que ya albergaban en mí de alguna forma, pero esperaban una oportunidad con la que mereciesen salir a la luz. Y, como ya dije, volveríamos (volvemos) siendo las mismas personas, pero completamente distintos.
Empezar a viajar cuando llegas a casa y deshaces las maletas no responde al orden lógico relativo a cómo se suceden las cosas en nuestro mundo compartido y, (claro), choca. Así son de caprichosos los viajes que se dan primero hacia el exterior y luego hacia adentro; muy adentro. Ahora comprendo que seguiré viajando por el corazón de África hasta que mi memoria me lo permita y que todos (los nueve viajeros) somos unos valientes. Mucho más de lo que pensamos.
Por un lado, el viaje a Senegal ha sido duro física y psicológicamente, pero por otro ha resultado ser toda una experiencia elevadísima que nos ha acometido el alma. Nuestros ojos, tan llenos de destino en un principio, se han visto vigorosamente recompensados. La fuerza bruta, violenta y profunda de la naturaleza africana y de sus gentes nos han dejado una vibración intensa para siempre. Pienso, por ejemplo, en todas esas miradas negras (sobre todo la de los niños) tan llenas de luz y vida, más intensas cuanto
más nos acercábamos a las entrañas de las zonas rurales, donde las familias viven con menos recursos. Su economía es básicamente de subsistencia, pero como reza la sabiduría popular: NO es más rico el que más tiene, sinó el que menos necesita. Esto último (al perder nuestras maletas), lo hemos aprendido muy bien. ¡Se puede vivir sin tantas cosas que creemos imprescindibles!... Perder las maletas nos ha enseñado tanto... Yo no era lo suficientemente altruista como para saber compartirlo todo (lo que se dice todo), ni lo suficientemente desapegado a lo material como para que no me irritara el fetichismo hiriente que sentía hacia mi maleta tras su ausencia. Y todavía me queda (gracias a la vida), mucho por aprender. Y como dice mi amiga Sil: lo que sucede, conviene...
En fin... Cientos de seres humanos se han cruzado con nuestros ojos. Muchos nos han arropado y acogido con gentileza y sinceridad. Humanamente. Al margen han dejado la historia sangrienta de una tierra arrasada por la sinrazón desmedida de los brutales imperialismos de occidente, de los que todavía hoy siguen pagando sus crudas consecuencias. En vez de mirarnos con el recelo que en nuestros pueblos provoca la otredad, nos han abierto, con la misma humildad que les ennoblece, las puertas de sus casas y territorios, para descubrirnos en la contemplación de una tierra que nos ha despertado inquietudes y, en el mejor de los casos, los deseos más profundos de universo. Cierro los ojos y pienso emocionado en el espíritu y el pensamiento de Nelson Mandela, personaje importantísimo de nuestra historia. ¿Será Mandela lo suficientemente influyente como para tener algo que ver en todo esto?
Hay momentos que lo dicen todo. Dicen que los olores es lo que de forma más vívida nos trae los recuerdos. Por ejemplo, el otro día alguien dejó la escalera impregnada con la misma esencia que se aplicaba con delicado esmero mi abuela. En ese preciso momento me pareció que hasta oía su voz, la misma que peinaba el aire de aquellas tardes...
Mientras acaricio los talles de una de las genuínas figuras que he podido comprar, inspiro una mezcla de olores de variedades minúsculas e infinitas que van desde lo más dulce a lo más áspero. En ese singular pringue olfativo quedan los restos de muchas cosas. Entre ellas, los olores de las elegantes especias que con su alegría todo invadían. Tenía previsto embadurnarlas y barnizarlas porque tienen restos de moho, pero creo que eso supondría, para mis pobres figuras, un sacrilegio que les acabaría matando la memoria. Mejor vamos a dejarlas así, con todo el clamor que respira su autenticidad primera.

Ni qué decir que en nuestro viaje nos hemos visto inmersos en una amalgama de innombrables instantes infinitos y, en mi caso, eso me ha ayudado a abandonarme a lo que más ansío. He recogido mucho material poético que ya está macerándose y trabajándose a sí mismo tras el recuerdo que alberga en mis retinas y todos mis sentidos. Poco a poco irán aflorando en mi modesta actividad literaria. Los errantes que os vayáis acercando a este rincón seréis los principales testigos de esta agudísima pasión que nos ha dejado viviendo en Senegal buena parte de nuestros corazones.
Hoy nos reunimos todos los miembros del grupo para intercambiar archivos de imágenes y audio que inmortalizan ya algo de nuestro viaje. Habrán muchos motivos africanos que nos transporten al infinito continente. Entre ellos la cena que prepararemos pensando en los platos de allí. A mí me toca llevar un caldo espeso hecho con fruto de baobab y "bissap" para mezclarlo y hacer un zumito refrescante (está exquisito). Por cierto, algunos nos hemos traído un baobab estupendo que hemos plantado con mucho amor. El mío va reanimándose tras el viaje y ya tiene nombre. Empieza por P...
En esa cena nos faltará lo más importante: estar allí. Algunos vamos trabajando ya mentalmente con posibles proyectos educativos en Senegal, que es lo que ahora nos mueve más por dentro. Y es que cualquier excusa es buena para volver a estar en medio de la pureza de esas gentes y las tantas variedades cromáticas de rojos-tierra y verdes-vegetación.

Dejo aquí un instante en el que parecemos arrancar el vuelo para unirnos a la libertad de esas nubes que, como aves de paso, sienten su anhelo por todo lo que es África.

El Atlántico se prepara para amortiguar nuestro salto en este momento inmortalizado y pienso que algo me dejo para la próxima cena. Se trata de el té senegalés, que según dicen, es amargo como la muerte, duro como la vida y dulce como el amor.

Me despido hasta el próximo post y os dejo con la voz del cantante senegalés Youssou N'Dour. Es uno de los artistas que disfrutan de más fama en todo el continente. Seguro que así, de oídas, ni que os maten. Pero seguro que recordaréis el tema "Seven seconds" que cantó hace ya muchos años junto a Neneh Cherry.





Este post lo dedico especialmente a mis ocho compañeros, María, Blanca, Alba, Floren, Saray, Robert, Sandra y Nerera. También a Jules y a Matar (en Senegal), por su dedicación y por su capital humano. Estamos "beaucoup" de contentos porque incluso algunos hemos acabado hablando en francés...

Confío en que nunca olvidaremos este cruzarnos juntos durante tantos días a tantos kilómetros de casa. Los recuerdos irán naciendo siempre diferentes en las imágenes y las palabras. Pero siempre recordaremos más de lo que callamos que no de lo que nuestras palabras serán capaces de decir. ¡Un placer haber compartido -como dice Corredor-Matheos-, tantos "nosequés" con todos vosotros!

NOTA: Hay cosas que no tienen que llegar cuando tú lo deseas, y no pasa nada. Este post se empezó a escribir anteayer. Pero su publicación se vio truncada tras la trágica noticia que ha dejado a muchos con un dolor insoportable. No pude continuar escribiendo. 153 es más que un simple número. Son demasiados seres humanos desgajados de la vida por la muerte... Que los que hayan sobrevivido puedan volver a sus vidas con el mínimo de secuelas, con la máxima normalidad que les sea posible, y felices. Felices y sin sentirse ni un segundo culpables por ello.

miércoles, 30 de julio de 2008

Post de madrugada

Son las 2:45 pm, y que no pueda dormir de calor después de un día tan descafeinado como el de hoy es una interminable tortura. He repasado ya mentalmente todo lo que me queda aún por hacer antes del sábado. He leído 50 páginas de un tirón de las que sólo he podido sacarles sustancia a un total de un 10%. Me he levantado como cinco veces y caminado hacia ninguna dirección. Me he bebido como litro y medio de agua en hora y media y luego, levantado tres veces más al baño. He intentado poner mi mente en blanco fracasando estrepitosamente en el intento. He convocado el mismo número de ovejas que habré visto en toda mi vida: mil (creo), aunque sin éxito (es obvio). He respirado hondo y pausado, dado masajes faciales y, después de la fatiga, me he ofrecido un poco de renuncia y paciencia para compensar la mala ostia en la que ha acabado todo este malestar. Y lo peor de todo: que este no ha sido más que uno de los últimos coletazos de una jornada (la de hoy) que no ha dado mucho más de sí.
Hay días en los que todo te sale mal y días en los que todo te sale inexplicablemente bien. Hoy ha sido de los primeros. A saber: no alienta demasiado que:
1. Limpies el coche que te acabas de comprar hace escasos cuatro meses y que salgan a relucir arañazos que, encima no has hecho tú, y que parecen reproducirse hasta el infinito y más allá mientras les pasas las yemas de los dedos con la esperanza de que desaparezcan por arte de magia.
2. Que se te caiga un empaste con escasos cinco meses de vida después de dejarte media fortuna en el dentista durante todo el año.
3. Que te matricules en la universidad con el buen propósito de cultivarte y que una de las dos asignaturas que has escogido sea íntegramente en inglés. Que tu inglés sea tan macarrónico que apenas dé para llorar. Que en la descripción de la asignatura no digan ni media palabra al respecto. Que hayas pagado 120 eurazos por ella (material aparte) y que no tengas opción al cambio.
4. Que te falten dos días para volver a estar oficialmente en el paro y que tu cuenta corriente se vaya mimetizando demasiado bien con la crisis económica.
5. Que te vayas a la pelu para subirte la autoestima, y por necesidad (que ya tocaba...) y que en mitad del asunto te entre la locura y decidas raparte al 2 toda la cabeza.
6. Que tu new look te quede peor que mal.
7. Que dentro de cuatro días viajes a Senegal (país endémico), te tomes la vacuna oral contra la malaria que te ha prescrito el médico de acuerdo con la recomendación sanitaria de exteriores y que el susodicho comprimido tenga mogollón de efectos secundarios (entre ellos, brotes psicóticos).
8. Que no haya aprendido todavía a reírme de lo accidental que tiene la vida en estos casos y sólo sepa llenarme de ira como quien no ha entendido absolutamente nada en todos estos años. -¿No parecía que sí?-.
9. Que desagradecidamente descargue todo mi mal humor de niño tonto con quien menos se lo merece.
10. Que ahora mismo necesite los abrazos que me envías por mensaje y que sea tan egoísta que no me sirvan porque son en diferido y virtuales (¡Qué culpa tendrán tus brazos de estar lejos!, ¿eh?).
11. Que necesite tu sonrisa, lo que me haces reír de alegría a veces. Que no estés.
12. Que decida ponerme a escribir porque me cura y que sólo me salga esta birria de post cutre y cargado de tedio mientras voy haciendo una maleta que no sé hacer.
13. Que mientras la hago (la maleta) me falten cada vez más cosas que no tengo o no sé dónde las he dejado por última vez.
14. Que todo esto de escribir mi hastío en un post me parezca una profunda gilipollez que lleva implícita mis imperfecciones y debilidades (como buen ser humano que soy).
15. Que lo haga público. -¡¿y qué pasa?!-.






Creo que mi blog y yo vamos a necesitar unas vacaciones. Ir a África nos viene muy bien como excusa, porque para eso siempre es mejor una bitácora de papel y lápiz como las de antaño: más directa, tocando con humildad las palabras en carne viva.
Volveremos a reconciliarnos a la vuelta. No sabemos cuándo (todo depende de cómo volvamos). Sí sabemos, casi con exactitud clínica, que vendremos siendo lo mismo, aunque muy diferentes y que el que escribe tendrá un año más. Es decir, 26. Todo lo demás, al igual que la vida, se extiende en la infinitud de nuevas páginas en blanco por recorrer.

martes, 29 de julio de 2008

Variaciones al modo del Ceporro y el Chino que tantos tumbos nuevos me dan a la vida

Pero para cuando quieres recordar es verano y en el verano todo se te olvida. Los días se desencadenan despaciosos. Llevan algo de sueño y acaban insuflándote sueño a ti también como si quisieran robarte memoria después de las siestas, que hacen que te olvides hasta de tu propio cuerpo y que, además dan calor.
Lo que más del verano es la fruta, el sol y el hiriente azul del mar que moja los cuerpos dorados.
El mar. En verano parece obstinarse en su movimiento, que es todo de una sola vez besando las pieles de los miles de bañistas que se funden en él. La sangre se siente como la sangre de agua que tiene el mar y parece que él mismo pone todo su afán en ello para que así lo sientas. Y más con los ojos cerrados. Con los ojos cerrados se siente más todo, pero el mar aún más. Entra más adentro de ti haciendo romper las olas en lo que abarca tu pecho para después acabar de llenar todos los rincones de tu mundo y tu cuerpo, revolcándose en ellos, siendo él en ti y tú en él una misma cosa. Y parece en ese moverse por dentro de uno como si el propio mar envidiara lo humano, como si él mismo no fuera ya humanidad llena y redonda y quisiera cazarlo todo de ella -la humanidad- para llevársela al fondo y quedársela y enviarla luego de vuelta a los humanos y adorarla en silencio, como se adoran las cosas a las que nunca uno acaba de llegar sin saber muy bien por qué.
A veces pienso que lo que quiere es eso, robar el fuego que arde en lo humano y acumularlo celosamente allí en lo hondo suyo. Me lo hace pensar sus inviernos, sumido como está en su solipsismo, el cortejo que vuelca en su ronroneo de fondo. Y por sus orillas en el invierno está precisamente su secreto. Allí se riza el recuerdo de lo humano y sus cuerpos. Frontera de agua que cristaliza dando luz a una conciencia. Nuestra propia conciencia que no es una, individual, sino que es conciencia total y colectiva. Conciencia de todos, de mar y del mundo. Por eso el mar es también así de inmenso y eterno. Así de total.
El mar no habla pero tiene algo de palabra, de confesión. Te acercas a él y, si le prestas atención, se te vuelve compasivo y se instala en un diálogo cercano contigo. Será por eso que mucha gente se planta a rumiar frente a él. Porque es él quien da el pensamiento que trae una revelación. Es él quien piensa. Por eso el mar es azul y azul es el cielo, de la misma manera que azul es el corazón que bombea la sangre humana y marítima, así como azul es también el pensamiento. Parece raro, pero lo raro es vivir y pasar por alto estas pesquisas, tan profundas como azules y tan calientes y reconfortantes como la lluvia cuando se conoce que viene del mar.
En el verano el mar no piensa y nosotros con él también dejamos de pensar. Quizás porque en verano todo se te olvida y lo que es recordar, no se recuerda. Nos bañamos en él y él se baña de nosotros y hay algo de vislumbre, pero sin acabar de. Y luego salimos al mundo que se abre entre los pies y la arena. Colocamos delicadamente la toalla y nos entregamos a resbalar con el sol, que es otro mar, esta vez de color dorado. Y luego nos dormimos con sueño de la pura verdad que nos serpentea y riza. Y más tarde nos despertamos y nos abrazamos al aire y ya no sabe uno ni siquiera que está viviendo. Pero lo que sí sabe colocarse encima del viento nuevo para de este modo volver a casa con todo un mundo que -eso sí- las palabras olvidarán.
¿Volverá mañana?
Sabe sólo la vida cuándo anunciándose estará de vuelta...

viernes, 18 de julio de 2008

Donde acaba todo cada vez y luego se sigue creciendo

Algo se mueve.
Una luz que tal vez flota
que tal vez tiembla.
Algo está creciendo cerca de ti.
Cierra los ojos
No intentes ponerle nombre,
forma, color, cuerpo o sueño.
Cierra los ojos
y míralo
deséalo dentro de ti
siente su cuento
su alma que sueña.
Su alma que ahora es tuya
y suya y mía
y nuestra.

Y no te empeñes en decirla.
Sólo cierra los ojos
Sólo siente cómo se está pasando.

Algo que crece y tiembla...
Tal vez un hombre
o una mujer.
O quizás todos los hombres
Y todas las mujeres.
Juntos

Flotando, temblando en ellos están
siempre las leyes íntimas del mundo.
Súfrelas, llóralas, ríelas
grítalas, báilalas y cántalas.
Sobre todo
cántalas.
¡Sus cantos!...
¡Canta y baila sus cantos!

martes, 15 de julio de 2008

Flor en la memoria

No hay ninguna razón
para estar triste
ni para estar alegre.
No hay razón para nada.
Y sé feliz así.
José Corredor-Matheos
Ha venido tu lengua a susurrarme un poco de silencio. Sé que es tu lengua y sé que es tu silencio porque muy pocas más he oído sentirse sin la necesidad de gritar para hacerse un hueco en el mundo. Y esa eres tú, la misma lengua tuya, tu mismo silencio que ahora habla como al través de mi alma de niño.
No sé, mi querida abuela, si ahora te has quedado anhelante o nostálgica, si tiene idea de tus espacios ilimitados este susurro que transpira tanto de ti por tu lengua. Pero sé, sin embargo, que su ruidito de palabras te regresa a la región de levedad, de sin memoria, por la que otras veces ya habías venido. Sé que es ese mismo susurro tu voz pura y tu música. Sé también que no tiene noticia de iras, envidias o de cualquier otra miseria humana. Y sé que por eso eres tú. Y sé también que eres tú porque se me ha plantado una emoción. Una emoción eterna que echa sus raíces fuertes aquí conmigo. Cerca, siempre cerca de lo azul que tiene el corazón.
Cuando desde el otoño de tu vida te ibas, encanecida tu alma, hacia la muerte, entendía la hondura de cada uno de tus suspiros al despedirte. Volvías a entrar en mis pensamientos a través de tu dolor último y venía a mí una forma auténtica de cuando tus días de aguas libres te revolaban el pecho.
Ahora tu susurro me sienta en tus jóvenes manos, las mismas que cogían el aroma del sol mojado de las mañanas puestas en sábados. Las mismas que con dolor yo acariciaba en tu lecho de muerte. Las mismas que todo de ti esparcían sin descanso.
Aquellos fines de semana vuelven una y otra vez a encenderse. Reconozco su luz por el olor a las tostadas del desayuno que con mimo nos preparabas. Y aquellas manos te devuelven otra vez aquí, con tu menudo y ligero movimiento para hablarnos a todos, como si quisieras que entendiéramos que no estás muerta, que la muerte es sólo una mudanza, un invento trasnochado de nuestra profunda adherencia al mundo de lo material. Vienes así por el sol hasta aquí, envuelta en tu forma primera. Y es así como quiero mirarte a los ojos. Es así como quiero saber que todavía me sigo haciendo mayor en ellos, aprendiendo tantísimo, disfrutando tantísimo, riendo de alegría tantísimo, contigo.
Cuando, como ahora, ese mismo susurro vuelve, se deposita en mí una alegría ausente regada por tu cuerpo de agua de niña. ¿Te acuerdas? Yo no podía entonces escribir una sola palabra para iluminar contigo lo que de oscuro tenía tu entierro. No pude escribir una sola palabra que impulsara tu vuelo.
No hacía falta. No hacía falta porque esa triste ausencia del idioma no era tal ausencia, sino tu silencio, que son todas las palabras. Todos los idiomas. De la misma forma, ese entierro no era tal entierro, sino una manera nueva de tu eterno continuar naciendo hacia todo. Era tu calidad profunda, hermosa y trágica al mismo tiempo. Espiritual e invisible. Luz de tu silencio que, a quienes siempre te hemos escuchado, nos guía de forma instintiva hacia la vida.
A la vida
A vivir
Porque tú no estás muerta abuela.
No estás muerta.



miércoles, 9 de julio de 2008

Caminos del cuerpo

Sobre este punto
huelo a lo largo cómo
el asombro
conmueve el aire
desde tu solo cuerpo
desnudo.
Un instinto nos vuela
desde adentro.
Nos acercan unos dedos
movidos por el temblor
de quienes intuyen
un algo que les llega
otorgándoles
libertad al corazón.

Luego viene
el Beso que vive
nuestras almas
y nos quedamos a vivir
en un lugar
en el que solo puede
uno sucederse.

Luego de tocarnos
vuelve insistente el amor
y con él
su sospecha.
Viene el tiempo de este beso
y la memoria de su vida.

Y luego de mirarte,
el temor.
La despedida.

Oigo a lo lejos
una poesía que ha puesto raza
a este instante.
Su verdad sabe,
dolida y doliente,
que nunca más la encontraré.



sábado, 5 de julio de 2008

Entre pupilas deben escribirse las historias


Entre las pupilas existen espacios que narran nuestra vida. A través de ellas se diluye nuestra alma con toda la fuerza de la existencia. Es el punto de partida de nuestra relación con el mundo y la fiesta de sus luces y colores. Es también nuestra esperanza, el origen desde donde nacen la mayoría de nuestras intuiciones y conocimientos. Allí también se encierra la esencia del verdadero orden de nuestras vidas.
Más allá de ellas se respira todo nuestro mundo interior con el que hay que comunicarse para no dejar de ser nosotros mismos.
La foto de más arriba es la plasmación de un instante, un encuentro entre dos ojos que insisten en escribirse las historias. Es también la antesala de una instalación poética-pictórica titulada "L'essencial és invisible als ulls". Siempre el eco de mi querido principito que tanto le queda por enseñarnos todavía...
Quim Serrano ha dibujado la poesía de los ojos y yo les he puesto las palabras. El viaje ha sido todo un aprendizaje, un camino de iniciación que nos ha cambiado la vida. El resultado de todo eso acaba hoy con la presentación-inauguración de esta obra. La palabra y la imagen siempre juntas. ¿Por qué coinciden? ¿Qué buscan? ¿Hacia qué punto nos querrán llevar?

Un insistir la coincidencia

¡Mírales!
Parecen hablar
Como con sueños.
Líneas vítreas
arqueándose.
Tejidos que abultan
una queja.
Una gruta,
un quebranto de lo que
urge
Un estallarse en
Lo que aprieta.
¡Pero mírales la vida!,
que casi revientan…
Se miran con la presteza que,
con rigor, atrapan
los espejos.
Pero hay algo que no sé,
que quizá no les cuenta a sí mismos.
Algo que podría llamársele misterio.
Algo que les envuelve,
Que puede traerles sobre sí
un alud de niebla.
Algo que, -¿cómo decir?-
silenciándoles lentos
les va haciendo los pasos.
Algo que, sin duda,
les deja perpleja
la certeza.


A mi abuela, que tantas veces ha venido a visitarme desde que se fue.