Empezar a viajar cuando llegas a casa y deshaces las maletas no responde al orden lógico relativo a cómo se suceden las cosas en nuestro mundo compartido y, (claro), choca. Así son de caprichosos los viajes que se dan primero hacia el exterior y luego hacia adentro; muy adentro. Ahora comprendo que seguiré viajando por el corazón de África hasta que mi memoria me lo permita y que todos (los nueve viajeros) somos unos valientes. Mucho más de lo que pensamos.
Hay momentos que lo dicen todo. Dicen que los olores es lo que de forma más vívida nos trae los recuerdos. Por ejemplo, el otro día alguien dejó la escalera impregnada con la misma esencia que se aplicaba con delicado esmero mi abuela. En ese preciso momento me pareció que hasta oía su voz, la misma que peinaba el aire de aquellas tardes...
Mientras acaricio los talles de una de las genuínas figuras que he podido comprar, inspiro una mezcla de olores de variedades minúsculas e infinitas que van desde lo más dulce a lo más áspero. En ese singular pringue olfativo quedan los restos de muchas cosas. Entre ellas, los olores de las elegantes especias que con su alegría todo invadían. Tenía previsto embadurnarlas y barnizarlas porque tienen restos de moho, pero creo que eso supondría, para mis pobres figuras, un sacrilegio que les acabaría matando la memoria. Mejor vamos a dejarlas así, con todo el clamor que respira su autenticidad primera.
Hoy nos reunimos todos los miembros del grupo para intercambiar archivos de imágenes y audio que inmortalizan ya algo de nuestro viaje. Habrán muchos motivos africanos que nos transporten al infinito continente. Entre ellos la cena que prepararemos pensando en los platos de allí. A mí me toca llevar un caldo espeso hecho con fruto de baobab y "bissap" para mezclarlo y hacer un zumito refrescante (está exquisito). Por cierto, algunos nos hemos traído un baobab estupendo que hemos plantado con mucho amor. El mío va reanimándose tras el viaje y ya tiene nombre. Empieza por P...
Dejo aquí un instante en el que parecemos arrancar el vuelo para unirnos a la libertad de esas nubes que, como aves de paso, sienten su anhelo por todo lo que es África.
El Atlántico se prepara para amortiguar nuestro salto en este momento inmortalizado y pienso que algo me dejo para la próxima cena. Se trata de el té senegalés, que según dicen, es amargo como la muerte, duro como la vida y dulce como el amor.
Me despido hasta el próximo post y os dejo con la voz del cantante senegalés Youssou N'Dour. Es uno de los artistas que disfrutan de más fama en todo el continente. Seguro que así, de oídas, ni que os maten. Pero seguro que recordaréis el tema "Seven seconds" que cantó hace ya muchos años junto a Neneh Cherry.
Este post lo dedico especialmente a mis ocho compañeros, María, Blanca, Alba, Floren, Saray, Robert, Sandra y Nerera. También a Jules y a Matar (en Senegal), por su dedicación y por su capital humano. Estamos "beaucoup" de contentos porque incluso algunos hemos acabado hablando en francés...
Confío en que nunca olvidaremos este cruzarnos juntos durante tantos días a tantos kilómetros de casa. Los recuerdos irán naciendo siempre diferentes en las imágenes y las palabras. Pero siempre recordaremos más de lo que callamos que no de lo que nuestras palabras serán capaces de decir. ¡Un placer haber compartido -como dice Corredor-Matheos-, tantos "nosequés" con todos vosotros!
NOTA: Hay cosas que no tienen que llegar cuando tú lo deseas, y no pasa nada. Este post se empezó a escribir anteayer. Pero su publicación se vio truncada tras la trágica noticia que ha dejado a muchos con un dolor insoportable. No pude continuar escribiendo. 153 es más que un simple número. Son demasiados seres humanos desgajados de la vida por la muerte... Que los que hayan sobrevivido puedan volver a sus vidas con el mínimo de secuelas, con la máxima normalidad que les sea posible, y felices. Felices y sin sentirse ni un segundo culpables por ello.
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