
Pocas veces he podido contar con el inmaculado momento en el que un chorro de música abierto y perspicaz me abriera el pecho y me lo colmara de aire con un solo golpe.
Así acudió a nuestro asombro. La voz y el talante de este hombre, que supo hacernos temblar muy bien a todos ayer en Girona, refulgían en muchos momentos.
Volvieron a la vida muchas de sus canciones, llenas de recuerdos para la gran mayoría del auditorio. Fue él mismo quien sugirió a los asistentes, que todas esas canciones pobladas de imágenes, perfumes, caricias, situaciones..., se airearan. Dijo textualmente: "Ya va siendo hora que dejemos volar todos esos recuerdos y que otros nuevos pasen a ocuparles el sitio". Para las nuevas generaciones, que nos hemos incorporado algo más tarde al repertorio, esos recuerdos no tienen tanta consistencia porque no teníamos noticias del amor, y mucho menos vivimos, durante los primeros años de su carrera, los dolores del alma. Pero sin embargo, sí recordamos a un Bosé cuando todavía éramos tan inocentes..., porque ¿quién no recuerda a ese Miguel extravagantemente divertido, subversivo, ambiguo, genial?...
Siempre vivirá fiel (y con nosotros) aquel "Amante bandido" que erige miles de pasados y de presentes.
En mitad del evento, entre bailes, risas, tarareos, lágrimas y aplausos, volamos un poco más libres hacia la libertad; un poco más vivos. Volamos porque nos lo pidió él mismo, aunque por supuesto, no hubiera hecho falta que lo hiciera...
A ti, que juntos cada día sabemos acompañarnos más y mejor.
Que mi historia no traiga dolor. Que mis manos trabajen la paz.
Que si muero, me mates de amor: nada particular...
Dame una isla en el medio del mar y ama la libertad.





