miércoles, 3 de septiembre de 2008

SMS

21:54:53 pm. Suena un Short Message Service (SMS) que abro y leo: Siento q la gente roba mi luz! Es posible eso? (Aclaración: por que sería inmoral, no desvelo la identidad del emisor).




Me encantan los SMS por muchos motivos. Me gustan más cuanto más compruebo que forman parte de una realidad no-real, o de un no-mundo virtual y rematadamente inquietante en el que pasan más cosas de las que podríamos haber soñado antes de que llegaran a nuestras vidas. Me encantan por su imprevisibilidad, por lo directos que son, por su brevedad, por toda esa realidad paralela que han abierto y que viene acompañada de un comportamiento cuanto menos especial, autónomo y regido por un código comunicativo que tiene sus propias leyes, su propia "licencia comunicativa". Me encantan porque, aunque no son sincrónicos, tienen mucha plasticidad, pragmatismo y tienen, también, mucha más libertad que los mensajes orales de toda la vida. Muchas de las cosas que no nos atreveríamos a decir de viva voz las escribimos en SMS. Podría decirse que en un mensaje de texto puede aparecer de todo. Nuestras filias y fobias, arrebatos de pasión, rabias, afectos o desaliños son más proclives a aparecer en esa nueva realidad menos "constreñida"; en ese no mundo sensacional que nos atrapa en la virtualidad. Además, puedes meditarlos, almacenarlos, reeditarlos y releerlos tantas veces como quieras. Y eso sin contar la flexibilidad y creatividad que hace nuestra normativa lingüística más informal y desenfadada. Muchos creen que devalúan y empobrecen el lenguaje. Yo no lo creo.
Me encantan los SMS, y los del tipo que he recibido, más. Porque te hacen rumiar, supongo, y por todas esas implicaturas que tanta información detienen del emisor.


Siento q la gente roba mi luz! Es posible eso? Sobre la luz de las personas he pensado mucho. Pero nunca me había planteado que se le pudiera robar la luz a alguien. De la luz de las personas y de las cosas creo que puedo intuir algo (o mucho, que no sé). Pero de sus posibles transacciones y triquiñuelas entre sus poseedores...
¡Voy a intentar contestar! Todo son conjeturas, pero más que robar, creo que las personas o las cosas pueden enturbiar nuestra luz. Pueden hacer que pierda intensidad, que se vicie con cosas malas o buenas (que tb lo bueno se/nos vicia). Pero, en otros casos, nos pueden avivar la luz, hacer que se regenere y gane potencia.
Supongo que cuanto menos intensa se te torne la luz, más cuesta volverla a cargar y darle fuerza. Lo que sí creo que es cierto es que la luz sale toda de los ojos y la viste la mirada. Con el paso inexorable del tiempo nuestra luz va perdiendo pureza, brío, naturalidad, vehemencia, ritmo, y se va empobreciendo. Aunque existen remedios.
Algunos utilizan los colores cálidos para autoabastecerse otra vez. Otros con bailar o escuchar música les basta. Algunos son más de piel y necesitan sentir su dosis de afecto diario. Otros son más de coco y se cargan dando actividad a su materia gris.
Cuanto más nos vamos conociendo, más y mejor aprendemos a mantener nuestra luz en cantidad y calidad y, en el mejor caso, desarrollamos estrategias para recuperar la que hemos perdido.
Quizás deberíamos inventar espectroscopios especialidados en el asunto para descubrir más de lo que no vemos a ojo desnudo.
En cuanto a ti, emisor oculto, debes estar con la luz baja (como cuando con la tensión arterial), porque conocido es que posees una luz que goza de muy buena salud.


1 comentario:

Anónimo dijo...

La luz... sens dubte es troba en la mirada i que màgic esdevé trobar-la en la mirada de l'altre.