lunes, 5 de mayo de 2008

Quizá tu luz





Quizá tu memoria sensible

sea la que me abrasa.

Quizá tu intuición la que me esparce

cerca
muy cerca de lo que soy.


Al encenderse claro tu silencio,

vuelta el alma en

tu traspasarme de luz:

es tu hacerme aire.


Eterno


Lleno


Soy tú.


una ilusión eterna

en este alma de niño

que sopla cuando


le soplas,

que vuela y es viento

cuando tú eres viento y vuelas.

Luz tuya que se hunde

en mi agua con aquellos

sueños que me sangran.

Hacia otra cosa nos vamos.
Pero -¡mira!-:
¡cómo se mueve tu secreto!
Arrancártelo quiero...


Sueltos los míos.
Mis pequeños secretos.
Los que se volarán.

Mis pedazos de pequeños

sueños sueltos

se volarán contigo.

Hacia la noche se volarán
como la luz que ahora se te duerme.


Se volarán contigo

hacia las noches.


Volarán...


Se harán noche.
Se harán noche

y me dejarán cerca.

Muy cerca de mi gran secreto.

Dentro
Muy dentro de mi gran sueño.




sábado, 3 de mayo de 2008

Gota a gota

Nos subimos a cierta altura para contemplar las cosas de otra manera, con una mirada que era de todos y de nadie. La excusa de aquella hazaña tiene unos ojos atentos a lo que acontece por donde quiera que se deslicen. Y fueron los que nos enseñó.
Alguien me dijo aquella noche que Tibau le gustaba porque todo lo que le ronda es de verdad y yo debo suscribir esa impresión acendrada. Le interesa todo lo que concierne a los seres humanos y sus cosas y eso se nota. Para ello le han tenido que curtir mucho las hijas de nuestro pensamiento idiomático, que son nuestras palabras. Ellas no le han fallado. Bailaron con él y él lo hizo gratamente con nosotros. Ambos nos cogieron de la mano y nos mostraron el valor que uno debe tener cuando el mundo lo atraviesa con sus mases y sus menoses.
El balanceo inestable es la inquietud que nos aprisiona junto a los miedos. Pero también es el valor que se esconde en cada una de nuestras esperanzas puestas todas en la inestabilidad del frágil equilibrio. El miedo es la naturaleza que alberga en nuestros corazones asustados porque temen. Y, si lo hacen, es porque saben que tienen cosas que perder.
Lo hicimos y poco nos lo impidió el vértigo. Los que fuimos a estar con su literatura fuimos valientes y nos subimos al trapecio para ver la altura que tiene la vida y a lo que ella viene con sus restos de tiempo que tanto nos condiciona, atormenta o ensueña.
Muchas emociones fueron las que vivimos y no sé cómo se devuelve al mundo todo eso. Si alguien tiene la fórmula, que me la revele. Por favor.
Mercè Domènech y Dora Martí bordaron las piezas recitadas o interpretadas. Tienen una excelente memoria. Sin ellas, y sin la generosidad que nos brindaron, toda la algarabía que encierra la magia del circo no hubiera venido a visitarnos. La pasión que pusieron en sus papeles lo hicieron posible y a ellas les estoy enormemente agradecido.
Quim redondeó el acto con su particular sentido estético. Nos dejó dos trapecistas recortados en la pared, aparentemente inmóviles. A él siempre le acompañan los colores y esperamos que no le abandonen nunca ese espíritu que nos regala siempre.
También Jaume Puig nos ha dejado a todos un guiño en su bitácora. Nos agradece a todos la noche en la que tantas cosas intercambiamos. Ya son cinco las sesiones de Paraules sobre l'escriptura en "Ball de Lletres", y en la punta del barco que tantos timoneamos me siento cada vez más cómodo. La calidez de todo lo que ocurre allí en su antes, su durante y su después nos ha hecho crecer a pasos agigantados, así que, Jaume: gràcies a vosaltes (a la Fundació Àngel Planells) per creure en nosaltres!
Los jóvenes sabemos la importancia que tiene el que se confíe en nosotros. Un proyecto así, en un principio, suena a demasiado riesgo. Pero sin riesgo no haces más que salvarte y alejarte de lo que te hace libre. El río de nuestro baile nos está llenando con toda la fuerza de su cauce gota a gota. Nada nos viene dado por casualidad. La organización y el público fiel que nos acompaña estamos aprendiendo muchísimo unos de otros.
Ya estoy deseando que venga a nosotros la danza de Bolaño en este mes de mayo. Y si toda la suerte de este mundo sigue acompañándonos así de bien, nos gustaría cerrar la temporada a finales de junio con la poética de Corredor Matheos y la sabiduría de Lola Josa, a la que sencillamente (y no me cansaré de decirlo), adoro.


domingo, 27 de abril de 2008

Estamos envueltos en piel y puedo respirar todo lo que eres. Me renuevo en la aventura que tiene el delicado tacto de tu torso desnudo. Me descuido y desaprendo, me olvido y desconozco. Una posibilidad de emoción viene a visitarme con el alma encendida y me acerco a lo que de redondo y completo tienen las cosas deseadas cuando ya nada irrumpe en su estar haciendo su vida. Con sigilio y seducción se modulan todos los movimientos por los que circulamos, asumiendo nuestra realidad redonda y que succiona. Es entonces cuando me sobrecoge una suerte de tristeza alegre. Más alegre que triste. Pero tristeza, al fin y al cabo...
En esta parte triste me descubro anhelando lo que quisiera decir mañana cuando intente escribirnos en la risa con la que ahora celebramos juntos el mundo. Y, si estoy triste, es porque esa risa no puede caber en lo pequeño que tienen las palabras.
Tampoco cabe en ellas lo que a la vida viene junto al rumor espontáneo que tiene tu corazón, lo que de libre tiene tu baile riguroso con las cosas y la gente. Caber no puede en las palabras lo que de verdad descubren tus ojos a los míos, ni lo de tu locura. Y mucho menos lo que de misterioso hay en tu estar palpitándome en todo momento.


jueves, 17 de abril de 2008

Subidos a un trapecio

Me toca hacerlo. Me toca zambullirme en una pequeña maraña de historietas de esas que nos dan cuenta del tambaleo que roza en persecución a cada uno de nuestros movimientos.
Ball de Lletres se ha podido mantener (hasta ahora), muy cerca de la suerte. Esta vez contamos con la visita de un escritor catalán no muy conocido, pero no por eso menos interesante. Se llama Jesús M. Tibau y ha escrito El vertigen del trapezista, un pequeño libro de relatos que configura el gajo de un universo particular y único, el suyo propio. El autor decide feliz que por esta vez quiere compartirlo con nosotros.
Más de una treintena de historias se ven atravesadas por el vértigo, esa sensación que incendia la mecha de la adrenalina cuando sentimos el vacío bajo los pies. Vértigos hay de muchos tipos y Tibau juega a la seducción con sus personajes. Siempre es así, casi como puestos en un experimento que los atrae hacia un estado que tiene que ver con un tipo de vértigo muy concreto, el que esconde de por sí la vida.
Los personajes son el recipiente exacto de ese tambaleo del que hablaba al principio, y mientras combino la lectura de las memorias de mi querido José Saramago, ya estoy enganchado a esas criaturitas que se ven obligadas a arreglárselas al borde del vacío. Un vacío (podríamos decir) que deja a su paso la velocidad de la vida a tientas contra el tiempo.
¡Qué de contradicciones lleva eso y todo lo demás! Sin las contradicciones no sería capaz de vivir. Ellas son las que me hacen elegir y sentir que estoy vivo.
Todo el día que llevo anhelando el resbalar oblicuo de los rayos de sol por el cuerpo. Pero sin embargo, aquí está el cosquilleo de la lluvia incendiándome para bien los ánimos. Ahora mismo en la repisa de mi ventana, abierta de par en par, revientan granos de hielo que caen del cielo. Sólo se escucha el romper del agua sólida contra las cosas y el jardín. Mientras tanto, lento y extraño es el subir de un olor a tierra nueva.
Me pregunto cómo de difícil será mantener el equilibrio. ¿Habrá un tensarse progresivo de la cuerda bajo nuestros temblorosos pies? ¿Será todavía más difícil con los años venideros? No quiero el desaliño en las respuestas. Sólo tengo la certeza de que me parece excitante que sea así.
Esta canción va por ti, Sil, porque me llevaste a ella y ahora no me suelta, y porquetú sí que sabes vivir como una loba:


domingo, 13 de abril de 2008

Reunir un trocito de marenostrum


Hace unos días también colgaba una foto de uno de esos rincones del mundo en los que no puedes menos que sentir a puñados lo que queda de paz en este mundo.
El azul intenso del cielo puede herirte si eres consciente de la escasez de agua. Pero incluso en estos momentos de extrema sensibilidad hidrófila surgen las contradicciones entre la mente y el espíritu.
Leer, conversar o abandonarte en estos espacios te lleva a la conclusión sincera y convincente de que a Dios se le olvidaron algunos lugares que llevarse al paraíso. Quizá sea que la Providencia es, en verdad, generosa o que, por el contrario, ya sabía que no iba a poder estar en todas partes, por lo que el olvido puede que fuera intencionado, casi por compasión.
La verdad es que me da absolutamente igual porque sentado en la arena he hundido mis manos en la tierra húmeda de esta playa. Bajo la arena he sentido cómo buenas proporciones de sangre se me inyectaban en las venas e inmediatamente me he acordado del espisodio titulado "Tierra" en la autobiografía Antes que anochezca de Reinaldo Arenas (en "El País" venía hoy la película). Como Reinaldo en su infancia me hubiera gustado comerme la tierra y fundirme en su cuerpo casi llegando a tener una experiencia sexual con ella, como quien quiere ser capaz de fecundarla y convertirse en responsable de brotes nuevos de esa extraña creación.
En medio de tanta imaginación un pulso añejo ha entrado dentro de mi cuerpo uniéndose a mi latir. Venía desde dentro del mar hacia mí y por las entrañas de la playa. Los cinco sentidos conectados y muy atentos. El aroma del mar en cruzada de vientos festivos y yo en mitad de una experiencia sensorial que pocas palabras son capaces de soportar en una sola carga de significado y a un mismo golpe.
La experiencia ha vuelto a ser extraordinaria. Pero todo no podía ser mezcla de inocente alegría, pues hoy he sabido que terrenos naturales de los aledaños han sido vendidos y pasarán a ser de un particular que debe estar podrido de pasta.
Lo que será de esta pequeña porción de paraíso de aquí a un tiempo nadie lo sabe, pero lo verdaderamente alarmante es que pocos espacios nos quedarán para disfrutar sin estar pisando por todas partes lo negro que tiene el asfalto.
Vuelvo a sentir la decepción muy cerca.



sábado, 12 de abril de 2008

Algo no hacemos bien

Seguro que dentro de ella se establecía una umbilical relación con el mundo, un nervio de movimiento voluntario de los sentimientos cuando se está persiguiendo algo por dentro.
Probablemente esa misma persecución fuera la que le auguraría una luz nueva al fondo de un túnel tras la que dejaría atrás la ingrata vida junto a su ex-marido, el mismo al que, tiempo después no le temblaría el pulso al disparar contra ella y su nuevo compañero de sentimientos.
Atónito, incrédulo e indefenso se encontraría el único espectador superviviente de esta trágica historia, un niño de cuatro años, cuando su padre disparó el jueves contra su madre y contra el hombre que estaba a su lado.
No consigo deshacerme de la congoja al imaginarme la imagen insoportable de ese niño convertido en huérfano tan sólo en unos pocos segundos y, aunque quisiera borrarle de la retina los estragos que ha provocado la ira en manos del que fuera su padre, mucho me temo que se le va a enturbiar demasiado pronto la mirada.
No logro entender los trágicos finales insoportablemente repetidos que viven muchas mujeres de un mundo cada vez más socialmente enfermo.
Es obvio que poco estamos avanzando.


lunes, 7 de abril de 2008

A tu verdad

Que me sabe escuchar
y todo en ti queda en
tu brillo lento y continuo.
Bajo tu mirada,
variaciones tuyas y el pliegue
abierto de lo que te
me acerca como algo bueno.
Suave te intuyes y así es cuando
a breves mordiscos zarpas
el embrujo, con olor de ti,
que ahora -¡fíjate- se viene
correteando por el encima
de esta mesa en la que
ahora tú y yo nos compartimos.



En tu particular perseguirte
se afina la fuerza.
Eres despacio
lo que te recorre,
-¡y eso sí que me encanta!-.
Vives muriéndote cercana
a una locura que te hace
extraña,
sabiamente justa.

Si te quedas contigo,
punteas el correr de tu sangre
y te vas dichosa a hacerte
tú de algo lento.
Lentamente con la bondad lenta
que revienta y viene a ser tu
tu sola verdad.

Poco hay ya del temblor y la dicha,
del poder que tiene lo que se es cierto.
Tu atravesarme los cuerpos
en mi tiempo me hace libre,
y me devuelve al vuelo.

Quizá un café medio hirviendo
nos estará abrasando siempre
con ésta de aquí.
La que trae tus matrices.
La que a bocajarro
nos dispara siempre
con tus verbos.




Hoy, Barcelona, te echo de menos...