miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡Mil campanas que suenen en vuestros corazones!

Antes de iniciar los preparativos quería pasarme por aquí a dejar unos pensamientos.
Ya escribí en el post anterior que para mí la navidad dejaba de tener cada vez más sentido. Sin embargo hoy es uno de los días más importantes del año. Quizás forme parte del ideario colectivo, pero la nochevieja siempre me traslada a un espacio interesante, muy cerca de un estado que me gusta especialmente.
De forma inconsciente, poco tiempo antes de traspasar la barrera que separa un año de otro, empieza a invadirme una sensación que me conecta con muchísimas cosas, sobre todo con la gente. La gente, la gente que tan importante es para mí viene a mi memoria envuelta de un halo de recuerdos que se hacen vivos de nuevo en el presente. Yo, sumido en una especie de abstracción fascinante, rindo tributo a todo aquel que se ha cruzado en mi vida y me ha dejado pequeños tesoros que me ayudan a transformarme y construirme en mi propio deseo de yo, conmigo mismo y, a su vez con ellos, sin los que nada de lo que me alimenta sería posible. Me acerco a cada uno con el pensamiento y, reuniendo todo el cariño que me es posible acumular, me lanzo un recuerdo actualizado y candente de ellos mismos conformado con la aglomeración de tantísimos momentos que hemos pasado juntos. Me recreo con cada uno y les deseo, con el corazón en la mano, que el magma de la vida les reserve una emoción para siempre. Ellos son o han sido la sangre que irriga con fuerza este pequeño e insignificante ser humano que teclea ante la pantalla.
Luego viene el análisis de mi paso por el año que estamos a punto de abandonar (¿o se produce este antes?). La reflexión alcanza siempre un nivel de justicia y sensatez que me instalan en una tesitura difícil de explicar. Pero lo cierto es que la evaluación de mí mismo no deja ningún cabo suelto. Repaso cada momento del año mentalmente: lo que he aprendido, mis errores, mis pérdidas, mis avances, mis limitaciones, mis miedos, mis virtudes, mis vicios... Todo este riguroso balance queda en mi conciencia. Me lo bebo con la copa con la que brindo con los míos justo en el momento después de atragantarme con las uvas. A partir de ahí tengo todo un año para digerir todos esos materiales que me alegran y me duelen a partes iguales. Me lo bebo para mejorar lo que ya es bueno de por sí y cambiar en lo que yerro, eso que, obviamente, no me gusta. ¿El objetivo? Supongo que forma parte de nuestra responsabilidad como seres humanos: ser mejor persona cada día.
El 2008 ha sido un año raro, raro, raro. Me han pasado cosas muy buenas y cosas malas también. Me he sentido muy querido y muy odiado al mismo tiempo, aunque eso no es nada nuevo en mi vida diaria (lo asumo y punto). He perdido a gente que quería y quiero (la salida de mi abuela de este mundo ha sido un golpe fuerte -¡siempre vendrás conmigo a todas partes!-). Pero también he conocido a mucha gente y eso siempre es un regalo.
El 2008 será el año que me trajo a unos compañeros de trabajo extraordinarios. No me había topado con personas tan auténticas y entregadas desde que trabajaba en el hospital. La verdad es que tuve la enorme suerte de coincidir con ellos en el centro donde trabajé el año pasado y ya se han quedado a vivir conmigo para siempre.
Muchas cosas son las que podría decir de este año que pasa, pero no puedo dejar aquí un post kilométrico. Sin embargo, sí QUIERO dejar por escrito que, a partir de media tarde felicitaré a todos los que de algún modo siguen conmigo. Será un modo de preparame para conectar con ellos en ese espacio previo del que os hablaba. Los de aquí, que también estáis conmigo, sois los primeros.
¡FELIZ AÑO NUEVO!


Aquí dejo una canción que me traslada a una nochevieja muy lejana, cuando este tema tenía tanta fuerza o más que ahora. Era cuando las nocheviejas en el pueblo de mi padre.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Desnavidarse

Adoro estas navidades del 2008 porque precisamente no me parecen navideñas. Pasan los días sin pena ni gloria, aunque con más gloria que pena, la verdad (y fíjate que ya hemos pasado lo más engorroso de estas fiestas...).
Es curioso cómo los seres humanos estamos férreamente apegados a lo cotidiano. Cuando trabajamos, echamos pestes de los días de diario con la misma pasión con la que anhelamos, no ya el fin de semana cercano, sino los puentes, acueductos y, sobre todo las ansiadas vacaciones. Pues bien, una vez llegadas, algunos deseamos que se acaben lo antes posible. Esa es la particular condición del ser humano, que vive siempre en una suerte de fatalidad vital adornada con sus eternas contradicciones.
A mí sólo me invade ese sentimiento en navidades. Ellas y yo cada año nos entendemos menos, aunque lo cierto es que nos soportamos mútuamente sin esfuerzo. Su sinsentido es tal para mí, que ello me conduce a la absoluta indiferencia para con estas fechas.
Cada vez cuesta más sentarse a la mesa durante horas sometiéndose uno al riesgo de sufrir una indigestión absolutamente irracional.
La verdad que vaya sacrificio el nuestro...
Me recuerda todo este paripé a la Égloga representada la mesma noche de Antruejo, de Juan del Encina, en la que se celebra un banquete copioso en carnaval, antes de la llegada de la abstinencia de la Cuaresma. Los personajes, cegados por la gula, engullen cantidades ingentes de comida y de vino. Aquí se dan cita a partes iguales la exaltación del placer y la alegría de vivir. La ansiedad parece reinar en este canto lleno de ironía, dedicado al carácter animal del ser humano (vaya paradoja...). Un carácter animal no muy alejado del nuestro en estas fechas.
Pronto volveremos a la cotidiana normalidad. Se llenaran los gimnasios y nos martirizaremos con las dietas de carácter casi o más animal que nuestro engullir en estas fiestas. Nos desnavidaremos, volveremos a la crisis y al transcurrir de nuestros días con su paso plomizo y lento, y nos sumiremos en la nostalgia, no ya del cercano fin de semana, de los puentes y acueductos, sino de las esperadas vacaciones. Esta vez las de Semana Santa, que vendrán no con menos sinsentido; no con menos desafecto.


martes, 16 de diciembre de 2008

Mensaje

Desde el umbral de un sueño me llamaron.
Era la buena voz, la voz querida.
-Dime, ¿vendrás conmigo a ver el alma? -
... - Contigo siempre...- Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería...
Antonio Machado


La de hoy es una de esas tardes en las que parezco esperar una llamada urgente de otro mundo. Estoy todavía de vuelta de algunos versos de A. Machado en los que se cruzan tantísimas cosas. Me cuesta olvidar la tragedia y la dulzura de ese fuego total del tiempo y quizás ello explique la agitación sublime del estado en el que me encuentro.

Alguien me hizo llegar ayer una de esas felicitaciones navideñas que suelen venir hasta nosotros durante estos días. Parece que su bondad y su generosidad le ha alcanzado para una postal metida en un sobre debidamente sellado. Desde aquí le transmito mi profundo agradecimiento. En el interior del sobre, un mensaje que quiero compartir con quien quiera que aparezca por este todo; por esta nada:


Abrir los ojos puede costar un instante.

DESPERTAR PUEDE LLEVARNOS TODA UNA VIDA



FELIZ NAVIDAD 2008


Por cierto, el lunes pasaré a engrosar la lista de desaparecidos (no me lo tengáis en cuenta). Un duendecillo me ha dicho que estoy en posesión del premio gordo. Además de eso, el tal premio también me convierte automáticamente en propietario de un gran dilema que me angustia (no sabéis cuánto): ¿y qué hacer con él?...






sábado, 13 de diciembre de 2008

Mis padres


Un SMS fechado el miércoles 10 de diciembre me arrancó del alboroto de estos últimos días. Estaba a punto de entrar en la junta de evaluación, así que abrí el móvil para silenciarlo y en ese momento me encontré con él: "Ya somos papas".
No deja nunca de asombrarme la fuerza del lenguaje. El engranaje de la mecánica aparentemente sencilla de estas tres palabras me transmitía una fuerte alegría que, sin duda, pertenecía a un orden más complejo que se incorporaba a ellas. Dos de mis amigos se habían convertido en padres, en unos nuevos padres para muchos de nosotros.
Recuerdo uno de los momentos, hace pocos días, en los que estábamos de visita en su casa. Ella acariciaba el bulto que, fruto de una magia inefable, había crecido en su interior durante los últimos meses. Explicaba feliz cómo ese ser que llevaba dentro formaba con ella un solo cuerpo, que se movía por entre sus vísceras con total libertad y misterio e incluso llegó a admitir que, a pesar de que se moría de ganas por verle la cara a su bebé, no deseaba que llegara ese desgarro mediante el cual ambos cuerpos dejarían de ser uno por medio de un desprendimiento igual de mágico y extraño.
Nosotros asistíamos con envidia sana a esa unión narrada con exactitud en la que se esconden tantos significados por descifrar. No me imagino en estos momentos cómo deben sentirse mis padres nuevos, ni cómo acudirán juntos a la construcción lenta de esa nueva vida que ambos han encendido. Sí me los imagino, en cambio, gravitando eternamente sobre esas primeras palabras calientes e inocentes que explotarán en la boca de su niña cuando esta los llame, por primera vez, papa y mama.
Pienso también en que es una suerte para ella (la niña) tener los padres que tiene y que, noticias como esta dan cuenta de a qué velocidad nos pasa a todos la vida. Hace dos días éramos solo unos adolescentes...
Este mes de diciembre viene cargado de esperados nacimientos. La vida se expresa a través de ellos y por su nuevas sangres circula la verdadera esperanza. A mi sobrino Adrià le quedan quince días de incubación y ya estamos todos locos de deseo por recibirlo en este lado del mundo.
No sé si seremos capaces de prepararles a estas criaturas para la crudeza que les espera en la vida. Pero nada me hace dudar que les aprovisionaremos, entre todos, de algo esencialmente vital para ello: el amor.
Desde aquí doy la bienvenida a esta niña envuelta de mucha pureza y virginidad.


viernes, 5 de diciembre de 2008

Invisible

Hace días que me rodea una especie de angustia a la que debería denominar más bien preocupación. El caso es que una serie de coincidencias me llevan a la consideración de creerme en posesión de una virtud nueva o extraña. La tal virtud es creciente y bien podríamos relacionarla con la capacidad de ser invisible, (esa condición con la que todos hemos soñado en no pocas ocasiones).
Cada vez más me siento como un sujeto al que no se le distingue entre sus semejantes, y no es que este sentimiento se haya convertido en una obsesión absurda, pues los propios hechos lo demuestran. Si voy acompañado a algún comercio y consulto algo al tendero sobre un producto, este no sólo me ignora, sino que dirige sus explicaciones a mi acompañante (que le importa una mierda lo que yo ando buscando) haciendo caso omiso del que demanda (esto..., yo mismo). Me ha pasado en repetidas ocasiones en los últimos días. Hoy mismo, después de cumplir con muchas obligaciones, me he acercado a una cafetería muy cool, me he sentado en una mesa alejada en busca de un poco de tranquilidad y he abierto el periódico mientras esperaba que el camarero viniera a tomar nota. Relajadamente (hoy hemos tenido fiesta en el instituto), he ido pasando de una noticia a otra y a otra y a otra y, cuando me he querido dar cuenta, llevaba quince minutos de reloj esperando a ser atendido mientras otras mesas que, curiosamente han entrado detrás de mí, ya estaban servidas. Y no sólo eso, sino que los propios camareros descuidándose de sus tareas hablaban muy ruiseños entre ellos a saber de qué.
Con el ánimo que me hierven los nervios este tipo de desconsideraciones hacia el cliente, me he levantado de la silla, me he colocado el abrigo, he cogido mi periódico y muy prudentemente me he dirigido a la salida sin decir nada, evitando así salpicar con mi ira a los dueños del local. Pero cuando estaba casi a punto de alcanzar la puerta, el camarero me pregunta:
- Perdone (¡y encima me habla de usted el muy gilipollas!), ¿ha pagado el café?
- ¿Qué café?-, le repondo entre sorprendido e indignado-. ¿El que no me habéis servido?
- Ah... Perdone es que pensábamos que ya había consumido. Con tanta gente... Si quiere, le servimos ahora mismo.
- No chico, ni te molestes. Disponía de veinte minutos para tomarme un café y ya sólo me quedan cinco (mentira cochina para despertarle sentimiento de culpabilidad). ¿Sabes la cafetería que hay aquí detrás?
- Sí...
- Pues ahí que me voy ahora mismo.
Me he dado la vuelta, he abierto la puerta, y ahí le he dejado con la boca abierta hasta los pies.
Pues bien, situaciones como estas se repiten más de lo que yo quisiera. El otro día se lo comentaba a una compañera de trabajo: Creo que padezco algo así como el mal de los invisibles... Me pidió explicaciones y le argumenté el porqué con no pocos ejemplos. Imposible que seas invisible chaval, con esa belleza ni de coña puedes pasar desapercibido... Gracias por el cumplido, le dije, pero no te esfuerces. Invisible, tal y como te lo digo...
A todo esto nos echamos unas risas y la cosa quedó en una simple anécdota.
No sé si debo angustiarme o no y, pese a que hoy me he irritado un poco más de la cuenta, creo que hasta puedo estar orgulloso de mi nueva condición. Un hombre solitario como yo no podría soñar menos que ser precisamente eso, invisible.


viernes, 28 de noviembre de 2008

Paseo vespertino

Me brindo un paseo sereno por las estancias del alma. Sufro y río a un mismo tiempo. Nado más que camino y me abraso con la luz del pensamiento. Esta cálida luz de la que soy preso.
Música, palabra y silencio.
Todo es lujo y calma en este no espacio, en este no tiempo. Y nado en una nada más que abundante.
Sigo poniendo al arte en un pedestal tan alto que incluso a veces no sé cómo subirme.
Y no me importa.
Ese es el secreto que comparto con la tarde, mientras ella sigue envuelta en su misterio eterno.
Nos hacemos cómplices en esta dicha y, a pesar de que yo sepa menos de fugas que ella,
en nuestra dialéctica de silencio hay una succión de algo por descubrir que más nos vale que reste inerme en su propia emboscada.






Un acontecimiento festivo me sigue manteniendo el fuego de la emoción. La de hoy es una noche de teatro.
Espero con paciencia la magia del comienzo. Clavado en la butaca me abandonaré al placer del engaño. Un texto al que se le inyectará vida volará hacia la platea. Quién sabe si con cierto...

Una vez haya caído el telón de la ficción, se volverá abrir el de la vida y saldremos destemplados hacia nuestra realidad. Después de que eso haya pasado, ya sólo me apetecerá una cosa: viajar junto a la noche hacia su vasta locura...

martes, 25 de noviembre de 2008

A mi manera




Lo puedes mirar desde cualquier punto del prisma que su valor siempre permanecerá inalterado, puro.
Lo leía el sábado fuera del tiempo y de las miserias humanas y comprendí perfectamente lo que se contaba de la POESÍA en mayúsculas. Venía en el suplemento Babelia de El País. Voces espléndidas como Emilio Lledó o Caballero Bonald hablaban de ella con mimo, frotándole el brillo con la delicadeza de quien teme que algo muy valioso pueda desgarrarse o sufrir daños. Y sentí que me sobrecogía por sorpresa su verdad, el golpe de una emoción que existe desde que el mundo es mundo.
Acercarse a la poesía no es fácil. Leerla es embaucarte en un viaje demasiado profundo, a veces peligroso y lleno de dolor, y otras lleno de eternidad que reverdece con embeleso, deleite, serenidad...; una religión no dogmática y mucho menos, acompañada de fanatismos. Es como un baile que, antes de llegar a disfrutarse de forma plena, exige de disciplina, rigor y perseverancia, que requiere además de un entreno especial, porque no hace falta decir que especial es la poesía.
Hace días que he cumplido un sueño que creía roto. Bailar es para mí otra actividad especial e íntima en la que se crean muchas cosas con y en el movimiento de tu cuerpo. Cualquier forma de danza puede ser una expresión llena de fuerza y vigor. Pero hay una, existe para mí sólo una que siempre me ha llamado mucho la atención.
Me refiero al flamenco. Desde siempre el flamenco me ha envuelto en un sabor adictivo del que no puedo o no quiero salir cuando viene a verme. He envidiado siempre cómo bailaroes de todo tipo disfrutaban de la fuerza arrulladora que se lleva todo consigo cuando se escucha y se baila, a un tiempo, flamenco. Como la poesía, el flamenco es también baile y contiene en su sino elementos tan auténticos y universales como el amor o la pasión.


Hablo de esa exigencia casi animal que tienen ambas cosas para con lo puro. De esa fuerza de raíz que sale del mismo vientre de nuestro existir humano, tantas veces representado en el arte.


Palabra y baile, Poesía y vida, como muy bien se recordaba en el Babelia y como muy bien también supo decirlo Juan Ramón al referirse a la entrega profunda que exigía de él la dedicación a la palabra poética.


Palabra y baile, digo yo (si me lo perimites, mi querido Juanra). Más allá del tiempo y el espacio lo eterno dispone de varias vías por las que manifestarse y, dependiendo de quién sea el sujeto esas vías variarán ligeramente. Yo incluyo a mi vía (y a mi manera) el baile flamenco (que tan destrozados me tiene los pies). Y lo hago por muchos motivos. A saber: por su elegancia, por su valor, por su raza, por su sangre, por cómo ruge y arde, por su entrega absoluta y, ¡cómo no!, por su carácter auténtico.
Creo que no hace falta decir más. La foto de Joaquín Cortés resume muy bien lo que aquí abajo digo.




viernes, 21 de noviembre de 2008

La verdadera nostalgia, la más honda, no
tiene que ver con el pasado, sino con el futuro.
Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro,
quiero decir, nostalgia de aquellos días de fiesta,
cuando todo merodeaba por delante
y el futuro aún estaba en su sitio.

Luis García Montero






La noche, un cadáver de sexo,
este llameo de cenizas en mi cuerpo
el vacío de estos
ojos inermes sin diagnóstico.


La fiesta, un cuerpo desgajado de mí
este zumo acre de piel sin huesos
la fuerza desvalida
de unos sueños deslenguados
tu sombra escrita en el café

sin su qué

La desmemoria seca
de mis labios-abandono
la sinrazón que irriga
este corazón
un futuro incierto
de nostalgias consabidas
un olor hondo en la mirada
un prenderlo recordando
sin olfato con el que oler
esta destruída
forma de latir
estos despojos
del alma


sin su quién
sin su porqué





miércoles, 12 de noviembre de 2008

...luna, luna, luna.

El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Romance de la luna, Federico García Lorca






Respiro el halo de la luna y
en ese estar respirando su halo
la siento a ella
en el fondo
como a una flor invisible.
Y refulge sobre la vastedad oscura
de su fondo blanco y negro
y despertamos juntos
sin frío
en mitad de una noche de hielo.
La contemplo abrirse poderosa
y en ese abrirse
es el blanco inmenso
un azul por dentro
que serena.
Tierna se me abre en el cielo
y aunque no sabe muy bien
qué escuple
en su fondo azul
sabe que está creando algo
aquí en la Tierra.
Vivo el halo de la luna y
en ese estar viviendo su halo
se me enciende un pensamiento
que siente.
Allí dentro de la luz blanca
dentro de su blanca y pura luz
nada puede dirigirse ya hacia la muerte.



viernes, 7 de noviembre de 2008

El paso de algo inexistente a lo que ingenuamente coincidimos en llamar tiempo

Son demasiados los días que llevo queriendo entrar a mi casa deshabitada temporalmente (a esta casa); a mi todo al borde de la nada. Son muchos los momentos en los que miro mi ordenador portátil y hablo con él en silencio. Me pregunto (nos preguntamos), si ya nuestra ligazón se reduce a una única finalidad: el trabajo diario que inunda casi la totalidad de las horas de nuestros días.
Quede por delante que no me estoy quejando, pues sería injusto e insensato. Aunque incluso llega a robarme horas de sueño, debo admitir que no hay nada que me haga disfrutar tanto como mi trabajo. Sobre todo ahora, que por fin ocupo una vacante de mi especialidad.
Pocas cosas me hacen sentir más privilegiado y dichoso. ¡Pocas!, aunque no pueda evitar reconocer una cierta esclavitud, llena de gratitud y recompensa (pero esclavitud, en cualquier caso).
La vida en las aulas de secundaria y fuera de ellas es tan dura como me la imaginaba. Es por eso que valoro aún más (si cabe) la labor titánica de un docente, y lo hago ahora cuando desde la palestra puedo hablar con un poco más de conocimiento de causa.
No solo hay que estar muy bien preparado como profesional, tener muchas aptitudes y habilidades múltiples desarrolladas o a desarrollar..., sino que hay que ser muy valiente para subirse al encerado. De lo primero estoy aprendiendo muchísimo y me queda un largo trecho que recorrer, siempre lleno de estímulos, claro... En cuanto a la valentía, era algo que ya tenía sin darme cuenta. A estas alturas lo único que me despierta miedo es perder la memoria y la muerte de las pocas personas a las que quiero hasta los huesos de mi alma.
Soy consciente del silencio al que tengo sometido a este rincón de mi vida y espero poner remedio muy pronto. De momento lo prioritario son mis alumnos. A ellos me entrego porque nos necesitan, porque no se merecen menos y porque tengo puestas todas mis esperanzas en ellos. No me consideréis un iluso. Creo que forma parte de mi trabajo y me gusta sentirlo así. Algún día explicaré el porqué. Solo adelanto algunas razones en este vídeo de más abajo.
Hace muchos años un puñado de personas salimos del instituto, no sólo bien formados, sino siendo un poco más libres también, y todo gracias a mis (nuestros) profesores a los que me acerco desde aquí con el pensamiento y con todo el cariño de los recuerdos. Todo lo que ellos me dieron desinteresadamente debo devolverlo ahora a mis alumnos porque esas enseñanzas son de todos.
Aprovecho desde aquí para enviar a Ana los restos de un abrazo infinito que no pude completar cuando muchos estuvimos a su lado el otro día en uno de los momentos más duros que uno pueda tener en esta vida.


lunes, 6 de octubre de 2008

Locos al cuadrado

Tienen el don de la embriaguez más grande. Se conocieron en las escaleras del vecindario donde coincidían sólo de vez en cuando. Al principio se intercambiaban sonrisas a las que poco a poco dedicaron un culto excesivo. Luego ganaron terreno los ojos, que por delante de un tímido buenosdíasquétal hablaban más de lo que ellos hubieran querido. De ahí al interés mutuo, la curiosidad incansable y el espionaje eucarístico hubo un paso. Y es que entrometerse y husmear son costumbres tan españolas... Aunque ellos no lo hacían por puro vicio y con toda la sarna del que se abalanza sobre la carnaza como un buen depredador alcahueto, no. Ellos (sin saberlo) pasaban a ser contenido y continente de la magna sustancia arrulladora a la que llamamos amor.
Se perseguían por las escaleras, urdían planes para cruzar en los caminos a sus amistades, se inventaban motivos para sacar la basura en horas intempestivas e incluso de buena gana sacaban a pasear a sus perros. Se estaban enamorando hasta las cachas y, para cuando fueron conscientes, ya era demasiado tarde.
Al principio era sólo un juego tentador, de esos que habrían apetito con sólo imaginarse la partida. Hoy para ellos es un placer ocioso tras el que calentarse todos los días con algo nuevo y excitante. No han consumado todavía las excelencias de ese placer que aún está por llegar. Siguen en el terreno de juego, un poco más conscientes, pero igual de perplejos e indecisos que al principio. Si cabe, un poco más enfermos también.
Se ven todos los días mientras despliegan sus virtudes seductoras. Las más de las veces se traen de vuelta no desdeñables tesoros en los que complacer a sus sueños siempre a punto de... Otras (las menos) se disgustan porque en el juego también hay despojos que destrozan el corazón. Viven en la terrible ceguera inocente del amor, ese loco insaciable. Los deseos les llevan a pasear su locura de columna en columna, de calle en calle, porque así son las normas. Ellos ya lo saben y las aceptan sin más.
A la vista está lo asombroso de sus vuelos. Han perdido el mundo de vista. Es verdad, nada de lo que pasa fuera de ellos puede ya importarles más de lo necesario. Pero insisten las mirillas en la urgencia que les arrolla. Quieran o no hay un mundo fuera de ese crepúsculo eterno que les da existencia más de lo que quisieran. Hay también y, por así decirlo, testigos del vicio español que pasan el parte a diario.
La vida en directo se mantiene ya en el punto de mira y lo hace con todos los atributos.
Tras todo objetivo, esos dos locos al cuadrado...


jueves, 2 de octubre de 2008

Capítulo II

El sol cubría la mañana con una luz perezosa que nombraba de forma extraña aquel paisaje. Abajo la calle por la que transitábamos la noche anterior bajo el asombro del viaje parecía nueva, con esa novedad con la que el día levanta las cosas. Descamisado y todavía con el cuerpo entumecido tras el sueño observé una silueta en el balcón de enfrente. Aquella jovencísima mujer africana también se acababa de levantar. Detuvo su perplejidad unos segundos ante el mundo. Parecía no importarle que alguien pudiera observarla. Su pecho estaba perfectamente desnudo. Tras unos segundos más algo en su interior la llamaba a las primeras tareas del día. Descolgó del tendedero una camiseta, se la colocó suavemente, con sigilo. Detuvo sus pasos y observó el interior de su casa. Había en aquel gesto abandonado de su cuerpo algo impalpado por la luz tenue del sol, algo que no se explica sino desde el silencio de su propio secretismo.
Deslizó sus pasos suavemente hacia adentro. Tal vez se prepararía el desayuno o tal vez se acercaría al dormitorio porque le apeteciera lo elemental. La imagen de aquel cuerpo de hombre revuelto en la pulcritud de las sábanas blancas le despertaría un deseo limpio y delicado. Ambos viajarían hacia la humedad lujosa y salvaje del placer. Hasta matarse. Después cada uno volvería a su silencio e incluso asistirían al crudo gotear del día con gratitud. La prueba del delito dejaría escrito en la piel el viaje del sudor habitado por la gloria; algo así como los surcos del deseo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Capítulo I: De un escrito todavía en marcha e inclasificable

Una veintena de senegaleses llenos de picardía y muchas ganas de llevarse algo a los bolsillos nos había atosigado a la salida del aeropuerto. Salimos airosos de algunos forcejeos y nos subimos a la vieja furgoneta. Algunos buscábamos la lógica o una solución en silencio mientras observábamos la ciudad.
-No tenemos nuestras maletas. ¡Dios! ¿Cómo lo vamos a hacer?
-Mañana mismo llamamos a la compañía, les pedimos explicaciones e informamos de esto al seguro.
(Momento bochornoso).
En medio de aquella aparente hostilidad yo luchaba entre el cabreo, la resignación y la impotencia por recuperar la serenidad. También buscaba en silencio una explicación. ¿Quién nos había mandado ir allí?
Me fui ausentando de las quejas para comunicarme sólo con las mías. Mientras lo hacía observaba la ciudad de camino hacia el hotel. Las calles estaban cubiertas de una arena finísima que recordaba al desierto, el lodo empastaba los bordes del camino, los escombros se acumulaban por todas partes y apenas había luz.
Llegamos al hotel todavía nerviosos y un poco descolocados. Hacía calor, era tarde y estábamos muy, muy cansados. Luego nos repartimos las habitaciones y nos fuimos a dormir sin limpiarnos los dientes porque todos los cepillos se habían extraviado con el extravío (valga la redundancia) de nuestros equipajes.
El calor era aún más asfixiante bajo aquellas mosquiteras así que alargamos la plática hasta tarde. Sacamos a pasear las risas mientras nos esforzábamos por darle una vuelta de tuerca a aquella situación rocambolesca. Descansaríamos y mañana buscaríamos una solución. El viaje no podía esperar y, si no nos lo queríamos perder, nosotros tampoco.
Era de madrugada, apenas habríamos dormido tres horas y nuestra desorientación era evidente. Un murmullo se colaba por nuestra ventana desde el exterior. Era eso lo que nos había despertado. Parecía casi una cantinela, voces con ritmo pero sin musicar, un sonido cercano al ronroneo. Aquello parecía formar parte del sueño que nos acababa de arrancar. Había algo en ese canto que nos embelesaba y nos transportaba más allá de la realidad. La voz venía hacia afuera desde los estómagos de quienes fueran que emitían aquel murmullo. Directa y precisa como la puntería en una bala llegaba a nuestros oídos.
Rápidamente comprendimos que aquello era una plegaria. Un acto de comunión y respeto hacia algo que estaba fuera de este mundo. Tal vez una mezquita estaba demasiado cerca de nosotros. Alguien desde los minaretes llamaba a los creyentes para la oración. Se purificarían pies y manos ordenadamente antes de arrodillarse mirando hacia la Meca. Luego saldrían de forma igualmente ordenada y respetuosa para cumplir pacientemente con las obligaciones del duro día.
Una cultura ajena con todo lo que aglutina la palabra cultura estaba a punto de dejarse conocer por nosotros. Había algo en aquella plegaria que nos daba la bienvenida, que nos saneaba y que casi parecía rezar por nosotros y nuestro viaje.
¿Quién nos iría a robar ahora esa certeza rotunda y esa emoción de sabernos empezando algo nuevo?


martes, 30 de septiembre de 2008

La vida incabada

Todo al borde de la nada tiene un año y un día de existencia. Sería insensato pasar por alto este acontecimiento porque eso tiene que celebrarse y este administrador ya llega tarde.
Durante todo este año de altibajos en la actividad blogueril el posteo ha llegado a las 104 entradas con algún que otro comentario de lectores amigos. Desde el post de inicio Esta boca es mía le han pasado muchas cosas al abajo firmante que reafirma a diario su esencia siempre mutante, siempre igual; cosas que hacen que lo de este blog esté más que justificado. Esta es mi casa (y la vuestra) y aquí estoy aprendiendo muchísimo. Con mis filias y mis fobias dejo aquí lo que quiero. Dejo lo que soy. Aquí me he desnudado a la vista de todos (siento cada vez más afición al desnudo figurado y más aún al desnudo literal) porque claro está que estoy en mi casa y uno hace en su casa lo que le da la gana, que para eso es su casa, digo yo... Además de eso me voy a ir sumando puntos a mí mismo (ya que nadie más lo va a hacer), porque para desnudarme en una casa pública como lo es esta hay que tener mucho valor.
Por otro lado sé que el riesgo de aburrir al personal es alto auqnue uno no desfallece nunca y pocas veces se da por vencido.
Me sonrío al recordar que en ocasiones haya querido abandonar, tirar la toalla y dejar al vacío esta nada. Las obligaciones, el tripalium y el apego a la apasionante vida que está más allá de las pantallas le roban a uno demasiado tiempo y hacen que el ritmo de posteo no sea el deseado. Asumo toda la responsabilidad.
Recuerdo el miedo, el vértigo del principio. Ese mismo miedo se repite ante la plantilla en blanco cuando uno debe aderezar las palabras y enlustrarlas.
Luego el aprendizaje. Llegó lento pero con seguridad. Al principio el blog era un espacio bastante austero e impersonal en el que el poco dominio de la técnica dejaban a la vista algunas fisuras que todavía perviven.
Todo al borde de la nada nació con unas claras intenciones. Debía ser un proyecto personal ambicioso y cubrir ciertas expectativas con una posible comunidad literaria que desde aquí debía tejerse y formar sus propias redes. No fue así y, como pasa con algunos proyectos, al final acabó siendo cualquier cosa menos lo que en principio se había planeado (recordemos al amigo: los planes salen planos...)
Debo decir que no siento frustración por ello, más bien al contrario. A raíz de ese proyecto han salido otros que sí han cuajado con éxito, aunque Todo al borde de la nada haya tenido vida propia fuera de ellos.
A todos los que me consta que pasasteis un buen día por aquí y os habéis quedado haciendo gala de vuestra capacidad para ser fieles, a los que lo hacéis de forma interminente, a los que venís silenciosamente y luego os vais sin dejar rastro, a los que habéis pasado alguna vez y nunca más habéis vuelto. A los que os gusta, a los que más que otra cosa os disgusta y, por lo tanto, no se entiende por qué cojones estáis leyendo.
¡A todos os dedico estos 366 días y 104 posts!


miércoles, 24 de septiembre de 2008

Vicky


Cristina


Barcelona

Un hombre que encarna y prolonga el mito de nuestro Don Juan Tenorio. Barcelona se desdibuja maravillosamente en medio de los flirteos. Los deseos despiertan en una atmósfera de bohême fatal. Las ansias de vidas desconocidas dibujan el amor y se nos sirven con su mezcla de sexo e ilusión.

Hay vidas que no tienen un precio razonable.

Hay ambientes que incitan demasiado a disfrutar una felicidad que sólo está permitida a los dioses y hay genios como Woody Allen que ponen a sus criaturas inventadas en medio de encrucijadas geniales y sorprendentes.

La que de verdad no deja de sorprenderme es Penélope Cruz (para los amigos, Pene). Desde Volver me tiene intrigado su salida de la mediocridad interpretativa: ¡lo hace muy bien joder!

L@s que no lo hayáis hecho, id a verla (la película, claro...).




martes, 23 de septiembre de 2008

VERDAD:


Me encanta Iñaki. Es la precisión, el rigor y, además describe muy bien lo que pasa a diario en el mundo. Cuanto más obstinados estamos con no tocar con los pies en el suelo, más vulnerables se vuelven nuestras máscaras y más azotan los fantasmas. Todos (absolutamente todos) somos un atajo de hipócritas, desde el ministro hasta el yonki que deambula por cualquier suburbio de ciudad.
¿Cuántas lecciones morales vamos a seguir necesitando?
La crisis está dejando ya a muchos en la cuneta.
ETA vuelve a garabatear de forma macabra su firma de sangre y de muerte.
Bienvenidos todos al esperpento.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Papito






Pocas veces he podido contar con el inmaculado momento en el que un chorro de música abierto y perspicaz me abriera el pecho y me lo colmara de aire con un solo golpe.

Así acudió a nuestro asombro. La voz y el talante de este hombre, que supo hacernos temblar muy bien a todos ayer en Girona, refulgían en muchos momentos.

Volvieron a la vida muchas de sus canciones, llenas de recuerdos para la gran mayoría del auditorio. Fue él mismo quien sugirió a los asistentes, que todas esas canciones pobladas de imágenes, perfumes, caricias, situaciones..., se airearan. Dijo textualmente: "Ya va siendo hora que dejemos volar todos esos recuerdos y que otros nuevos pasen a ocuparles el sitio". Para las nuevas generaciones, que nos hemos incorporado algo más tarde al repertorio, esos recuerdos no tienen tanta consistencia porque no teníamos noticias del amor, y mucho menos vivimos, durante los primeros años de su carrera, los dolores del alma. Pero sin embargo, sí recordamos a un Bosé cuando todavía éramos tan inocentes..., porque ¿quién no recuerda a ese Miguel extravagantemente divertido, subversivo, ambiguo, genial?...

Siempre vivirá fiel (y con nosotros) aquel "Amante bandido" que erige miles de pasados y de presentes.

En mitad del evento, entre bailes, risas, tarareos, lágrimas y aplausos, volamos un poco más libres hacia la libertad; un poco más vivos. Volamos porque nos lo pidió él mismo, aunque por supuesto, no hubiera hecho falta que lo hiciera...





A ti, que juntos cada día sabemos acompañarnos más y mejor.
Que mi historia no traiga dolor. Que mis manos trabajen la paz.
Que si muero, me mates de amor: nada particular...
Dame una isla en el medio del mar y ama la libertad.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Witch is your dream?

My dream is to fly over the rainbow so high


Sin porqué ni adónde

Me he tomado la libertad de apropiarme de este título para este post porque define muy bien lo que aquí voy a dejar caer. Sin porqué ni adónde es una antología de poemas del valenciano Carlos Marzal. Este poeta que ha ido puliendo su materia de trabajo con vehemencia nos deja aquí una considerable muestra de su magia. El hechizo está ahí para todos los que os dejéis ser hechizados.
La lectura concienzuda de al menos un poema diario nos roba relativamente poco tiempo y esa es una gran ventaja para disfrutar de un pequeño instante de poesía al día. Claro que el género al principio se nos puede resistir, quizás porque cuesta (es cierto), pero también porque nadie nos enseña a leer la sustancia de la poesía. Pero todo esfuerzo invertido se verá prontamente recompensado, sobre todo porque puedes toparte con momentos como el que sigue:

SANGRE JOVEN

Quiero tu sangre joven, que es querer
todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
De lo que me alimento
es de esa inútil sangre esperanzada,
de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
y que más nos valdría que no supieses nunca.
De esa manera, por obra de tu sangre,
creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
que te ha de suceder. Quiero esa risa
que aún no ha tenido tiempo de hacerse prudente,
de pensarse dos veces si reír
es celebrar el mundo o lamentar su estado.
Envidio el que no hayas vendido
ninguna alma al diablo, y que bailes con él
a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
Juego contigo, porque no sabes las reglas,
ni siquiera las de tu propio juego,
y mientras las aprendes
soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
Quiero la impunidad con que te entregas
a la tarea de vivir la vida,
sin paz, sin horizonte, sin infierno,
que son el argumento de las vidas ajenas.
Viéndote hacerlo, se diría
que desconozco todo lo que conozco.

Así es tu sangre.
Ya sabes lo que busco.
Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.

De La vida de frontera, Carlos Marzal

¿Existirá mejor forma de apuntar a la pureza que puede haber en una relación entre dos seres humanos? ¿Acabará por dejar de tenerla "así" (la sangre) la destinataria del yo poético? ¿Se hará su risa más prudente? Mucho me temo que el sacrilegio se acabará cumpliendo como ya anuncian los dos últimos versos. Me quedo anclado en el deseo urgente y único del protagonista descrito en Quiero la impunidad con que te entregas/a la tarea de vivir la vida.

Tiene tan sólo 12 años y ha sido ya protagonista de una trama sórdida y, lo que es peor, demasiado común. Conoce al dedillo el nudo y el desenlace de este tipo de historias. Probablemente porque las ha visionado en más de una vez por televisión o porque en clase han trabajado la sucia materia en otras ocasiones. Pero esta vez le ha tocado a él el impacto y no podemos imaginarnos cómo a estas horas el dolor debe resultarle desesperadamente insoportable.

Su padre le ha arrancado a cuchillazos la vida al lado de su madre, y luego, quizás sin saberlo, también le ha arrancado la libertad de ser un niño.

No me explico la irracionalidad implacable, la injusticia, el dolor, los destrozos que provocan los hombres sobre sí mismos. No concibo el por qué un ser humano tiene que retorcerse en ese infierno y presenciar semejante atrocidad, lo animal y violento de ese maltrato descarnado, sangriento y ya sin posibilidad de reparar.

Supongo que no será fácil volver de la derrota y bajarse a este mundo a todas luces incomprensible, como no será fácil arreglar los destrozos de una historia que no has elegido, inventarse el perdón a un padre que tampoco has podido antes escoger, deshabitar emociones oscuras que nos desguazan el alma y que tampoco antes has querido pedir.

No será fácil recomponerse el rostro; recuperar la mirada perdida. Pero pongamos todos un poco de fe ciega en el asunto, un trocito de esperanza sin miedo y trabajemos, con mimo y paciencia, desde nuestra diminuta parcela humana. Quizás eso ayude a que miles de personas engullidas por esos mismos pozos u otros no menos irracionales salgan y revolucionen el mundo con lo que han aprendido en lo negro. Quizás así ese niño, que vive desde ayer en el mismo nido de oscuridad insoportable, pueda volver a la vida y revolucionar el mundo con el amor que tiene ahora desorientado.

Ojalá y (como diría Joaquín Sabina), consigamos que los que matan se mueran de (una puta vez) de miedo.